miércoles, 17 de agosto de 2016

RAVIOLIS DE AJOARRIERO CON SALSA DE PIMIENTOS



Inevitablemente, en verano cambian nuestros hábitos. Fruto del calor o de las vacaciones, solemos tender a alejarnos de la tiranía del reloj y abandonarnos a una cierta laxitud en la que le cedemos el mando de los horarios al capricho de nuestro cuerpo. A mí me encanta poder dormir cuando tengo sueño, comer cuando el hambre lo reclame o moverte cuando te lo pide el cuerpo. Eso, para mí, son las auténticas vacaciones.
Y así me encuentro ahora, en plenas “vacaciones corporales”. Lo que sucede es que yo soy un poco “rarita”, y a veces el cuerpo me pide cosas que son como antojos para mí. Es entonces cuando me pongo manos a la obra en el fogón y me dejo ir… y disfruto… y gozo, pensando en lo rico que va a estar lo que ando preparando. Mucha gente piensa que uno de los placeres vacacionales de una cocinera es perder de vista los fogones y que sean otros los que te mimen, culinariamente hablando, pero no es mi caso. En verano, me gusta cocinar, totalmente liberada de algunos encorsetamientos que te impone la actividad profesional. Cocino lo que me apetece, sin prisas ni exigencias, experimentando, jugando, volviendo a ser esa niña que descubre la maravillosa alquimia que es la cocina.
Es entonces cuando surgen esas recetas nuevas, fruto de esa experimentación, un tanto especiales y que, para que no se pierdan, también dejo aquí, porque también me apetece compartirlas con vosotros.
Esta receta que hoy os dejo nació por la bendita culpa de un amigo, Fabio Gasparini, que tiene un blog llamado Cocino Italiano y que lleva tiempo pidiéndome una receta inspirada en la cocina italiana que pueda incluir en su blog, ya que admite participaciones de otros cocineros. He de decir que dicho encargo me producía un enorme respeto, ya que hacer una buena receta “italiana” que pasara por el filtro y la aceptación de un exigente “cuoco” como Fabio era sumamente complicado.
Al final, la cosa fue simple, un poco fruto de la improvisación y huyendo de la sofisticación que a veces nos hace buscar el “Triple salto mortal” en lugar de optar por lo deliciosamente sencillo. Una tarde de ocio (de las que no abundan, la verdad…) abrí la nevera y encontré unas cuantas cosas que me sugirieron esta receta. Todo iba a ser una pequeña aventura, partiendo de estrenar la máquina de hacer pasta que hacía meses que tenía arrumbada en un cajón, sin desembalar.
Espero, amigo Fabio, que mi receta sea de tu agrado y que te guste tanto o más que a los míos, que lo degustaron con una sonrisa en la boca. O sea, que muy malo no estaría…


INGREDIENTES:

PARA LA PASTA:
·         100 gs de harina fina de maíz
·         1 huevo de tamaño L
·         Una pizca de sal
PARA EL RELLENO:
·         Unas migas de bacalao en su punto de sal (unos 200 gs)
·         Unas  gambas crudas (creo que puse unas 8)
·         Medio pimiento rojo
·         Medio pimiento verde
·         Media cebolla
·         Un diente de ajo muy picado
·         Tres cucharadas de tomate frito
PARA LA SALSA:
·         Las cabezas y pieles de las gambas
·         Un bote de pimientos de piquillo
·         200 ml de nata (35 gr mg)
·         Un chorrito de coñac
·         Una pizca de sal

ELABORACIÓN:

LA PASTA:

No resulta excesivamente complicado hacer pasta fresca. En realidad, es sumamente fácil, aunque como a todo hay que “pillarle el punto”. He de deciros que esta vez tuve que hacerla dos veces, ya que la primera se secó (por descuido mío), aunque por suerte ya estaba estirada y pude aprovecharla para hacer unos estupendos tallarines. ¡Aquí no se tira nada!

Fue otra italiana; Anna Mayer de Panepanna, cuando vino a Flow Cooking a dar uno de sus talleres de cocina italiana, la que me descubrió los sencillos secretos de la elaboración de la pasta. Es muy sencillo. Primero hacemos un volcán con la harina y en medio ponemos el huevo y la sal. Con un tenedor vamos removiendo el huevo e incorporando poco a poco la harina a la masa. Cuando ya está hecha una bola, la amasamos durante unos 8 o 10 minutos, la tapamos con film y la dejamos reposar una media horita en la nevera.
A partir de ese momento, ya la podemos sacar y estirar (espolvoreando harina para que no se nos pegue a la superficie de trabajo) con un rodillo, o con una máquina de hacer pasta.


EL RELLENO:

Para el relleno utilicé unos “recortes” que me sobraron tras limpiar un buen bacalao para marinarlo. Los trozos que descarto para dejar el lomo bien limpio, los pico y los guardo para hacer hamburguesas, buñuelos, brandada o, como en esta ocasión, para un ajoarriero, que me encanta. Esta vez  lo piqué todo bien fino para poderlo usar como relleno.
Comencé por la cebolla, luego incorporé el pimiento, los ajos, el bacalao y las gambas peladas.
Bien sofrito despacio en un buen aceite de oliva Virgen Extra. Todo cortado en una brunoise fina, para que el relleno no nos quede demasiado basto. Por último, añadí un poco de buena salsa de tomate frito y lo reservé, dejándolo atemperar o incluso enfriar del todo antes de añadirlo a la masa.


LA SALSA:

Para la salsa usé una buena lata de pimientos del piquillo que confité poniendo a fuego muy, muy lento, con unos ajos enteros y sin pelar (solo con un golpe) y un hilo de aceite con ese jugo que traen en el bote. Los escurrí bien y los trituré en un puré finísimo.

Se me ocurrió entonces darles un toque de sabor y recordé que tenía las cabezas y los cuerpos de haber pelado las gambas del ajoarriero. Los puse a sofreír. Una vez bien sofritos, eché un chorrito de coñac y los flambeé. Luego, un poquito de leche y a dejarlos reducir. Siempre lo hago con agua, pero esta vez buscaba algo más cremoso y se me ocurrió cambiar el agua por la leche.
Lo trituré bien, lo colé y lo volví a poner al fuego, esta vez incorporando la nata y unas cucharadas del puré de pimientos. Le fui dando vueltas, hasta conseguir la cremosidad que buscaba y la consistencia perfecta para la salsa.

EMPLATADO:

No os voy a contar la técnica de hacer un ravioli, porque yo la hice un poco a mi manera, estirando la masa todo lo que pude (creo que la dejé en el número 3 o no sé si llegué al 2) y luego cortando cuadrados de más o menos 5 cm. de lado. Puse en el centro un poco del relleno y tapé con otro cuadrado, pintando antes con un pincel mojado en agua los bordes para que pegaran y se cerraran bien. Por último, pasé el cortapastas para dejar ondulados y bien sellados los bordes.
A partir de aquí, la cosa es bien fácil. Simplemente se trata de cocerlos en abundante agua salada durante unos 10 o 12 minutos, dependiendo de si nos gustan “al dente” o un poco más “blanditos”. Se sacan del agua y se escurren bien.

Para presentar estos deliciosos raviolis, ponemos dos o tres en cada plato, con una base de la salsa y adornándolos con unas gotas de pesto de albahaca y unas hojas frescas de esta aromática planta.
Honestamente, el resultado fue espectacular, y es por eso que me animo a compartirlo con Fabio. Amigo, espero que te guste. Ha sido un placer y un honor formar parte de Cocino Italiano.



Un saludo para todos.  

martes, 5 de abril de 2016

ALBONDIGUILLAS CON SALSA DE ALMENDRAS



Las albóndigas son uno de los platos más populares de nuestra gastronomía. Y como suele ocurrir en estos casos, cada uno tiene su propio “truquillo” para prepararlas: carne de cerdo, de ternera, de pollo o incluso de cordero. Y en la cuestión del adobo, ahí sí que podemos llegar a las manos. Nadie lo hace igual, e incluso yo misma cambio las proporciones e ingredientes de una ocasión para otra. Podríamos decir que esta joya de nuestra gastronomía causa las mismas discusiones que la paella, y cada cocinero se erige en dueño de la Verdadera Receta de las Albóndigas. Incluso para denominarlas hay discusiones, y al final la Real Academia Española ha acabado aceptando el término “almóndigas”…

El caso es que hace unos días, en uno de los talleres que realizamos en Flow Cooking (¿cómo, que no sabes qué es? ¡Ya estás tardando en conocernos!) , intentando recopilar recetas de esas de la “batalla diaria” en nuestra cocina, brillaba con luz propia la salsa de las albóndigas. Difícil tarea, elegir una entre un millón, pero ojeando algunos libros encontré una que se acercaba mucho a una de las que hacía mi abuela, con una salsa que espesaba a base de almendra. Ella era mucho de usar almendras en sus guisos. Aparte de la aportación de un delicioso toque crujiente, y del sabor natural que proporcionaban, con las almendras conseguimos una textura especial en salsas como las del pollo en pepitoria o la que vamos a desarrollar, para enjugar las albondiguillas, que ella hacía pequeñitas para que se empaparan mejor del sabor de la salsa.

Así que esta es la receta que os traigo hoy. Hace unos días la hice de nuevo para mi familia, la publiqué en mi galería de Instagram y mucha gente me pidió la receta. Con un poco de pan (si es casero y del bueno, ya podemos rozar el Nirvana) tendréis para mojar. Eso sí, haced bastante cantidad, porque los hambrones de mi casa no dejaron ni para llevarle a los abuelos unas pocas… Espero que disfrutéis preparándolas y más todavía gozándolas en la mesa, y os animo a que experimentéis para conseguir un toque personal que las hará exclusivas y os hará entrar en el selecto club de Auténticos Conocedores de la Receta de las Albóndigas.



INGREDIENTES (Para 6 u 8 personas) 

-60 gramos (más o menos) de miga de pan.
-3 o 4 cucharadas de leche.
-500 g de carne magra de cerdo (también puede ser ternera, cordero o mezcla) picada.
-1 cebolla grande bien picada (triturada también sirve).
-1 diente de ajo grande, majado. 
-2 cucharadas de perejil picado y un poco más para adornar al final.
-2 huevos.
-Nuez moscada (recién rallada). 
-Harina para rebozar.
-Un chorrito de aceite de oliva (como 2 cucharadas). 
-Zumo de limón, al gusto.
-Sal y pimienta.
-Pan para acompañar. 

Para la salsa: 
-2 cucharadas de aceite de oliva
-25 g de pan (yo uso las cortezas del que utilicé para las albóndigas) 
-120 g de almendra pelada y algo picada, cruda. 
-150 ml de vino blanco seco 
-2 tomates rallados 
-450 ml de caldo de verduras
-Sal y pimienta

ELABORACIÓN: 

Primero vamos a preparar las albóndigas; para ello, ponemos la miga de pan en un bol y le añadimos la leche. Cuando empape bien (unos cinco minutos en remojo será suficiente) lo echamos todo sobre la carne. Añadimos la cebolla bien picada muy fina, o si queréis ahorraros todo este trabajo, la trituráis con cualquier robot que tengáis en casa junto con el ajo y el perejil. Lo volcamos todo sobre la carne. Añadimos los huevos, la sal, la pimienta y la nuez moscada. Y ahora viene lo divertido. Tenéis que mezclarlo todo bien. Para ello, no dudéis en meterle mano y apretar la carne entre vuestros dedos para que quede una pasta homogénea.

Si os gusta que tengan un sabor más fuerte o picante, podéis jugar con las especias y añadir algún massala que las enriquezca aún más y les dé vuestro toque particular. 

Una vez preparada la carne, yo la dejo reposar unas horas en la nevera. Si puedo, incluso una noche entera. 

Podréis ir haciendo las bolitas con la carne adobada. Para ello, vais tomando con una cuchara una medida que haga que todas sean más o menos del mismo tamaño, ya no solo por la estética, sino porque se cocinen todas por igual. Si os quedan unas grandes y otras pequeñas, es posible que unas estén mejor hechas que otras o no cojan todo el sabor por igual. Una vez que hayáis conseguido una bola amasándola entre las dos manos, la pasáis por harina y reserváis en una bandeja, sin que se amontonen unas con otras, o se os quedarán pegadas. 

Mientras tanto, poned aceite de oliva a calentar (TRUCO: Yo las frío en un cazo hondo y pequeño, para ahorrar aceite y que no salpiquen tanto. Así quedan completamente sumergidas y se fríen fenomenal) y las vais friendo en tandas de 5 o 6. Dorarlas un poquito. Tampoco hace falta que las friáis mucho, porque luego si no, os quedarán muy duras en la salsa. Las sacáis y reserváis en un papel hasta que tengáis la salsa preparada.

Para hacer esa salsa, calentad un poco de aceite (si queréis del mismo en el que habéis frito las albóndigas) en una sartén o cacerola baja donde os quepan luego todas las albóndigas que habéis preparado. Freíd el tomate rallado (también podéis usar una cucharadita de concentrado de tomate, o prescindir de él, que yo también lo hago a menudo) y cuando haya evaporado toda el agua y empiece a salir el aceite de nuevo, echad el pan picado (la corteza que teníamos reservada), la almendra (picada también, pero no triturada) y, sin dejar de remover, sofreír bien hasta que estén dorados. Añadir el ajo y freír ligeramente. Echar el vino y dejar que hierva un poco. 
En esta misma receta, podemos prescindir del tomate.

Agregamos el caldo y mezclamos bien con la salsa. Entonces echaremos las albóndigas y las dejaremos cocer unos 20 o 25 minutos hasta que estén tiernas. Probar y rectificar de sal al gusto. 

Podemos echarles un poco de zumo de limón al final, si es vuestro gusto. 
Yo las sirvo en una fuente, con la salsa por encima y (si no se me olvida, como en este caso que veis en la foto de portada) las espolvoreo con un poco de perejil picado para adornar. 

Y ya está, ya podemos atacarlas, armados de un buen pan para mojar. Puro vicio.

Espero que os haya gustado esta receta “albondigueril” y que los vuestros la disfruten tanto como mi familia.

¡Un saludo, y hasta otra!

Mamen




miércoles, 30 de diciembre de 2015

CREMA DE PERDIZ



Cuando te gusta cocinar y la elaboración de un plato te atrapa, se apodera de ti, te da igual que sea fiesta, que tengas mil cosas que hacer o que se te amontonen las cacerolas en el fogón. Con ilusión y ganas, todo lo malo que conlleva el trabajo se compensa cuando ves el resultado final. Mágicamente desaparecen las penalidades, la cola del super, el trayecto cargada de viandas, los engorrosos viajes para comprar algún ingrediente que se te olvidó, la cocina como un campo de batalla o las horas invertidas para vigilar y mimar tu guiso frente al fogón. Salvando las distancias, es como un parto: al tener tu bebé entre los brazos, se te olvida todo el dolor que has pasado para traerlo al mundo.

Con la receta de la crema de perdiz me pasó esto. Hacía años que la había preparado, y recordaba que tuve que emplear un montón de perdices para que supiera a lo que yo quería, y aún así no quedó demasiado bien. En aquella ocasión creo que acabé incluso añadiéndole pan. Era un sabor que me revoloteaba por la mente, una receta de alguna abuela de la familia, y quería conseguir justo esa sensación. Tras esa primera intentona, hace poco volví a intentar rescatar esa receta de los recovecos de mi memoria. Y como dice el refrán, “quien la sigue la consigue”…

Esta Nochebuena pasada recibí el encargo de preparar una cena para una familia de doce personas. En esta época de yantares copiosos y pesados, casi siempre tiendo a incluir un plato de cuchara que no sea demasiado consistente, una buena sopa o una crema… Al principio pensé preparar una crema de zanahorias o de verduras, pero recordé esta crema, muy manchega y navideña, y la sugerí. Sin dudarlo, aceptaron mi propuesta.

Me puse a ello intentando combinar mis recuerdos de la receta con todo lo que he aprendido a fuerza de leer, de escuchar, de asistir a cursos y, sobre todo, de experimentar. Como una alquimista, combiné todos mis recursos y, sin pecar de falsa modestia, el resultado fue excelente. Tanto, que me he apresurado a compartirlo antes de que se me olvide todo lo que hice para llegar a tan satisfactorio final. Así que tomad nota, porque para mí estamos frente a un plato estrella.



INGREDIENTES (PARA UNAS 6-8 PERSONAS)

Un buen trozo de gallina (por lo menos un cuarto, y si es pechuga mejor) 
Un hueso de jamón (procura que tenga algo de chicha) 
Un par de puerros
Tres patatas pequeñas
Dos zanahorias
Dos perdices en escabeche, caseras o de lata
Harina de maíz
Sal, pimienta. 


ELABORACIÓN: 

En cuestión de las medidas de los ingredientes no soy de las cocineras puntillosas con las cantidades, suelo guiarme en cada momento por lo que me dicta la intuición. Sé que esto es un verdadero suplicio para los que sois más meticulosos con el tema, y entiendo que pueda desconcertaros que a veces tire de “ojímetro” para mis elaboraciones. Prometo intentar enmendarme para sucesivas elaboraciones y afinar más en el tema medidas. En esta ocasión, intentaré contaros, lo más aproximadamente que pueda, lo que usé para esta receta.

El día anterior a la preparación de nuestra crema elaboraremos un buen caldo de gallina, consistente, de los que salen espesos. Me encanta el olor que desprende un buen caldo. Este lo preparé con un trozo de gallina generoso y un buen trozo de jamón que puse a cocer juntos en abundante agua (como tres o cuatro litros, incluso más). Cuando notamos que el agua empieza a soltar espuma, la vamos apartando. Cuando ya ha dejado de salir, lo dejamos a fuego medio, para que vaya hirviendo despacito. Por lo menos lo dejaremos un par de horas. Es entonces el momento de incorporar las verduras. En esta ocasión, añadí toda la parte verde de un par de puerros que había usado para hacer un pastel (receta que os explicaré en otro momento, porque también salió deliciosa). Me gusta aprovecharlo todo y esta parte, para los caldos, va de maravilla. Unas patatas y un par de zanahorias nos ayudarán a aclarar un poco este consistente caldo.

Dejaremos enfriar nuestro caldito por la noche, para luego poder quitar la grasa que se generará en la superficie. Entonces procederemos a darle otro toque, que creo que es lo que le aporta el sabor: añadir el caldo de las perdices, ya sean caseras o de bote, con todo lo que contengan, es decir, laurel, ajos, pimientas… todo para adentro. Después desmenuzaremos las perdices y todos los huesos y trozos de piel los echaremos también al caldo, reservando todas las mollitas que saquemos y procurando dejar apartadas por lo menos dos o tres pechugas.

Y, de nuevo, todo al fuego. Lo ponemos a hervir por lo menos otra horita. Será entonces el momento de rectificar de sal, colar el caldo y sacar todas las mollas de la gallina, que juntaremos con las de las perdices y trituraremos en la Thermomix o en la túrmix, echando poco a poco el caldo colado. Esto le dará consistencia a plato, aunque no la suficiente para convertirla en una crema. Eso lo vamos a conseguir con harina de maíz (la Maizena de toda la vida), que diluiremos en agua fría. Usaremos por lo menos dos o tres cucharadas soperas colmadas y un cuarto de litro de agua para unos dos litros y medio de crema. Si os gusta más espesa, podemos añadir otra poca. Una vez diluida en el agua, la incorporaremos a la crema sin dejar de remover. Observaremos como, paulatinamente, nuestra crema gana consistencia. Si nos parece demasiado espesa, añadiremos caldo, hasta conseguir el punto justo de cremosidad. Es ahora el momento de salpimentar al gusto.

Por último, para servirlo, cortaremos finamente las pechugas de las perdices que habíamos reservado y colocaremos un poquito de esta picada en cada plato, a modo de “tropezones”.

En la zona de Albacete es muy típica la caza de la perdiz, y hacerlas en escabeche es una tradición. Por eso, es frecuente tenerlas en casa. Os prometo que en un post sucesivo os explicaré cómo hacerlas.

Y sin más, quisiera aprovechar para desearos unas felices fiestas y que juntos podamos seguir disfrutando de estas joyas gastronómicas de nuestro acervo popular. Disfrutaremos de unos platos sencillos y deliciosos y evitaremos que estas joyas de nuestra tradición se pierdan en el olvido.

Un saludo,


Mamen.

jueves, 24 de diciembre de 2015

PROPUESTA DE MENÚ DE NAVIDAD POR PACO RONCERO CON PRODUCTOS "DE NUESTRA TIERRA" DE CARREFOUR


Vuelve la Navidad, días de alegría, de reencontrarnos con la familia alrededor de una mesa bien surtida, aunque con ella venga la inevitable y recurrente angustia de decidir qué servir en nuestra mesa en unos días tan especiales. Todo nos parece poco para agasajar a nuestros seres queridos, y a veces nos vemos presos del desasosiego por no acabar de decantarnos por una opción u otra para ofrecer a nuestros invitados. Yo, por lo menos, no lo tenía decidido, así que cuando desde Carrefour me invitaron a ver una propuesta de menú de la mano de Paco Roncero, con el añadido de emplear la gama de productos “De nuestra tierra”, no lo pensé y acudí rauda al Casino de Madrid.

No conocía el Casino, y la verdad es que me impresionó, con una regia decoración navideña a la entrada que constituía el marco perfecto para lo que en breve íbamos a degustar.



Paco Roncero, cercano y afable, se presentó y comenzó su disertación ofreciéndonos unas pautas a tener en cuenta antes de elaborar nuestro menú para estas fiestas. Quisiera resaltar algunas, que me parecieron muy interesantes: 

-En primer lugar, es imprescindible volcar todo cariño y aplicación en la elaboración del nuestro menú.  Una fecha tan significativa necesita de todo nuestro esmero.
- Estudiemos bien los ingredientes que vamos a poner. Nos facilitará mucho las cosas elaborar una lista detallada con nuestros ingredientes, vigilando que sean de calidad sin que se nos dispare el presupuesto.
- Es aconsejable realizar una compra previa para elaborar con tiempo los platos que podamos adelantar. Ganaremos tiempo y, lo más importante, tranquilidad.
- Aprovechar los productos de temporada es buena idea.
- Es importante no dejarlo todo para el último momento. Hay que tener en cuenta que pueden surgir imprevistos, un margen de tiempo adecuado nos permitirá solventarlos sin demasiados sobresaltos.
-Escojamos recetas que nos vayan a hacer disfrutar, no solo en la elaboración, sino luego a la hora de sentarnos a disfrutarlas en la mesa. Mucho mejor no improvisar.
- Es una buena hacer partícipes a los invitados. Son nuestros amigos, nuestros seres queridos. No los dejemos sentados a la mesa, hagámosles sentir que son parte de nuestra vida y de nuestro ambiente familiar. Su colaboración en un emplatado, o en el toque final de algún postre, ayudará a romper el hielo y a crear un buen ambiente navideño.
- Decoremos nuestra mesa, pero sin ostentanciones innecesarias. No le robemos el protagonismo a nuestra elaborada comida con una decoración demasiado recargada.
- Cuidemos el emplatado con esmero. Siempre es bueno complementar los olores y sabores de nuestro plato con una presentación que agasaje también a nuestros ojos.
-Recordemos que una gran cena termina siempre con un gran postre, sabroso pero suave, que nos deje una sensación de  frescor y ligereza tras un copioso yantar.
-Una vez que hemos cumplido estas premisas, estudiaremos y elaboraremos un menú que deje satisfechos a todos nuestros invitados, sin renunciar a alguna sorpresa o algún toque innovador en nuestros platos.


Teniendo en cuenta todos estos puntos, el chef Paco Roncero se puso manos a la obra y nos explicó brevemente sus propuestas. Con la ayuda de algunos voluntarios, entre los cuales tuve el placer de hallarme, preparó su menú, que con mucho gusto os resumo receta a receta para que tengáis más opciones de cara a estas fiestas.

ENSALADA DE PERDIZ ESCABECHADA CON VINAGRETA Y VERDURAS ASADAS

Para empezar, prepararemos una escalibada. No tiene demasiada dificultad, se trata de asar unas verduras (berenjena, cebolleta, pimiento rojo, tomate y algún puerro, si es de vuestro gusto…) y cortarlas a tiras.  Luego dispondremos una ensalada de lechugas variadas y una vinagreta con aceite, vinagre y sal. Necesitaremos también unos piñones picados y tostados, y procederemos a montar el plato.
Para presentarlo, colocaremos en la base las verduras asadas, sobre éstas las lechugas, lo rodearemos con las yemas de espárrago y escaloparemos (cortaremos en láminas finas) la perdiz “De nuestra tierra”, que ya viene preparada, colocándola junto a la cebolleta sobre el bouquet de lechugas.
Por último, la sugerencia del Chef era hacer un aire del escabeche de la perdiz, usando lecitina de soja y batidora para obtener esa espuma llena de sabor que decora la ensalada.

CARDO CON PURÉ DE CASTAÑAS Y TRUFA

Utilizando el cardo preparado “De nuestra tierra”, unas castañas confitadas con mantequilla y otras tantas hechas  puré, más un aceite de trufa en el que se rehoga todo, se prepara este guiso, cuya elaboración es extremadamente sencilla. Solo necesitaremos rehogarlo todo en el aceite de trufa y conseguir la cremosidad que nos guste con el puré de castañas. Lo adornaremos con trufa rallada y lo serviremos caliente. Solo puedo deciros que su sabor es tan o más grande que la sencillez de su elaboración.

MILHOJA DE TURRÓN Y CREMA DE ANÍS

Con nata, turrón de jijona “De nuestra tierra” y algo de gelatina, se prepara una mousse de turrón que repartiremos con una manga pastelera,  cubriendo cada una de las milhojas de tejas hechas con huevo, azúcar, almendra y cacao.
Por último, se sirve acompañado de una crema de anís que a mí, personalmente, me pareció deliciosa , y cuya receta me gustaría compartir con vosotros.
·         10 grs. de anís estrellado en polvo
·         1 l. de nata líquida
·         250 g de yema de huevo pasteurizada
·         250 g de azúcar
·         50 ml de anís seco
En un cazo calentaremos la nata, el anís en polvo y el azúcar, hasta llevarlos a unos 85º grados de temperatura. Lo sacaremos del fuego y, mientras removemos con unas varillas, incorporaremos las yemas. Añadiremos el licor, lo mezclaremos, lo colaremos y lo dejaremos reservado para su uso posterior.
Por último, decoraremos nuestro “milhojas” con un poco de turrón picado por encima. Un postre sencillo, pero espectacular a la vista y al gusto.


No me queda sino recomendaros encarecidamente esta gama de productos “De nuestra tierra” que ha lanzado Carrefour. El principal objetivo de este taller fue dar a conocer la marca, compuesta por productos representativos de la gastronomía española y elaborados por pequeñas y medianas empresas nacionales con materias primas seleccionadas, así como acercar al consumidor las posibilidades que ofrece su amplia variedad de productos a la hora de cocinar. 
Tener una gama de productos elaborados es, sin duda, una gran ayuda en la cocina. Más si tenemos la confianza en el aval de Carrefour,  que sabemos que cuida la calidad del producto. 

Os dejo Aquí el vídeo del evento, por si os apetece verlo. 

Sin más, os deseo unas  felices fiestas navideñas y que, en la medida de lo posible, no abuséis de las comilonas y que entréis en el nuevo año con un estómago saciado, pero no indigesto.


Hasta la próxima. 

Mamen. 

jueves, 10 de diciembre de 2015

CALDERETA DE CORDERO MANCHEGA

Imagen de Javier Vega
¡Hola, amigos y amigas! 
Me llamo Andrés, vivo en un pequeño pueblecito de Catalunya y por una vez, y con su beneplácito, voy a sustituir a Mamen en la presentación de esta deliciosa receta, una exquisita caldereta de cordero manchega, un plato que sin grandes alardes va a desplegar en nuestro plato un auténtico festival de sabor y olor. 
¿Y por qué presenta este individuo la receta?, os preguntaréis. Pues veréis, la verdad es que ha sido un capricho, y Mamen me lo ha permitido, con su bondad habitual. Hay algunas recetas que, como una buena canción o una buena película, o incluso un buen cuadro, se asocian indisolublemente a un momento determinado de nuestra vida. Esta receta es especial para mí, entre otras cosas porque tuve la oportunidad de disfrutarla entre amigos en un ambiente verdaderamente especial. El 14 de Agosto de este año que está a punto de exhalar sus últimos suspiros, Mamen y su encantadora familia sentaron sus reales durante un par de días en el pueblo de Sitges, en la costa de Barcelona, y tuvieron a bien invitarnos a un servidor y a dos conocidos más de Twitter, Javier y Marta, a una degustación en un pequeño y coqueto bar de la localidad. Como uno sabía de las habilidades culinarias de Mamen, pues me dejé llevar, como cuando la Pantera Rosa volaba sinuosamente atraída por el olor de un delicioso guiso. Aparte de eso, tenía la oportunidad de departir con Mamen, Javier y Marta, y jamás se le dice que no a una tardecita en Sitges en buena compañía. Así que allí me presenté, en una luminosa tarde veraniega, con el pueblo abarrotado de la más variopinta fauna humana, y así dio comienzo una tarde especial, plena de buen yantar, mejor beber, simpatía, risas y esa clase de cosas que hacen que uno piense que, al fin y al cabo, la vida merece la pena, aunque solo sea por esos ratos. 

Pero pasemos al tema gastronómico, que me estoy yendo por los cerros de Úbeda. De entre los deliciosos platos que Mamen preparó para nosotros en aquella mágica e inolvidable tarde, un servidor quedó hechizado por una espectacular caldereta de cordero, un delicioso platillo que en varios momentos me hizo perder la moderación y el comedimiento. Para mí, fue la guinda de una tarde-noche que permanecerá indeleble en mi memoria. Un plato que hace que mi boca se curve en una sonrisa al recordar “La caldereta de Mamen en Sitges”. Como decía antes, Mamen me ha cedido los “trastos” para explicar la receta, y allá voy. Espero que sea tan especial para vosotros como lo fue para mí.

CALDERETA DE CORDERO MANCHEGA
INGREDIENTES:
1.       1 kilo de cordero, de costilla, falda o cuello, aunque también le podéis añadir algo de pierna.
2.       Pimiento. Rojo o verde. Uno mediano de cada.
3.       Un puñado de ajos sin pelar.
4.       Sal.
5.       Pimienta.
6.       Laurel, tomillo y romero.
7.       Un vaso generoso de vino blanco.

RECETA:

·         Sofreímos el pimiento y la cebolla en una sartén con un fondo de aceite de oliva virgen extra.
·         Añadimos la carne, el laurel, la sal y los ajos, previamente machacados con el dorso de un cuchillo.
·         Vamos removiéndolo todo, y cuando la carne comience a tomar color, como de estar ya un poco sofrita, añadimos el vaso de vino blanco.
·         Añadimos las hierbas, el tomillo, el laurel y la sal y dejamos que el guiso se cocine a fuego fuerte hasta que empiece a “chupchupear”.
·         Llegados a este punto, es el momento de bajar un poco el fuego y dejar que el vino se consuma, hasta que la carne quede en el aceite, con un toque caramelizado que nos va a hacer chuparnos los dedos.

Esta es, amigos, la receta que me hizo “rozar el Nirvana” en aquella especial e inolvidable tarde en Sitges. 
Me comenta Mamen que se le pueden añadir setas, espárragos, obviar el pimiento, añadirle tomate… De todas maneras, pura delicia manchega. ¡Que la disfrutéis!

Andrés Moreno


Gracias Andrés. Me siento muy halagada por contar con tu participación en este humilde rincón de mi cocina. Aunque siempre cuento con tu ayuda incondicional, me ha gustado la idea de que fueras tú quien presentara esta receta que tanto insististe en que te explicara. Aún recuerdo tu cara al probarlo y cómo disimulabas cada vez que ibas a coger más, como si te diera vergüenza repetir o "tripitir", jajaja. 
Lo cierto es que las redes te acercan a gente que se hace especial. Y esa tarde, disfrutamos los cuatro de lo lindo;  nos reímos, charlamos y por supuesto, comimos y bebimos celebrando el encuentro. 
Caldereta y Atascaburras, esos fueron los "manjares" con que se me ocurrió deleitaros, una comida muy de invierno, pero con identidad 100% manchega. Aún nos quedan más platos que probar, más risas que soltar y más encuentros que celebrar. Espero que éste fuera el primero de otros tantos. 
¡Hasta pronto!

Mamen

viernes, 20 de noviembre de 2015

AJOHARINA CON GUÍSCANOS


Es tiempo de setas. Adoro ir al campo, pero si al placer de abandonar el asfalto por los olores y colores campestres unimos el aliciente de buscar deliciosos hongos, el deleite es doble. En nuestra tierra hay bastante afición por la micología, en gran parte debida a la abundancia de setas, sobre todo las de tipo “cardo” o “guíscanos”. Y precisamente estos sabrosos hongos van a ser los protagonistas de nuestra receta de hoy.
Los guíscanos también se conocen en otras zonas como “níscalos”. Son unas setas rojizas de intenso sabor a bosque, que se suelen encontrar en zonas  bastante descuidadas, por tener un tronco corto y quedar muy a ras del suelo.
Esta receta es una de las que heredé de mi abuela. Durante un tiempo estuvo arrumbada en un rincón de mi memoria, hasta que una amiga me recordó su existencia y decidí desempolvarla, añadiéndole algún aporte personal. Su elaboración es bastante sencilla, sin más secreto que unos buenos ingredientes y el cariño en su preparación. Es una receta que gana si la elaboras al amor de una buena lumbre.
Se puede preparar con harina de almortas, como la que se usa para elaborar gachas, y entonces tendrá mucho más sabor, pero no es un ingrediente imprescindible. Yo la he hecho con harina normal de trigo. Pero mejor, vamos paso a paso…

INGREDIENTES;

  • Aceite de oliva Virgen Extra
  • Pimiento rojo
  • Pimiento verde
  • Ajos
  • Una patata mediana
  • Cuatro cucharadas soperas y con colmo de harina de trigo
  • Poco más de un litro de agua, o caldo de verduras.
  • Guíscanos
  • Pimentón de la vera
  • Sal
  • Mix de especias; pimienta negra, pebrella, tomillo, mejorana, clavo y nuez moscada (todo picado)


ELABORACIÓN:

Empezaremos haciendo un sofrito con los pimientos, la patata y los ajos (que a mí me gusta incorporar previamente machacados con un golpe). Para hacerlo, cubriremos todo el fondo de la sartén con aceite. Aunque nos parezca que es demasiado aceite, tened en cuenta que luego hay que sofreír la harina, por lo que no escatimaremos. Cuando las verduras del sofrito estén algo pochadas, añadiremos los guíscanos. Es el momento de retirar los ajos y picarlos bien, retirando las pieles. De nuevo, los incorporaremos al sofrito.
Cuando las setas estén tiernas, añadiremos la harina. Yo calculo una buena cucharada sopera bien colmada por persona, y unos 250-300 ml.  de caldo por cucharada de harina, aunque todo depende del grado de espesor que le queráis dar al guiso. Vuestro gusto es el que os dictará. Si os parece demasiado espeso, siempre podréis añadir más caldo a medida que el guiso se vaya haciendo.

Sofreiremos bien la harina, hasta que tome un color tostado o dorado. Entonces echaremos una buena cucharada de pimentón y el mix de especias molidas, el cual también dosificaremos según nuestro gusto particular. Enseguida echaremos, poco a poco, el caldo caliente. Llegados a este punto, es mejor echar un poco de caldo, remover sin parar y, conforme se vaya espesando, ir añadiendo más. Debemos remover y luego bajar el fuego, dejándolo de vez en cuando reposar a fuego lento. Notaremos cómo hace pompas y va soltando el aceite, que será de color rojizo si le hemos puesto mucho pimentón. Es justamente en ese momento de “soltar el aceite” cuando tendremos nuestro guiso listo.

Os recomiendo tomarlo bien caliente. Es un guiso de los que “matan el frío”, reconfortante y con todo el sabor y olor de un bosque otoñal. Un guiso de los que piden pan para mojar y el acompañamiento de un buen vino tinto manchego, recio y potente. En definitiva, un plato que “sabe a Otoño”. Espero que os guste, si os animáis a hacerlo. Como sugerencia, se le pueden añadir otras verduras, como espárragos, que seguro lo van a complementar de manera deliciosa.

Un saludo.
Mamen






miércoles, 23 de septiembre de 2015

BOGAVANTE SOBRE PARMENTIERE DE PLANCTON MARINO CON AIRE DE BARBADILLO AL AZAFRÁN

Este año, Bodegas Barbadillo celebra # 40AñosDandoenelBlanco y para ello ha lanzado un concurso para blogueros gastronómicos, en el que los participantes, deberán presentar una receta que maride perfectamente con su vino Castillo de San Diego. 

Cuando veo estos concursos, me parecen interesantes para recrearse en hacer alguna cosa un poco más especial. Es como vestirse de fiesta, aunque lo cierto es que no suelo participar mucho. Casi siempre se me acaban pasando los plazos. 

Esta vez ha sido diferente. Me apetecía mucho participar, porque este vino me gusta bastante y me llamaba a maridarlo con muchas cosas; carnes, pescados... apetece con todo. Y le fui dando vueltas. 

Recordé sabores e imaginé una combinación que me pareció que podía funcionar. Entonces surge el lienzo, y te pones a decorarlo. Si en un lienzo blanco combinas colores, en una receta combinas sabores. De la suma de ambas, surgen estas cosas, un poco en la línea del gran chef Beto Navarro)

Esta vez he disfrutado cocinando, preparando, decorando y combinando. El resultado es un plato que, a mi parecer, no solo es impresionante de sabor, sino que regala la vista del comensal. Espero que a vosotros os guste tanto como a mi. 


INGREDIENTES:

·         Un puerro
·         Dos patatas (unos 300 grs.)
·         30-40 g de mantequilla
·         Caldo de pescado clarificado
·         Un bogavante de medio kilo aproximadamente
·         2 grs. de plancton marino
·         150 ml de Barbadillo
·         25 ml de infusión de azafrán de la Mancha D.O.
·         0,5 g de lecitina de soja
·         Mix de flores secas
·         Agua, sal y una hoja de laurel
                                           
ELABORACIÓN:

Parmentier de plancton:
Para realizar la parmentier, sofreímos la parte blanca del puerro en la mantequilla y añadimos las patatas y un poco del caldo de pescado clarificado. Unos veinte minutos después, trituramos y pasamos por un chino, para que quede más fina.
Del agua de este preparado, apartamos un poco de caldo. Con apenas un par de cucharaditas, diluimos el polvo de plancton, removiendo bien hasta que quede una pasta homogénea.
Tomamos un poco de la parmentier y en ella incorporamos el plancton, batimos para conseguir integrarlo del todo y pasamos de nuevo por el chino. Reservamos en un biberón.





Cocción del bogavante:

Cocemos el bogavante en abundante agua salada (en una proporción de unos 40-50 g de sal por litro de agua) con una hoja de laurel,  durante unos 10 minutos. Lo enfriamos para cortar la cocción y lo pelamos, reservando la cola. 

Aire de Barbadillo
Para hacer el aire del vino, en primer lugar hervir 15 ml de agua con unas 8 o 10 hebras de azafrán Manchego con D.O. Esta agua anaranjada, la mezclamos con el vino a temperatura ambiente y apenas un gramo de lecitina de soja. Con la batidora lo mezclamos bien y vamos dejando que suba la espuma. Obtendremos una espuma anaranjada y consistente que tiene un potente sabor al vino y un toque de caramelo proporcionado por el azafrán,  que además le aporta un excelente aroma y color.


 Montaje del plato:
Para montar el plato, colocamos con el biberón una base de parmentier. Sobre ésta colocamos la cola del bogavante pelada y encima, con una cuchara, el aire, que deberá estar consistente.
Adornamos con mix de flores secas y servimos templado. 
P.D. Gracias por tu apoyo, Jorge.