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martes, 18 de julio de 2017

ENSALADA DE ESPINACAS CON CRUJIENTE DE BEICON






No os vais a creer cómo nacen muchas veces mis recetas...

Desde que estoy al frente de Flow Cooking, mi tiempo para la casa es bastante limitado, pero aún así me gusta tener un poco de todo y poder preparar mis "inventos" sin echar en falta ningún ingrediente. Nunca sé muy bien qué me va a apetecer, depende del día me decanto por un filete, una ensalada o una sopita reparadora si hace frío. 

La verdad sea dicha, ahora mismo no está haciendo un frío polar, y con estas calores más bien nos apeteció hacer una ensalada contundente. No por la buena causa de cuidar la línea, sino por la de aprovechar unas espinacas tiernas que ya no sabía cómo endilgarles a los críos. 

Eran tan tiernas, que me parecía pecado manipularlas mucho. Así que esta vez, la opción era ponerlas crudas. 

Y entonces, de la más sencilla improvisación empieza mi, llamémosle así, coreografía. Abro la nevera, escudriño todos los estantes, la despensa y un armario donde guardo las cosas para los "experimentos". De esos escondrijos van saliendo las piezas del baile (#ConLoQueHabíaPorCasa), y una tras otra acaban combinándose en una perfecta sinfonía de presencia y sabor, que no os cuento lo buenísima que está y lo bien que suena. Si, he dicho suena, porque es una ensalada crujiente. 

Creo que lo mejor es que subáis el volumen, os sirváis un vinito y nos pongamos los delantales. Vamos a cocinar. 

INGREDIENTES: 
  • Espinacas tiernas 
  • Tomates Cherry 
  • Beicon 
  • Cebolla crujiente (frita) 
  • Queso tierno de cabra o manchego suave 
  • Crema de vinagre de limón 
  • Limón exprimido 
  • AOVE 

ELABORACIÓN: 


No puede ser más sencillo. Si no quieres, no tienes ni que encender la sartén, porque si tienes beicon de ese super fino, puedes cortarlo a tiras, lo pones sobre un papel en un plato, y tras unos minutos de microondas quedará crujiente y tostadito. Si no eres de micro, pues la tradicional sartén. Recuerda luego dejar soltar el exceso de grasa en un papel de cocina. 

Lo otro que tienes que elaborar es la salsa para el aliño. Las espinacas siempre me han parecido que casaban bien con los cítricos, y recordé una crema de vinagre al limón que no tenía muy claro como gastar y ésta era una buena ocasión. Así que sigue mis pasos: en el vaso de la batidora, pon un buen chorreón de éste vinagre al limón que te digo (si lo encuentras, que supongo que no debe ser tan complicado), luego añade el zumo de un limón y echa además un buen chorreón de aceite de oliva virgen extra. Con la batidora haz una emulsión batiendo toda la mezcla para que quede como si fuera una mayonesa, despacito, y sin mover la batidora vas subiendo poco a poco hasta hacer una crema espesa.

¡Ya lo tienes! Vamos a emplatar: pon un buen puñado de espinacas en el plato. Echa por encima un poco de cebolla crujiente, más el beicon reservado (y escurrido). Aliña la ensalada con la crema preparada, y luego coloca encima el queso cortado como más te guste. ¡Y voilá! 

Tenéis que probarlo. Es una mezcla espectacular y deliciosa que espero que os guste tanto como a los de casa. 

Saludos, y disculpad mi ausencia por estos lares durante este tiempo.

martes, 5 de abril de 2016

ALBONDIGUILLAS CON SALSA DE ALMENDRAS



Las albóndigas son uno de los platos más populares de nuestra gastronomía. Y como suele ocurrir en estos casos, cada uno tiene su propio “truquillo” para prepararlas: carne de cerdo, de ternera, de pollo o incluso de cordero. Y en la cuestión del adobo, ahí sí que podemos llegar a las manos. Nadie lo hace igual, e incluso yo misma cambio las proporciones e ingredientes de una ocasión para otra. Podríamos decir que esta joya de nuestra gastronomía causa las mismas discusiones que la paella, y cada cocinero se erige en dueño de la Verdadera Receta de las Albóndigas. Incluso para denominarlas hay discusiones, y al final la Real Academia Española ha acabado aceptando el término “almóndigas”…

El caso es que hace unos días, en uno de los talleres que realizamos en Flow Cooking (¿cómo, que no sabes qué es? ¡Ya estás tardando en conocernos!) , intentando recopilar recetas de esas de la “batalla diaria” en nuestra cocina, brillaba con luz propia la salsa de las albóndigas. Difícil tarea, elegir una entre un millón, pero ojeando algunos libros encontré una que se acercaba mucho a una de las que hacía mi abuela, con una salsa que espesaba a base de almendra. Ella era mucho de usar almendras en sus guisos. Aparte de la aportación de un delicioso toque crujiente, y del sabor natural que proporcionaban, con las almendras conseguimos una textura especial en salsas como las del pollo en pepitoria o la que vamos a desarrollar, para enjugar las albondiguillas, que ella hacía pequeñitas para que se empaparan mejor del sabor de la salsa.

Así que esta es la receta que os traigo hoy. Hace unos días la hice de nuevo para mi familia, la publiqué en mi galería de Instagram y mucha gente me pidió la receta. Con un poco de pan (si es casero y del bueno, ya podemos rozar el Nirvana) tendréis para mojar. Eso sí, haced bastante cantidad, porque los hambrones de mi casa no dejaron ni para llevarle a los abuelos unas pocas… Espero que disfrutéis preparándolas y más todavía gozándolas en la mesa, y os animo a que experimentéis para conseguir un toque personal que las hará exclusivas y os hará entrar en el selecto club de Auténticos Conocedores de la Receta de las Albóndigas.



INGREDIENTES (Para 6 u 8 personas) 

-60 gramos (más o menos) de miga de pan.
-3 o 4 cucharadas de leche.
-500 g de carne magra de cerdo (también puede ser ternera, cordero o mezcla) picada.
-1 cebolla grande bien picada (triturada también sirve).
-1 diente de ajo grande, majado. 
-2 cucharadas de perejil picado y un poco más para adornar al final.
-2 huevos.
-Nuez moscada (recién rallada). 
-Harina para rebozar.
-Un chorrito de aceite de oliva (como 2 cucharadas). 
-Zumo de limón, al gusto.
-Sal y pimienta.
-Pan para acompañar. 

Para la salsa: 
-2 cucharadas de aceite de oliva
-25 g de pan (yo uso las cortezas del que utilicé para las albóndigas) 
-120 g de almendra pelada y algo picada, cruda. 
-150 ml de vino blanco seco 
-2 tomates rallados 
-450 ml de caldo de verduras
-Sal y pimienta

ELABORACIÓN: 

Primero vamos a preparar las albóndigas; para ello, ponemos la miga de pan en un bol y le añadimos la leche. Cuando empape bien (unos cinco minutos en remojo será suficiente) lo echamos todo sobre la carne. Añadimos la cebolla bien picada muy fina, o si queréis ahorraros todo este trabajo, la trituráis con cualquier robot que tengáis en casa junto con el ajo y el perejil. Lo volcamos todo sobre la carne. Añadimos los huevos, la sal, la pimienta y la nuez moscada. Y ahora viene lo divertido. Tenéis que mezclarlo todo bien. Para ello, no dudéis en meterle mano y apretar la carne entre vuestros dedos para que quede una pasta homogénea.

Si os gusta que tengan un sabor más fuerte o picante, podéis jugar con las especias y añadir algún massala que las enriquezca aún más y les dé vuestro toque particular. 

Una vez preparada la carne, yo la dejo reposar unas horas en la nevera. Si puedo, incluso una noche entera. 

Podréis ir haciendo las bolitas con la carne adobada. Para ello, vais tomando con una cuchara una medida que haga que todas sean más o menos del mismo tamaño, ya no solo por la estética, sino porque se cocinen todas por igual. Si os quedan unas grandes y otras pequeñas, es posible que unas estén mejor hechas que otras o no cojan todo el sabor por igual. Una vez que hayáis conseguido una bola amasándola entre las dos manos, la pasáis por harina y reserváis en una bandeja, sin que se amontonen unas con otras, o se os quedarán pegadas. 

Mientras tanto, poned aceite de oliva a calentar (TRUCO: Yo las frío en un cazo hondo y pequeño, para ahorrar aceite y que no salpiquen tanto. Así quedan completamente sumergidas y se fríen fenomenal) y las vais friendo en tandas de 5 o 6. Dorarlas un poquito. Tampoco hace falta que las friáis mucho, porque luego si no, os quedarán muy duras en la salsa. Las sacáis y reserváis en un papel hasta que tengáis la salsa preparada.

Para hacer esa salsa, calentad un poco de aceite (si queréis del mismo en el que habéis frito las albóndigas) en una sartén o cacerola baja donde os quepan luego todas las albóndigas que habéis preparado. Freíd el tomate rallado (también podéis usar una cucharadita de concentrado de tomate, o prescindir de él, que yo también lo hago a menudo) y cuando haya evaporado toda el agua y empiece a salir el aceite de nuevo, echad el pan picado (la corteza que teníamos reservada), la almendra (picada también, pero no triturada) y, sin dejar de remover, sofreír bien hasta que estén dorados. Añadir el ajo y freír ligeramente. Echar el vino y dejar que hierva un poco. 
En esta misma receta, podemos prescindir del tomate.

Agregamos el caldo y mezclamos bien con la salsa. Entonces echaremos las albóndigas y las dejaremos cocer unos 20 o 25 minutos hasta que estén tiernas. Probar y rectificar de sal al gusto. 

Podemos echarles un poco de zumo de limón al final, si es vuestro gusto. 
Yo las sirvo en una fuente, con la salsa por encima y (si no se me olvida, como en este caso que veis en la foto de portada) las espolvoreo con un poco de perejil picado para adornar. 

Y ya está, ya podemos atacarlas, armados de un buen pan para mojar. Puro vicio.

Espero que os haya gustado esta receta “albondigueril” y que los vuestros la disfruten tanto como mi familia.

¡Un saludo, y hasta otra!

Mamen




jueves, 10 de diciembre de 2015

CALDERETA DE CORDERO MANCHEGA

Imagen de Javier Vega
¡Hola, amigos y amigas! 
Me llamo Andrés, vivo en un pequeño pueblecito de Catalunya y por una vez, y con su beneplácito, voy a sustituir a Mamen en la presentación de esta deliciosa receta, una exquisita caldereta de cordero manchega, un plato que sin grandes alardes va a desplegar en nuestro plato un auténtico festival de sabor y olor. 
¿Y por qué presenta este individuo la receta?, os preguntaréis. Pues veréis, la verdad es que ha sido un capricho, y Mamen me lo ha permitido, con su bondad habitual. Hay algunas recetas que, como una buena canción o una buena película, o incluso un buen cuadro, se asocian indisolublemente a un momento determinado de nuestra vida. Esta receta es especial para mí, entre otras cosas porque tuve la oportunidad de disfrutarla entre amigos en un ambiente verdaderamente especial. El 14 de Agosto de este año que está a punto de exhalar sus últimos suspiros, Mamen y su encantadora familia sentaron sus reales durante un par de días en el pueblo de Sitges, en la costa de Barcelona, y tuvieron a bien invitarnos a un servidor y a dos conocidos más de Twitter, Javier y Marta, a una degustación en un pequeño y coqueto bar de la localidad. Como uno sabía de las habilidades culinarias de Mamen, pues me dejé llevar, como cuando la Pantera Rosa volaba sinuosamente atraída por el olor de un delicioso guiso. Aparte de eso, tenía la oportunidad de departir con Mamen, Javier y Marta, y jamás se le dice que no a una tardecita en Sitges en buena compañía. Así que allí me presenté, en una luminosa tarde veraniega, con el pueblo abarrotado de la más variopinta fauna humana, y así dio comienzo una tarde especial, plena de buen yantar, mejor beber, simpatía, risas y esa clase de cosas que hacen que uno piense que, al fin y al cabo, la vida merece la pena, aunque solo sea por esos ratos. 

Pero pasemos al tema gastronómico, que me estoy yendo por los cerros de Úbeda. De entre los deliciosos platos que Mamen preparó para nosotros en aquella mágica e inolvidable tarde, un servidor quedó hechizado por una espectacular caldereta de cordero, un delicioso platillo que en varios momentos me hizo perder la moderación y el comedimiento. Para mí, fue la guinda de una tarde-noche que permanecerá indeleble en mi memoria. Un plato que hace que mi boca se curve en una sonrisa al recordar “La caldereta de Mamen en Sitges”. Como decía antes, Mamen me ha cedido los “trastos” para explicar la receta, y allá voy. Espero que sea tan especial para vosotros como lo fue para mí.

CALDERETA DE CORDERO MANCHEGA
INGREDIENTES:
1.       1 kilo de cordero, de costilla, falda o cuello, aunque también le podéis añadir algo de pierna.
2.       Pimiento. Rojo o verde. Uno mediano de cada.
3.       Un puñado de ajos sin pelar.
4.       Sal.
5.       Pimienta.
6.       Laurel, tomillo y romero.
7.       Un vaso generoso de vino blanco.

RECETA:

·         Sofreímos el pimiento y la cebolla en una sartén con un fondo de aceite de oliva virgen extra.
·         Añadimos la carne, el laurel, la sal y los ajos, previamente machacados con el dorso de un cuchillo.
·         Vamos removiéndolo todo, y cuando la carne comience a tomar color, como de estar ya un poco sofrita, añadimos el vaso de vino blanco.
·         Añadimos las hierbas, el tomillo, el laurel y la sal y dejamos que el guiso se cocine a fuego fuerte hasta que empiece a “chupchupear”.
·         Llegados a este punto, es el momento de bajar un poco el fuego y dejar que el vino se consuma, hasta que la carne quede en el aceite, con un toque caramelizado que nos va a hacer chuparnos los dedos.

Esta es, amigos, la receta que me hizo “rozar el Nirvana” en aquella especial e inolvidable tarde en Sitges. 
Me comenta Mamen que se le pueden añadir setas, espárragos, obviar el pimiento, añadirle tomate… De todas maneras, pura delicia manchega. ¡Que la disfrutéis!

Andrés Moreno


Gracias Andrés. Me siento muy halagada por contar con tu participación en este humilde rincón de mi cocina. Aunque siempre cuento con tu ayuda incondicional, me ha gustado la idea de que fueras tú quien presentara esta receta que tanto insististe en que te explicara. Aún recuerdo tu cara al probarlo y cómo disimulabas cada vez que ibas a coger más, como si te diera vergüenza repetir o "tripitir", jajaja. 
Lo cierto es que las redes te acercan a gente que se hace especial. Y esa tarde, disfrutamos los cuatro de lo lindo;  nos reímos, charlamos y por supuesto, comimos y bebimos celebrando el encuentro. 
Caldereta y Atascaburras, esos fueron los "manjares" con que se me ocurrió deleitaros, una comida muy de invierno, pero con identidad 100% manchega. Aún nos quedan más platos que probar, más risas que soltar y más encuentros que celebrar. Espero que éste fuera el primero de otros tantos. 
¡Hasta pronto!

Mamen

viernes, 20 de noviembre de 2015

AJOHARINA CON GUÍSCANOS


Es tiempo de setas. Adoro ir al campo, pero si al placer de abandonar el asfalto por los olores y colores campestres unimos el aliciente de buscar deliciosos hongos, el deleite es doble. En nuestra tierra hay bastante afición por la micología, en gran parte debida a la abundancia de setas, sobre todo las de tipo “cardo” o “guíscanos”. Y precisamente estos sabrosos hongos van a ser los protagonistas de nuestra receta de hoy.
Los guíscanos también se conocen en otras zonas como “níscalos”. Son unas setas rojizas de intenso sabor a bosque, que se suelen encontrar en zonas  bastante descuidadas, por tener un tronco corto y quedar muy a ras del suelo.
Esta receta es una de las que heredé de mi abuela. Durante un tiempo estuvo arrumbada en un rincón de mi memoria, hasta que una amiga me recordó su existencia y decidí desempolvarla, añadiéndole algún aporte personal. Su elaboración es bastante sencilla, sin más secreto que unos buenos ingredientes y el cariño en su preparación. Es una receta que gana si la elaboras al amor de una buena lumbre.
Se puede preparar con harina de almortas, como la que se usa para elaborar gachas, y entonces tendrá mucho más sabor, pero no es un ingrediente imprescindible. Yo la he hecho con harina normal de trigo. Pero mejor, vamos paso a paso…

INGREDIENTES;

  • Aceite de oliva Virgen Extra
  • Pimiento rojo
  • Pimiento verde
  • Ajos
  • Una patata mediana
  • Cuatro cucharadas soperas y con colmo de harina de trigo
  • Poco más de un litro de agua, o caldo de verduras.
  • Guíscanos
  • Pimentón de la vera
  • Sal
  • Mix de especias; pimienta negra, pebrella, tomillo, mejorana, clavo y nuez moscada (todo picado)


ELABORACIÓN:

Empezaremos haciendo un sofrito con los pimientos, la patata y los ajos (que a mí me gusta incorporar previamente machacados con un golpe). Para hacerlo, cubriremos todo el fondo de la sartén con aceite. Aunque nos parezca que es demasiado aceite, tened en cuenta que luego hay que sofreír la harina, por lo que no escatimaremos. Cuando las verduras del sofrito estén algo pochadas, añadiremos los guíscanos. Es el momento de retirar los ajos y picarlos bien, retirando las pieles. De nuevo, los incorporaremos al sofrito.
Cuando las setas estén tiernas, añadiremos la harina. Yo calculo una buena cucharada sopera bien colmada por persona, y unos 250-300 ml.  de caldo por cucharada de harina, aunque todo depende del grado de espesor que le queráis dar al guiso. Vuestro gusto es el que os dictará. Si os parece demasiado espeso, siempre podréis añadir más caldo a medida que el guiso se vaya haciendo.

Sofreiremos bien la harina, hasta que tome un color tostado o dorado. Entonces echaremos una buena cucharada de pimentón y el mix de especias molidas, el cual también dosificaremos según nuestro gusto particular. Enseguida echaremos, poco a poco, el caldo caliente. Llegados a este punto, es mejor echar un poco de caldo, remover sin parar y, conforme se vaya espesando, ir añadiendo más. Debemos remover y luego bajar el fuego, dejándolo de vez en cuando reposar a fuego lento. Notaremos cómo hace pompas y va soltando el aceite, que será de color rojizo si le hemos puesto mucho pimentón. Es justamente en ese momento de “soltar el aceite” cuando tendremos nuestro guiso listo.

Os recomiendo tomarlo bien caliente. Es un guiso de los que “matan el frío”, reconfortante y con todo el sabor y olor de un bosque otoñal. Un guiso de los que piden pan para mojar y el acompañamiento de un buen vino tinto manchego, recio y potente. En definitiva, un plato que “sabe a Otoño”. Espero que os guste, si os animáis a hacerlo. Como sugerencia, se le pueden añadir otras verduras, como espárragos, que seguro lo van a complementar de manera deliciosa.

Un saludo.
Mamen






miércoles, 26 de agosto de 2015

"CHIPS" DE PATATA CON CREMA DE QUESO AZUL


Una vez traspasada la frontera de los 200 post, he decidido relajar la tensión y compartir con vosotros esta receta, de una genial sencillez y que representa una de mis premisas: surgen de la nada y al final son casi un todo…

En realidad, la idea vino de ese afán de aprovechar y no tirar nada que heredé de mi abuela, que había vivido las inclemencias de la postguerra y valoraba mucho todo lo que tenía. Cualquier cosa que quedaba tras la comida era susceptible de integrarse en un nuevo plato… un caldo de cocer verduras, un resto de un escabeche,  o incluso esto, las mondas de las patatas... aunque ella las usaba para las gallinas o los cerdos.

Aunque es difícil que en nuestras viviendas urbanitas tengamos  tan aprovechables animales, lo que sí tenemos ahora es un afán grande por lo ecológico. Vivimos una eclosión de los huertos periurbanos cultivados con afán y mimo para obtener todo tipo de frutas y verduras,  de esas que además de engordar el cuerpo engordan la autoestima, al ser obtenidas mediante el esfuerzo de uno mismo. Esto viene a cuento de que mi amiga Marta es poseedora de un cachito de huerto y tiene una compostadora, a la que hubieran ido a parar estas mondas que hoy vamos a cocinar. Dado que la citada compostadora se cerró la semana pasada, había que pergeñar algo para aprovechar las mondas de marras, y aquí es donde entra en acción esta sencillísima receta…

INGREDIENTES: 

Mondas de patatas cocidas (sí, eso, las mondas) 
Aceite de girasol o de semillas para freir
Queso
Un poquito de nata para cocinar
Sal

ELABORACIÓN: 

Por si seguís escépticos, sí, vamos a cocinar las mondas de las patatas. Eso sí, han de ser mondas de patatas nuevas de piel fina.

Yo aproveché que había cocido patatas para hacer una ensalada campera, y las cocí con piel, tras lavarlas a conciencia. Después de cocerlas unos 20 minutos (o algo más si son muy gordas), las pasé por agua con hielo. Casi se despegó sola la piel, pero en este caso mejor si no lo hacen. Es por ello que es mejor tener la precaución de no cocerlas demasiado, así que las dejé secar y luego las fui pelando yo, con la precaución de dejar algo de patata en la piel.

Después puse a calentar aceite.  Mejor si usamos un recipiente hondo (como un cazo), donde no necesitemos tanto aceite y podamos sumergir todas las patatas. Una vez que haya cogido temperatura eché las mondas,  intentando que no quedaran apretadas o pegadas unas a otras. Hay que dejarlas  que se tuesten bien, o al gusto de cada uno, pero buscando la consistencia de "chips", así que deben estar crujientes. 

Una vez fritas, las pasé por papel de cocina para que soltaran el exceso de aceite y las serví en un bol con un poco de sal. 

Ya así están buenísimas, pero podemos añadirles un toque que las haga un poco más especiales. A la vista está que son "mondas",  y la gente puede pensar que les estás tomando el pelo... 

Yo les pongo una crema de queso que preparo con cualquier queso que tengo por casa y un chorrito de nata, calentándolo a fuego flojo hasta que quede todo derretido e integrado. 

Lo mismo puede ser un queso al romero, o un queso azul. El caso es que sea un queso de sabor consistente que le aporte un extra a la tapa. 


Y ya está. No me digáis que no es original. Si lo probáis, veréis que es un plato tan simple como delicioso. Por favor, contádmelo si lo hacéis en casa y si se os ocurre acompañarlo de otra cosa más original. Espero que os guste. 

Hasta la próxima!!
Mamen


martes, 28 de julio de 2015

ENSALADA DE TALLARIMIS CON MUCHO COLOR

Hay cosas curiosas en el supermercado que me llaman la atención y me apetece probar. Ya conoceréis todos los que es el surimi, bastante famoso en japón  de dónde nos llegó hace ya algún tiempo y que usamos con frecuencia en ensaladas y otros platos. Este producto, está hecho a partir de carne de pescados blancos lavada y triturada formando una pasta, que, una vez condimentada, la suelen presentar formando en palitos y que vienen a ser, al fin y al cabo, una fuente de proteínas con un sabor bastante aceptable. 

Esta vez, he encontrado otra presentación de ese mismo surimi, que es en forma de tallarines que, "originalmente" han llamado "Tallarimis" por la casa Pescanova, y que están disponibles en la sección de pescado envasado de los supermercados. Y yo, que soy muy "catacaldos" decidí probarlos. En verano, apetece todo fresco y me pareció una buena opción, siendo un producto refrigerado.  

Por otra parte, ya sabéis que soy muy de aprovechar lo que hay en la nevera, para no desperdiciar nada. Con un poco de aquí, otro poco de allí y algo de imaginación, a veces surgen platos con una excelente presentación y bien buenos, como nos pasó con éste, que aprovechamos para agasajar a una visita y quedaron impresionados. Como si hubiera sido un plato muy estudiado y medido. 

Y como fue así, tan improvisado, y ha sido reclamado en las redes al ver la presentación, os dejo aquí la receta, a la espera que os dé ideas nuevas para este nuevo producto, a base de surimi de pescado. 

INGREDIENTES: 

Tallarimis (de Pescanova)
Palmitos
Langostinos (dos por plato y dos o tres más por comensal) 
Lechuga, rúcula, espinacas, canónigos y otros brotes tiernos. 
Tomates cherry
Algo de Gazpacho de remolacha (*) 
Pesto de rúcula: 
     100 g de rúcula
      50 g de anacardos
      50 g de parmesano
      Aceite de oliva virgen
      Sal. 

ELABORACIÓN: 

Antes que nada, preparar el pesto de rúcula, es muy fácil, en batidora o en thermomix... Trituramos los anacardos y reservamos. Igual con el parmesano. Luego trituramos la rúcula y añadimos el queso y los anacardos y vamos dejando emulsionar a una velocidad lenta (1 o 2) añadiendo aceite poquito a poco. Reservamos el pesto hasta que vayamos a servir el plato. 

La ensalada, la prepararemos en un bol grande, toda junta. Para ello, pelamos y cortamos en tres o cuatro trozos los langostinos. Partimos los palmitos. Añadimos los tomates cherry (o tomates normales troceados), mezclamos todo con los tallarimis y por último, el variado de brotes verdes. Salamos ligeramente y removemos todo bien para mezclarlo. 

Para servirla, colocaremos un par de cucharadas del pesto en el fondo del plato o bol donde lo vayamos a servir. Sobre éste, colocaremos parte de la ensalada, procurando que caiga un poco de todo. Y por último, la vamos a aliñar con un par de cucharadas del gazpacho de remolacha, del que os dejé la receta y os recuerdo aquí. Y decoramos colocando un par de langostinos pelados, pero sin cortar, en cada plato. 

Al mezclarlo todo, no solo sorprende por la variedad de colorines que tiene el plato, sino porque la mezcla es sabrosa y bien rica. 

Una sugerencia más para el verano, que espero que os sirva y os deje impresionados. De verdad, tan sencillo y tan rico que es imposible negarse a probar a hacerlo. 

Os dejo un afectuoso saludo y os emplazo en breve, porque la próxima receta también os va a sorprender. 

Mamen. 




miércoles, 22 de julio de 2015

GAZPACHO DE REMOLACHA

Hace unos días estuve en Fierro (Valencia), donde asistí a una master class impartida por Begoña Rodrigo, ganadora de TopChef I, que regenta La Salita, en Valencia. Sinceramente, me hacía mucha ilusión conocerla y aprender de ella. Considero que es una cocinera de esas que yo digo "con corazón" y vocación de hacer todo bueno, además de bonito. Merecía la pena el viaje y allí me presenté.

Desde luego, hay que ver cómo desvirtualizan la televisión y los realities a las personas, mostrando sólo lo que ellos quieren que veamos. Está claro que en tan solo unas horas no se conoce a una persona, pero lo que vi de Begoña no tiene nada que ver con la imagen que daban de ella en el programa. Me pareció fascinante, cercana, natural, atrevida y sus platos, de un enorme valor culinario, equilibrados, vistosos, plenamente justificados y lo que es mejor, deliciosos.

De ese taller me llevé varias recetas y un detalle: la sencillez de Begoña y el buen hacer de Germán Carrizo y Carito Lourenzo, que dirigen Fierro. Les irá muy bien, estoy segura.

De esas recetas, la primera que me surgió probar fue este Gazpacho de remolacha que comparto con vosotros. En realidad, no presté demasiada atención a la elaboración del paso a paso de cada plato en sí. De cada uno saqué unas cosas, varias ideas, algunos detalles que luego te surgen en tus propias elaboraciones y pueden ser complementarios. Así que no se si esta receta sigue punto por punto a la de Begoña, pero sí que parte de su mismo planteamiento.

INGREDIENTES: 

5 tomates maduros (buenos)
1 pepino con piel
1 pimiento verde (pelado)
1 cebolla mediana
1 remolacha
1 diente de ajo (creo que yo ni se lo puse)
2 cucharadas de pasta de ají amarillo (menos, si no os gusta muy picante)
AOVE
Un chorrito de vinagre de arroz
Sal
Para acompañar: 
Parmesano rallado
Rúcula picada

ELABORACIÓN; 

Para hacer el gazpacho, he de reconocer que robots de cocina como la Thermomix, ayudan mucho. Si no, una batidora. No obstante, yo después de triturarlo todo, lo paso por el chino, por si quedaran algunas pieles.

Interesante el aporte de la pasta de ají; es como si le diera alegría al plato. Un toque picante, pero no rabioso. Es muy agradable. Pero prescindible si no te gusta. Lo mismo ocurre con el vinagre de arroz, es un sabor peculiar que lo enriquece bastante. Pero también puedes ponerle un vinagre de sidra o de vino normal. Que eso no te condicione toda la elaboración.

Pues bien, partimos un poco todas las piezas y las trituramos a conciencia (velocidad 3-5-7). Rectificamos de sal. Ponemos un poco de vinagre y apartamos, pasándolo por el chino, como os decía antes. Después añadiremos el aceite poquito a poco y removiendo bien para emulsionarlo todo y lo llevamos a enfriar.

Cuando esté servido el gazpacho bien fresquito en los cuencos, rallar encima un poco de parmesano y añadir rúcula picada. Este toque corre de mi cuenta, me pareció que le iba bien el toque amargo de la rúcula y el contraste con el queso fuerte. Es un espectáculo de color y una fiesta de sabores.

Ya me lo contaréis. Es un plato ideal para los calores del verano, además de poder incorporarlo a otras recetas, como os contaré más adelante. Espero que os guste tanto como en casa, que nos ha conquistado.


Gracias, Begoña.

Un saludo a todos.

Mamen.


jueves, 25 de junio de 2015

BOMBONES DE BAILEYS

Hay veces que hojeando libros descubres recetas como ésta, que te sorprenden por su sencillez y al prepararlas, te conquistan por su resultado.
En concreto esta receta la saqué de este libro que os enseño. Creo que lo compré en un supermercado. No valdría más de tres o cuatro euros, pero me parece que ya está más que amortizado. Con poco, claro. 
Los que me conocéis, sabéis de sobra que el dulce me dice poco, y por ello no me dedico mucho a ello, pero últimamente me aprovecho de Flow Cooking y estoy exprimiendo recetas para completar menús y sorprender en catering y sin duda, unos bombones me parecían imprescindibles. Y con mi poca paciencia, éstos eran los ideales. 
Por supuesto, al final les das alguna vuelta y terminas haciendo versiones distintas... De hecho, esta receta la preparé en el programa Miel sobre Hojuelas de CMTV y aprovechando que su actual presentadora, Rocío Arroyo es una experta en chocolate, me dejé aconsejar y creamos unas variaciones que resultaron vistosas y mucho más ricas que los originales.
Pero de momento, os dejo aquí a mano la receta original: 

INGREDIENTES: 

600 g de chocolate negro (yo pongo 400 del 70% y otros 200 de otro más suave o con leche)
250 g de galletas 
125 ml de nata líquida (35% m.g.)
12 cl de Baileys
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Para los de chocolate blanco: 
600 g de chocolate blanco
125 g de galletas
125 g de coco tostado
otro poco coco rallado para cubrirlos
12 cl de Baileys

ELABORACIÓN: 

Yo hago las galletas de mantequilla para esta receta (200 g de mantequilla, 375 de harina, 150 de azúcar y 1 huevo) y una vez que las tengo doraditas, las trituro. Si no tengo máquina para ello, las meto en una bolsa de las de congelación y con el rodillo las machaco hasta que queden completamente picadas. Casi hechas harina. Imagino que con cualquier galleta que tengamos en casa se pueden hacer igual.  
Una vez hechas, enfriadas y picadas las galletas, rallamos todo el chocolate y lo mezclamos todo junto con la nata y el Baileys. Removemos bien en un bol grande y luego vamos modelando bolas. Por último, y esto ya es cosa mía, los pasamos por cacao en polvo. Salen unas 30 bolas de tamaño bocado (más o menos como los famosos Ferrero Roché)
Para hacer los blancos, tostaremos un poco el coco rallado y sustituimos la mitad de las galletas que usábamos en los bombones negros, por el coco tostado. El resto es igual:  picar galletas y mezclar con chocolate rallado y el coco. Una vez conseguida una masa homogénea, vamos sacando bolas y luego pasando por coco rallado blanco. 
Ambos se deben dejar enfriar en la nevera durante al menos dos horas. 
También se pueden variar cambiando el licor por más nata (si no te gusta añadirles alcohol) o poniendo otro que te guste más. Y puedes jugar con ir cambiando los rebozados por pistachos, quicos o almendras bien picados y presentarlos pinchados en una brocheta y clavados en un bote con sal, imitando los famosos cake pops. 
A mí me gusta presentarlos en una cajita, puesto que los suelo hacer para regalar como un dulce detalle. 
Espero que os guste la receta y el vídeo, cuando os lo pueda enseñar. De verdad, hacedlos porque salen super buenos. 
Un saludo 
Mamen



sábado, 28 de febrero de 2015

MOJE DE ESPÁRRAGOS


Hay recetas de esas que escuchas en alguna espera en el supermercado, que vagamente recuerdas y que luego quieres interpretar a tu manera. Algunas te llegan por la vista, cuando ves una foto e imaginas cómo tiene que saber y deduces que te gustará e inventas cómo llegar a ella. Otras también te cuentan; de eso que preguntas ¿qué vas a comer hoy? y te dicen: Moje de espárragos! Y te suena muy bien...

Así me sonó cuando Antonio me lo comentó, casi sin venir a cuento. Él es hombre de cocina antigua, y de vez en cuando escarba recetas de las de antes y como sabe que me gustan, me las hace llegar por correo. Aquel día me llamó para hablar de negocios, pero acabamos hablando de cocina, como dos tontos aficionados a las cocinitas. 

Me contó su versión de un guiso de espárragos que me sonó a gloria y que yo interpreté a mi manera. Espero que se acerque a la suya o que al menos, le rinda homenaje, porque así lo voy a intentar. 
Gracias Antonio. Espero seguir recibiendo recetas así, porque son de las que sabes que me encantan y así intentaremos perpetuar esos platos de nuestras abuelas y conseguir que no desaparezcan. 

INGREDIENTES: 

Un par de manojos de espárragos verdes
Una Cebolla
Dos o tres dientes de Ajo
Cuatro o cinco Tomates seco
Cuatro cucharadas de salsa de tomate frito
Media cucharadita de Pimentón de la Vera ahumado
Un puñadito de Piñones
Una cucharada con colmo de Harina
Medio litro o algo más de Agua
100-150 ml de vino blanco
Sal
Huevos (Uno por comensal) 

ELABORACIÓN:

Primero cortaremos los espárragos, yo los corto por la última parte más dura, de modo que se queda todo lo duro por un lado (la parte más blanquinosa) y el resto, tierno, por otra parte. También separo las yemas, que las reservo para el final. 

Con los tronchos duros, preparo en la Thermomix el caldo que usaré para el guiso (esto es de mi cosecha, pero me encanta este caldo). Pare ello pongo un poquito de aceite, lo caliento y luego sofrío los tronchos triturando a velocidad 3. Cuando se han sofrito un par de minutos, añado medio litro de agua y los dejo hervir durante 7 u 8 minutos a 100º en velocidad 4. Por último trituro a velocidad 8 y cuelo. 

Si no tienes Thermomix o similar, puedes sofreír, un poco más picados a cuchillo, después cocer y por último triturar con la batidora. Quedará igual. 

Mientras todo esto se va haciendo (casi solo), voy haciendo el sofrito. Empiezo por la cebolla bien picada y el ajo. Luego pongo los espárragos cortados (las yemas las dejo para más tarde, porque al ser tan tiernas, se nos desharían en el guiso). Y luego echo unos trozos de tomates secos y los piñones. 

Cuando todo esto esté bien tierno, entonces echamos el tomate, el pimentón y la harina (sólo una buena cucharada sopera), que nos ayudará a espesar el guiso. 

Cuando la harina se haya tostado un poco y mezclado bien con el resto de ingredientes, es el momento de echar el vino, reducir un poquito y enseguida el caldo de los tronchos caliente, sólo lo justo para que cubra el sofrito y un poquito más. Lo tendremos casi media hora a fuego lento y dando vueltas con frecuencia, ya que al estar espeso el guiso, corremos el riesgo de que se nos pegue al fondo y se queme. A mitad del tiempo de cocción, incorporamos las yemas que teníamos reservadas. 

En el momento de ir a servirlo se deja pochar un huevo por comensal, y se sirve sobre un poco de la salsa. 

Por supuesto, no os tengo que decir lo buenísimo que está y que necesitaréis pan porque resulta imprescindible mojar, es imposible no hacerlo. 

Pues nada, lo dicho Antonio, si en algo he fallado ya me lo dirás, y si he acertado, gracias por tus aportaciones a mi "cultura de la cuchara". 

Os espero en la próxima. 

Mamen


viernes, 12 de diciembre de 2014

DORADAS AL CAVA EN EL ESTUCHE DE VAPOR #EstucheLekue

Hace unas semanas tuvimos un encuentro en Madrid de gastrobloggers invitados por Lèkué para presentarnos los últimos libros y algunas novedades en sus productos. De hecho, una de mis recetas sale publicada en uno de estos libros.  

Lo cierto es que a mí estos encuentros me gustan un montón.No sólo me gustan por lo que aprendes o te descubren los profesionales de la marca, sino por coincidir con otros bloggers con los que proponer ideas y sugerencias sobre los productos. También me encanta poner cara a gente con la que intercambias algún que otro comentario en sus blogs, o con los que llevas tiempo saludando a través de las redes. 
( no me busquéis, sólo se me ve el flequillo, jajaja! ) 

Por otra parte, es una suerte participar con Lékué porque hace tiempo que vengo utilizando sus productos y cada vez me convencen más de su utilidad y eficiencia. 

De hecho, esta receta la encontré echando un vistazo a una revista en una sala de espera y pensé que se podía hacer fácilmente en el Estuche de Vapor... es de esas recetas que lees,  te quedas un poco con la idea y luego adaptas a tu gusto y a tu forma de cocinar, le das alguna vuelta, añades o qutas algún ingrediente y al final sale, o no... Pero esta vez ha salido y ha quedado buenísima y creo que merece la pena participar con ella en el #LekueOpenDay con el #EstucheLekue. 

Así que coger vuestros estuches de vapor y seguir los pasos, porque, una vez más, vamos a preparar una deliciosa receta de categoría sin ensuciar nuestra cocina. Y si no tenéis uno, aprovecho para recomendaros que os lo pidáis estas navidades, porque es un regalo al que le vais a sacar mucho partido. Vamos allá. 

INGREDIENTES: 

Una patata grande
Una cebolla 
Un tomate raf
Dos doradas
150 ml de nata para cocinar
150 ml de cava
Sal, pimienta y tomillo. 
Aceite de oliva
Ajetes tiernos


ELABORACIÓN: 

Para preparar esta receta he usado el estuche de vapor grande de Lèkué sin la bandeja que lleva. 

Lo primero es poner la cebolla troceada en juliana con un poco de aceite y una pizca de sal, cerrar el estuche y meterlo en el microondas un minuto a máxima potencia (unos 800 watt creo que tiene mi horno). 

Mientras, pelamos y partimos una patata en rodajas, tipo "panadera" y las ponemos sobre la cebolla, con otro chorrito de aceite y un poco de sal. Cerramos de nuevo el estuche y lo metemos unos 2,5 o 3 minutos. Una vez pasado el tiempo, dejamos reposar un minuto antes de abrir el estuche. Luego ponemos unas rodajas muy finas de tomate, un pelín de sal y otro par de minutos al micro. 

Es el momento de poner la nata bien extendida sobre la guarnición, un poco de tomillo (si es fresco mejor, pero yo no tenía así que acudí al seco), y pimienta negra recién molida. Sobre esto, ponemos las doradas, que esta vez les había quitado la espina central porque a mis hijos les gusta más sin raspa, pero se pueden hacer enteras. Se salpimentan por dentro un poco también y por fuera antes de cocinarlas. 

Las rociamos con el cava, cerramos el estuche y las metemos durante unos 5 minutos en el micro. 

Mientras se hacen, ponemos a dorar los ajetes cortados pequeños, en una sartén con un chorreón de aceite de oliva. Los reservamos y cuando pase el tiempo de las doradas y hayamos esperado un minuto antes de abrir el estuche, se los pondremos por encima. 

Al servir el pescado, podemos volver a meter toda la guarnición otro minuto en el micro de nuevo, para ligar un poco más la salsa, pero este paso no es necesario si veis que ya se ha quedado ligada. 

Pues nada, ya lo tenemos. Fijaros que a penas hemos invertido unos 10 minutos o 12 con toda la preparación y hemos obtenido un resultado excelente con un plato vistoso y muy rico, y lo mejor de todo; el estuche va al lavavajillas y la cocina ni se ha enterado. 

Espero que os animéis a prepararlo y que comprobéis cómo este "cacharro" funciona. 

Espero vuestros comentarios al respecto, y de paso os mando un saludo y mis deseos de unas felices fiestas.

Mamen. 






martes, 28 de octubre de 2014

GUISO DE CUELLO DE CORDERO CON ALCACHOFAS



Se ha terminado el verano (que no el calor, por cierto) y es momento de organizarse y coger ritmo y rutina. Y me he propuesto que cada vez que prepare alguna comida que merezca la pena compartir, no dejaré pasar tiempo y la publicaré cuanto antes, para que no queden en el olvido.
 
Esta receta hace años que la vengo preparando. Es de esas que hacía mi abuela (que tan buena herencia me ha dejado) y que en casa gusta mucho. Sólo hay que esperar a la temporada de alcachofas para prepararlo con la verdura fresca, porque gana muchísimo en sabor. Así que en cuanto vi las primeras de temporada en el mercado, enseguida me vino al paladar el recuerdo de este guiso. Sencillo, económico y muy muy bueno.
 
Mi abuela lo hacía con la parte del cuello de cordero porque decía que era muy sabrosa y a todos nos gustaba entretenernos rebañando los huesecillos. Es tierna y no sale nada cara. Y si el cordero es manchego, no os digo más... te chupas hasta los dedos.
 
Pues nada, acercaros al mercado y proveeros de buena materia prima, que vamos al fogón derechitos...
 
INGREDIENTES:
 
Medio kilo de Cuello de cordero (o algo más si se quiere)
4 o 5 Alcachofas
1 Cebolla mediana
2 Zanahorias
3 dientes de Ajo
20 gs de Harina
1 vaso de Vino blanco
Sal y tomillo
40 ml de Aceite de oliva.
 
ELABORACIÓN:
 
Ponemos a rehogar con algo del aceite la cebolla y un par de dientes de ajo. Salamos. Añadimos las zanahorias cortadas en rodajas y damos unas vueltas.
 
Aparte sofreímos el cordero sazonado con sal y el tomillo. Podemos rebozarlo antes un poco en harina, pero no es necesario, si queremos hacer el guiso un poco más ligero. No hace falta dorarlo demasiado. Lo vamos reservando.
 
Añadimos al sofrito de las verduras un par de cucharaditas de harina y la sofreímos bien hasta que esté dorada. Añadimos las alcachofas cortadas en cuartos (una vez quitadas las hojas más duras y pelado el tallo) y el cordero que teníamos reservado.
 
En la sartén de haber sofrito el cordero, me gusta poner un vaso de vino blanco, para que coja también los jugos que han soltado la carne. Luego lo echaremos sobre el sofrito y lo terminamos de cubrir con agua. Rectificamos de sal y dejamos a fuego medio unos 40 minutos.
 
Mientras cuece, freímos unas patatas rotas en abundante aceite bien caliente, hasta que estén doradas. Las añadiremos a la cazuela cinco minutos antes de terminar la cocción y espolvoreamos con perejil picado.
 
Dejarlo reposar un poquito antes de llevarlo a la mesa. El caldo se queda espesito y delicioso; de toma pan y moja, que digo yo.
 
Sencillo, ya os lo había dicho. Espero que os guste. ¡Hasta la próxima!
 
Mamen.