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miércoles, 17 de agosto de 2016

RAVIOLIS DE AJOARRIERO CON SALSA DE PIMIENTOS



Inevitablemente, en verano cambian nuestros hábitos. Fruto del calor o de las vacaciones, solemos tender a alejarnos de la tiranía del reloj y abandonarnos a una cierta laxitud en la que le cedemos el mando de los horarios al capricho de nuestro cuerpo. A mí me encanta poder dormir cuando tengo sueño, comer cuando el hambre lo reclame o moverte cuando te lo pide el cuerpo. Eso, para mí, son las auténticas vacaciones.
Y así me encuentro ahora, en plenas “vacaciones corporales”. Lo que sucede es que yo soy un poco “rarita”, y a veces el cuerpo me pide cosas que son como antojos para mí. Es entonces cuando me pongo manos a la obra en el fogón y me dejo ir… y disfruto… y gozo, pensando en lo rico que va a estar lo que ando preparando. Mucha gente piensa que uno de los placeres vacacionales de una cocinera es perder de vista los fogones y que sean otros los que te mimen, culinariamente hablando, pero no es mi caso. En verano, me gusta cocinar, totalmente liberada de algunos encorsetamientos que te impone la actividad profesional. Cocino lo que me apetece, sin prisas ni exigencias, experimentando, jugando, volviendo a ser esa niña que descubre la maravillosa alquimia que es la cocina.
Es entonces cuando surgen esas recetas nuevas, fruto de esa experimentación, un tanto especiales y que, para que no se pierdan, también dejo aquí, porque también me apetece compartirlas con vosotros.
Esta receta que hoy os dejo nació por la bendita culpa de un amigo, Fabio Gasparini, que tiene un blog llamado Cocino Italiano y que lleva tiempo pidiéndome una receta inspirada en la cocina italiana que pueda incluir en su blog, ya que admite participaciones de otros cocineros. He de decir que dicho encargo me producía un enorme respeto, ya que hacer una buena receta “italiana” que pasara por el filtro y la aceptación de un exigente “cuoco” como Fabio era sumamente complicado.
Al final, la cosa fue simple, un poco fruto de la improvisación y huyendo de la sofisticación que a veces nos hace buscar el “Triple salto mortal” en lugar de optar por lo deliciosamente sencillo. Una tarde de ocio (de las que no abundan, la verdad…) abrí la nevera y encontré unas cuantas cosas que me sugirieron esta receta. Todo iba a ser una pequeña aventura, partiendo de estrenar la máquina de hacer pasta que hacía meses que tenía arrumbada en un cajón, sin desembalar.
Espero, amigo Fabio, que mi receta sea de tu agrado y que te guste tanto o más que a los míos, que lo degustaron con una sonrisa en la boca. O sea, que muy malo no estaría…


INGREDIENTES:

PARA LA PASTA:
·         100 gs de harina fina de maíz
·         1 huevo de tamaño L
·         Una pizca de sal
PARA EL RELLENO:
·         Unas migas de bacalao en su punto de sal (unos 200 gs)
·         Unas  gambas crudas (creo que puse unas 8)
·         Medio pimiento rojo
·         Medio pimiento verde
·         Media cebolla
·         Un diente de ajo muy picado
·         Tres cucharadas de tomate frito
PARA LA SALSA:
·         Las cabezas y pieles de las gambas
·         Un bote de pimientos de piquillo
·         200 ml de nata (35 gr mg)
·         Un chorrito de coñac
·         Una pizca de sal

ELABORACIÓN:

LA PASTA:

No resulta excesivamente complicado hacer pasta fresca. En realidad, es sumamente fácil, aunque como a todo hay que “pillarle el punto”. He de deciros que esta vez tuve que hacerla dos veces, ya que la primera se secó (por descuido mío), aunque por suerte ya estaba estirada y pude aprovecharla para hacer unos estupendos tallarines. ¡Aquí no se tira nada!

Fue otra italiana; Anna Mayer de Panepanna, cuando vino a Flow Cooking a dar uno de sus talleres de cocina italiana, la que me descubrió los sencillos secretos de la elaboración de la pasta. Es muy sencillo. Primero hacemos un volcán con la harina y en medio ponemos el huevo y la sal. Con un tenedor vamos removiendo el huevo e incorporando poco a poco la harina a la masa. Cuando ya está hecha una bola, la amasamos durante unos 8 o 10 minutos, la tapamos con film y la dejamos reposar una media horita en la nevera.
A partir de ese momento, ya la podemos sacar y estirar (espolvoreando harina para que no se nos pegue a la superficie de trabajo) con un rodillo, o con una máquina de hacer pasta.


EL RELLENO:

Para el relleno utilicé unos “recortes” que me sobraron tras limpiar un buen bacalao para marinarlo. Los trozos que descarto para dejar el lomo bien limpio, los pico y los guardo para hacer hamburguesas, buñuelos, brandada o, como en esta ocasión, para un ajoarriero, que me encanta. Esta vez  lo piqué todo bien fino para poderlo usar como relleno.
Comencé por la cebolla, luego incorporé el pimiento, los ajos, el bacalao y las gambas peladas.
Bien sofrito despacio en un buen aceite de oliva Virgen Extra. Todo cortado en una brunoise fina, para que el relleno no nos quede demasiado basto. Por último, añadí un poco de buena salsa de tomate frito y lo reservé, dejándolo atemperar o incluso enfriar del todo antes de añadirlo a la masa.


LA SALSA:

Para la salsa usé una buena lata de pimientos del piquillo que confité poniendo a fuego muy, muy lento, con unos ajos enteros y sin pelar (solo con un golpe) y un hilo de aceite con ese jugo que traen en el bote. Los escurrí bien y los trituré en un puré finísimo.

Se me ocurrió entonces darles un toque de sabor y recordé que tenía las cabezas y los cuerpos de haber pelado las gambas del ajoarriero. Los puse a sofreír. Una vez bien sofritos, eché un chorrito de coñac y los flambeé. Luego, un poquito de leche y a dejarlos reducir. Siempre lo hago con agua, pero esta vez buscaba algo más cremoso y se me ocurrió cambiar el agua por la leche.
Lo trituré bien, lo colé y lo volví a poner al fuego, esta vez incorporando la nata y unas cucharadas del puré de pimientos. Le fui dando vueltas, hasta conseguir la cremosidad que buscaba y la consistencia perfecta para la salsa.

EMPLATADO:

No os voy a contar la técnica de hacer un ravioli, porque yo la hice un poco a mi manera, estirando la masa todo lo que pude (creo que la dejé en el número 3 o no sé si llegué al 2) y luego cortando cuadrados de más o menos 5 cm. de lado. Puse en el centro un poco del relleno y tapé con otro cuadrado, pintando antes con un pincel mojado en agua los bordes para que pegaran y se cerraran bien. Por último, pasé el cortapastas para dejar ondulados y bien sellados los bordes.
A partir de aquí, la cosa es bien fácil. Simplemente se trata de cocerlos en abundante agua salada durante unos 10 o 12 minutos, dependiendo de si nos gustan “al dente” o un poco más “blanditos”. Se sacan del agua y se escurren bien.

Para presentar estos deliciosos raviolis, ponemos dos o tres en cada plato, con una base de la salsa y adornándolos con unas gotas de pesto de albahaca y unas hojas frescas de esta aromática planta.
Honestamente, el resultado fue espectacular, y es por eso que me animo a compartirlo con Fabio. Amigo, espero que te guste. Ha sido un placer y un honor formar parte de Cocino Italiano.



Un saludo para todos.  

martes, 5 de abril de 2016

ALBONDIGUILLAS CON SALSA DE ALMENDRAS



Las albóndigas son uno de los platos más populares de nuestra gastronomía. Y como suele ocurrir en estos casos, cada uno tiene su propio “truquillo” para prepararlas: carne de cerdo, de ternera, de pollo o incluso de cordero. Y en la cuestión del adobo, ahí sí que podemos llegar a las manos. Nadie lo hace igual, e incluso yo misma cambio las proporciones e ingredientes de una ocasión para otra. Podríamos decir que esta joya de nuestra gastronomía causa las mismas discusiones que la paella, y cada cocinero se erige en dueño de la Verdadera Receta de las Albóndigas. Incluso para denominarlas hay discusiones, y al final la Real Academia Española ha acabado aceptando el término “almóndigas”…

El caso es que hace unos días, en uno de los talleres que realizamos en Flow Cooking (¿cómo, que no sabes qué es? ¡Ya estás tardando en conocernos!) , intentando recopilar recetas de esas de la “batalla diaria” en nuestra cocina, brillaba con luz propia la salsa de las albóndigas. Difícil tarea, elegir una entre un millón, pero ojeando algunos libros encontré una que se acercaba mucho a una de las que hacía mi abuela, con una salsa que espesaba a base de almendra. Ella era mucho de usar almendras en sus guisos. Aparte de la aportación de un delicioso toque crujiente, y del sabor natural que proporcionaban, con las almendras conseguimos una textura especial en salsas como las del pollo en pepitoria o la que vamos a desarrollar, para enjugar las albondiguillas, que ella hacía pequeñitas para que se empaparan mejor del sabor de la salsa.

Así que esta es la receta que os traigo hoy. Hace unos días la hice de nuevo para mi familia, la publiqué en mi galería de Instagram y mucha gente me pidió la receta. Con un poco de pan (si es casero y del bueno, ya podemos rozar el Nirvana) tendréis para mojar. Eso sí, haced bastante cantidad, porque los hambrones de mi casa no dejaron ni para llevarle a los abuelos unas pocas… Espero que disfrutéis preparándolas y más todavía gozándolas en la mesa, y os animo a que experimentéis para conseguir un toque personal que las hará exclusivas y os hará entrar en el selecto club de Auténticos Conocedores de la Receta de las Albóndigas.



INGREDIENTES (Para 6 u 8 personas) 

-60 gramos (más o menos) de miga de pan.
-3 o 4 cucharadas de leche.
-500 g de carne magra de cerdo (también puede ser ternera, cordero o mezcla) picada.
-1 cebolla grande bien picada (triturada también sirve).
-1 diente de ajo grande, majado. 
-2 cucharadas de perejil picado y un poco más para adornar al final.
-2 huevos.
-Nuez moscada (recién rallada). 
-Harina para rebozar.
-Un chorrito de aceite de oliva (como 2 cucharadas). 
-Zumo de limón, al gusto.
-Sal y pimienta.
-Pan para acompañar. 

Para la salsa: 
-2 cucharadas de aceite de oliva
-25 g de pan (yo uso las cortezas del que utilicé para las albóndigas) 
-120 g de almendra pelada y algo picada, cruda. 
-150 ml de vino blanco seco 
-2 tomates rallados 
-450 ml de caldo de verduras
-Sal y pimienta

ELABORACIÓN: 

Primero vamos a preparar las albóndigas; para ello, ponemos la miga de pan en un bol y le añadimos la leche. Cuando empape bien (unos cinco minutos en remojo será suficiente) lo echamos todo sobre la carne. Añadimos la cebolla bien picada muy fina, o si queréis ahorraros todo este trabajo, la trituráis con cualquier robot que tengáis en casa junto con el ajo y el perejil. Lo volcamos todo sobre la carne. Añadimos los huevos, la sal, la pimienta y la nuez moscada. Y ahora viene lo divertido. Tenéis que mezclarlo todo bien. Para ello, no dudéis en meterle mano y apretar la carne entre vuestros dedos para que quede una pasta homogénea.

Si os gusta que tengan un sabor más fuerte o picante, podéis jugar con las especias y añadir algún massala que las enriquezca aún más y les dé vuestro toque particular. 

Una vez preparada la carne, yo la dejo reposar unas horas en la nevera. Si puedo, incluso una noche entera. 

Podréis ir haciendo las bolitas con la carne adobada. Para ello, vais tomando con una cuchara una medida que haga que todas sean más o menos del mismo tamaño, ya no solo por la estética, sino porque se cocinen todas por igual. Si os quedan unas grandes y otras pequeñas, es posible que unas estén mejor hechas que otras o no cojan todo el sabor por igual. Una vez que hayáis conseguido una bola amasándola entre las dos manos, la pasáis por harina y reserváis en una bandeja, sin que se amontonen unas con otras, o se os quedarán pegadas. 

Mientras tanto, poned aceite de oliva a calentar (TRUCO: Yo las frío en un cazo hondo y pequeño, para ahorrar aceite y que no salpiquen tanto. Así quedan completamente sumergidas y se fríen fenomenal) y las vais friendo en tandas de 5 o 6. Dorarlas un poquito. Tampoco hace falta que las friáis mucho, porque luego si no, os quedarán muy duras en la salsa. Las sacáis y reserváis en un papel hasta que tengáis la salsa preparada.

Para hacer esa salsa, calentad un poco de aceite (si queréis del mismo en el que habéis frito las albóndigas) en una sartén o cacerola baja donde os quepan luego todas las albóndigas que habéis preparado. Freíd el tomate rallado (también podéis usar una cucharadita de concentrado de tomate, o prescindir de él, que yo también lo hago a menudo) y cuando haya evaporado toda el agua y empiece a salir el aceite de nuevo, echad el pan picado (la corteza que teníamos reservada), la almendra (picada también, pero no triturada) y, sin dejar de remover, sofreír bien hasta que estén dorados. Añadir el ajo y freír ligeramente. Echar el vino y dejar que hierva un poco. 
En esta misma receta, podemos prescindir del tomate.

Agregamos el caldo y mezclamos bien con la salsa. Entonces echaremos las albóndigas y las dejaremos cocer unos 20 o 25 minutos hasta que estén tiernas. Probar y rectificar de sal al gusto. 

Podemos echarles un poco de zumo de limón al final, si es vuestro gusto. 
Yo las sirvo en una fuente, con la salsa por encima y (si no se me olvida, como en este caso que veis en la foto de portada) las espolvoreo con un poco de perejil picado para adornar. 

Y ya está, ya podemos atacarlas, armados de un buen pan para mojar. Puro vicio.

Espero que os haya gustado esta receta “albondigueril” y que los vuestros la disfruten tanto como mi familia.

¡Un saludo, y hasta otra!

Mamen




sábado, 28 de febrero de 2015

MOJE DE ESPÁRRAGOS


Hay recetas de esas que escuchas en alguna espera en el supermercado, que vagamente recuerdas y que luego quieres interpretar a tu manera. Algunas te llegan por la vista, cuando ves una foto e imaginas cómo tiene que saber y deduces que te gustará e inventas cómo llegar a ella. Otras también te cuentan; de eso que preguntas ¿qué vas a comer hoy? y te dicen: Moje de espárragos! Y te suena muy bien...

Así me sonó cuando Antonio me lo comentó, casi sin venir a cuento. Él es hombre de cocina antigua, y de vez en cuando escarba recetas de las de antes y como sabe que me gustan, me las hace llegar por correo. Aquel día me llamó para hablar de negocios, pero acabamos hablando de cocina, como dos tontos aficionados a las cocinitas. 

Me contó su versión de un guiso de espárragos que me sonó a gloria y que yo interpreté a mi manera. Espero que se acerque a la suya o que al menos, le rinda homenaje, porque así lo voy a intentar. 
Gracias Antonio. Espero seguir recibiendo recetas así, porque son de las que sabes que me encantan y así intentaremos perpetuar esos platos de nuestras abuelas y conseguir que no desaparezcan. 

INGREDIENTES: 

Un par de manojos de espárragos verdes
Una Cebolla
Dos o tres dientes de Ajo
Cuatro o cinco Tomates seco
Cuatro cucharadas de salsa de tomate frito
Media cucharadita de Pimentón de la Vera ahumado
Un puñadito de Piñones
Una cucharada con colmo de Harina
Medio litro o algo más de Agua
100-150 ml de vino blanco
Sal
Huevos (Uno por comensal) 

ELABORACIÓN:

Primero cortaremos los espárragos, yo los corto por la última parte más dura, de modo que se queda todo lo duro por un lado (la parte más blanquinosa) y el resto, tierno, por otra parte. También separo las yemas, que las reservo para el final. 

Con los tronchos duros, preparo en la Thermomix el caldo que usaré para el guiso (esto es de mi cosecha, pero me encanta este caldo). Pare ello pongo un poquito de aceite, lo caliento y luego sofrío los tronchos triturando a velocidad 3. Cuando se han sofrito un par de minutos, añado medio litro de agua y los dejo hervir durante 7 u 8 minutos a 100º en velocidad 4. Por último trituro a velocidad 8 y cuelo. 

Si no tienes Thermomix o similar, puedes sofreír, un poco más picados a cuchillo, después cocer y por último triturar con la batidora. Quedará igual. 

Mientras todo esto se va haciendo (casi solo), voy haciendo el sofrito. Empiezo por la cebolla bien picada y el ajo. Luego pongo los espárragos cortados (las yemas las dejo para más tarde, porque al ser tan tiernas, se nos desharían en el guiso). Y luego echo unos trozos de tomates secos y los piñones. 

Cuando todo esto esté bien tierno, entonces echamos el tomate, el pimentón y la harina (sólo una buena cucharada sopera), que nos ayudará a espesar el guiso. 

Cuando la harina se haya tostado un poco y mezclado bien con el resto de ingredientes, es el momento de echar el vino, reducir un poquito y enseguida el caldo de los tronchos caliente, sólo lo justo para que cubra el sofrito y un poquito más. Lo tendremos casi media hora a fuego lento y dando vueltas con frecuencia, ya que al estar espeso el guiso, corremos el riesgo de que se nos pegue al fondo y se queme. A mitad del tiempo de cocción, incorporamos las yemas que teníamos reservadas. 

En el momento de ir a servirlo se deja pochar un huevo por comensal, y se sirve sobre un poco de la salsa. 

Por supuesto, no os tengo que decir lo buenísimo que está y que necesitaréis pan porque resulta imprescindible mojar, es imposible no hacerlo. 

Pues nada, lo dicho Antonio, si en algo he fallado ya me lo dirás, y si he acertado, gracias por tus aportaciones a mi "cultura de la cuchara". 

Os espero en la próxima. 

Mamen


martes, 28 de octubre de 2014

GUISO DE CUELLO DE CORDERO CON ALCACHOFAS



Se ha terminado el verano (que no el calor, por cierto) y es momento de organizarse y coger ritmo y rutina. Y me he propuesto que cada vez que prepare alguna comida que merezca la pena compartir, no dejaré pasar tiempo y la publicaré cuanto antes, para que no queden en el olvido.
 
Esta receta hace años que la vengo preparando. Es de esas que hacía mi abuela (que tan buena herencia me ha dejado) y que en casa gusta mucho. Sólo hay que esperar a la temporada de alcachofas para prepararlo con la verdura fresca, porque gana muchísimo en sabor. Así que en cuanto vi las primeras de temporada en el mercado, enseguida me vino al paladar el recuerdo de este guiso. Sencillo, económico y muy muy bueno.
 
Mi abuela lo hacía con la parte del cuello de cordero porque decía que era muy sabrosa y a todos nos gustaba entretenernos rebañando los huesecillos. Es tierna y no sale nada cara. Y si el cordero es manchego, no os digo más... te chupas hasta los dedos.
 
Pues nada, acercaros al mercado y proveeros de buena materia prima, que vamos al fogón derechitos...
 
INGREDIENTES:
 
Medio kilo de Cuello de cordero (o algo más si se quiere)
4 o 5 Alcachofas
1 Cebolla mediana
2 Zanahorias
3 dientes de Ajo
20 gs de Harina
1 vaso de Vino blanco
Sal y tomillo
40 ml de Aceite de oliva.
 
ELABORACIÓN:
 
Ponemos a rehogar con algo del aceite la cebolla y un par de dientes de ajo. Salamos. Añadimos las zanahorias cortadas en rodajas y damos unas vueltas.
 
Aparte sofreímos el cordero sazonado con sal y el tomillo. Podemos rebozarlo antes un poco en harina, pero no es necesario, si queremos hacer el guiso un poco más ligero. No hace falta dorarlo demasiado. Lo vamos reservando.
 
Añadimos al sofrito de las verduras un par de cucharaditas de harina y la sofreímos bien hasta que esté dorada. Añadimos las alcachofas cortadas en cuartos (una vez quitadas las hojas más duras y pelado el tallo) y el cordero que teníamos reservado.
 
En la sartén de haber sofrito el cordero, me gusta poner un vaso de vino blanco, para que coja también los jugos que han soltado la carne. Luego lo echaremos sobre el sofrito y lo terminamos de cubrir con agua. Rectificamos de sal y dejamos a fuego medio unos 40 minutos.
 
Mientras cuece, freímos unas patatas rotas en abundante aceite bien caliente, hasta que estén doradas. Las añadiremos a la cazuela cinco minutos antes de terminar la cocción y espolvoreamos con perejil picado.
 
Dejarlo reposar un poquito antes de llevarlo a la mesa. El caldo se queda espesito y delicioso; de toma pan y moja, que digo yo.
 
Sencillo, ya os lo había dicho. Espero que os guste. ¡Hasta la próxima!
 
Mamen.


 

jueves, 15 de mayo de 2014

TARTA DE VERDURAS "MI RATATOUILLE"

Voy a aprovechar el tirón y a sacar del baúl algunas recetas que durante estos meses de sequía he ido guardando.

Ha sido duro volver a la carga. Este tiempo me ha servido para pararme y mirar un poco hasta dónde quiero llegar con el blog. No me va la vida en ello, ni tiene que absorberme tanto tiempo. No tiene que ser una prioridad. Al fin y al cabo, esto es un hobby y no una profesión, aunque bien es cierto que por él he llegado a otras metas que pueden ser fructíferas en un futuro no muy lejano (he ahí Flow Cooking).

Sin embargo, cuando uno pone mucho empeño en las cosas y le emocionan, es difícil medirse y no desbordarse en ello. La pasión es a veces incontrolable.

Durante estos meses, he hablado con mucha gente y lo cierto es que todos me han animado siempre a continuar escribiendo. Algunos han valorado mucho mis recetas, otros mi forma de compartirlas y otros también han criticado que escriba de mi vida en vez de centrarme sólo en la receta. Y lo he pensado mucho.

Esto os lo cuento, porque a los que venís por aquí a leerme de vez en cuando, creo que os debía una explicación. Pero es que me he dado cuenta que además de mi cocina, esto es escaparate de mis experiencias y mis pensamientos. Si no os gusta todo este rollo, sabéis que más abajo está la lista de ingredientes y ya solo se habla de cocina. Os vais directamente allí y podéis sacar la receta, sin más.

Pero por mi parte creo que voy a seguir utilizando este portal como válvula de escape de mi sentir y de la historia de cómo surge una idea o una receta nueva. Es lo que hace particular este blog y no quiero abandonarlo.

Si que estoy mirando la forma de cambiarle un poco la cara y añadirle un par de cosillas que lo enriquezca y que os hagan más sencillo el acceso a lo que buscáis. Ya ando en ello (cuento con ayuda, tranquilos), sólo tened paciencia.

De momento voy a adjuntar con cada receta un tema de nuestra música (tengo un "pinche dj" en casa que es un lujo). Porque en mi cocina no falta nunca una banda sonora para acompañar. Sólo espero que sean de vuestro agrado, como lo son para nosotros.

Pues nada. Hoy os invito a que probéis esta sencilla tarta salada que admite muchas combinaciones según vuestros gustos y que incluso se puede hacer sólo vegana, que también sale buenísima. La idea surgió porque estuve en el horno San Bartolomé de Valencia, que regenta Luis Machi, maestro artesano del que os hablé en este post, y allí vi la variedad de cocas, empanadas y tartas de frutas que preparaban y me dio muchísima gana. Me fijé un poco que hacían unas de verduras con una disposición regular que me recordó al Ratatouille de la película de Pixar y me puse manos a la obra, como siempre, con lo que tenía por casa... Vamos a la cocina?

INGREDIENTES:

Una placa de masa de hojaldre (aunque sirve otra masa como brisa o masa casera de coca)
Calabacín
Berenjena
Tomates
Pimiento rojo
Morcilla de Burgos
Un par de chalotas
Aceite
Ajo y perejil
Una pizca de sal

ELABORACIÓN:
 
Esta receta no puede ser más fácil... es tan sencilla que no sabía si merecía un post cuando la preparé. Pero nos sorprendió tanto lo buena que estaba que decidí compartirla. Así que está aquí por méritos propios.

Os he indicado los ingredientes, pero sin mucha precisión. Creo que usé como media parte de cada uno, pero ya va en gustos cargarlo más o menos. Y utilicé esos porque en realidad esta idea era para usar lo que había por casa, pero vamos, que se puede hacer con otras verduras o incluso con otras disposiciones.
 
En cuanto a la masa, ocurre exactamente igual... Era la que tenía. Casi siempre suelo tener algo de hojaldre en la nevera, porque me encanta. Es muy socorrido y lo podemos preparar tanto con dulces como con salados. Casi cualquier cosa envuelta en hojaldre está bien buena!!
 
Pero ocurre que las verduras suelen soltar algo de jugos y quizá, después de prepararlo, me di cuenta que hubiera estado mucho mejor con una masa casera de coca o incluso una brisa. Cualquiera con algo más de cuerpo que el hojaldre. Aún así salió buenísima, ¿eh?
 
Pues ya os digo; poco misterio. Hay que partir las verduras a rodajas finas. El calabacín sin pelar siempre, y la berenjena como os guste más. A mí me gusta dejarle la piel, pero se puede poner pelada. El pimiento también, a rodajas igual que el tomate y la morcilla (a esta sí le quité la piel, con cuidado para que no se desmorone).
 
Primero colocamos la masa sobre la fuente de horno y la pinchamos, para evitar que suba. Luego echamos el tomate frito (poquito, lo justo para cubrir la base) y lo extendemos bien. Y sobre este vamos colocando las verduras en el mismo orden. No por nada en especial, sino porque me parece que así queda más vistoso y bonito.
 
Por último, echamos unas rodajitas de chalotas por encima lo pincelé con un picadillo de aceite, ajo y perejil y un pelín de sal. Lo metemos al horno precalentado a 220º y esperamos unos 20 o 25 minutos a que se haga a nuestro gusto. A mí me gustan las verduras un pelín al dente, así que apenas las vi tiernas, las saqué del horno.

Es una delicia tomarlo caliente, pero si se enfría, también es exquisito.
 
Por favor, os digo lo de siempre. Probarlo y luego me contáis cómo os ha salido y si os ha gustado tanto como a nosotros.
 
Y, como os prometí, tengo un "pinche" genial que le pone banda sonora a estas recetas mientras las preparamos, así que el tema elegido para hoy os lo dejo pinchando aquí. Os sugiero que si decidís hacer esta receta, os la pongáis de fondo,  como un ingrediente más ;)  ¡Veréis que os anima!

Hasta la próxima. Besos gordos

Mamen









 

miércoles, 15 de enero de 2014

CORDERO AL AGUA DE TOMILLO (DEL BUENO DE VICENTE)

Después de un montón de días sin escribir, tengo la necesidad de hacerlo. De dedicarme a ello, que para eso está esto y para ello ando metida en mil líos entre las redes y todo lo demás. Así que voy a empezar por el principio, como decía la sabia de mi abuela, y voy a ir desgranando todas las recetas que tengo en borradores y que muchos me habéis ido pidiendo estos días.
 
Empiezo por esta del cordero, que me fue reclamada, ya que el cordero es una de las cosas que se está implantando en las copiosas comidas navideñas, y más si es una carne un poco más especial, como suele ser el lechal. Esta es buenísima por nuestra zona manchega. El Cordero Manchego tiene D.O. propia y es de una excelente calidad. Si bien, la carne de cordero suele ser muy sabrosa, si tienes la suerte de encontrar, como yo, un pastor, que te cuide el animal y lo mantenga a base de leche, su carne será mucho más blanca y tierna, sin perder por ello ese excelente sabor.
 
No hay, por tanto, que complicarse mucho la vida con aliños varios, ya que de por sí es un plato excelente si lo hiciéramos en unas brasas o en una plancha. Pero cuando te juntas un montón, como es nuestro caso, que comíamos 19 personas, el cordero casi no da de sí para hacer a la plancha. Es mucho mejor cortarlo en trozos grandes y asarlo, para que todos podamos sentarnos a la vez en la mesa y no que uno ande pringado mientras los demás comen para que no se enfríe. Y ya os podéis imaginar quien es la que siempre pringa...
 
En fin, pues este año nos tocó cordero lechal. Y tenía pinta de ser muy muy bueno. Así que recurrí a la receta de mi buen amigo Vicente. El cocina en Buenafuente del Sistal (además de hacer mil cosas más, que es hombre para todo y tiene mil manos, o solo dos, pero que dan para llegar a todo), un monasterio perdido en la sierra del Alto Tajo en Guadalajara, y al que suelo ir de vez en cuando, desde hace casi 30 años. Si buscáis paz y un buen retiro espiritual, este es el sitio indicado.
 
Pues bien, yo cuando voy allí me suelo meter en la cocina a echar una mano al bueno de Vicente. Aprendo mucho de él. Siempre tiene trucos para una cocina sencilla, con escasos recursos, pero que alimente y se estire para muchos comensales. Ideal en un menú familiar. Y es típico allí en Semana Santa, para el Domingo de Gloria comer el cordero pascual. Si bien, su cordero no suele ser lechal, la forma en que lo prepara siempre sale tierno y jugoso. Por eso pensé que para un lechal, aún sería mejor. Así que copié su receta y os la presento aquí. Espero que os guste, porque sencilla no puede serlo más.
 
INGREDIENTES;
 
Cordero cortado a trozos.
Unas ramas de tomillo fresco.
Sal. Pimienta en grano. Laurel.
Vino blanco.
Unas chalotas o cebollitas pequeñas.
 
Guarnición: patatas para asar.
 
ELABORACIÓN;
 
Una cosa es imprescindible en esta receta; buscar como locos tomillo fresco. Mejor del campo o de algún jardín, que de esos que venden en tarros. Aunque si no podéis, con ese mismo os podéis arreglar.
 
La noche de antes a preparar el cordero, mojarlo un poco. Tenerlo a remojo para que pierda toda la sangre que le pueda quedar. Yo lo baño con agua, unas bolas de pimienta, un par de hojas de laurel y un par de ramas de tomillo fresco. Por la mañana, retiramos ese agua y lo reservamos.
 

Salar los trozos de carne y mientras hervir en bastante agua el tomillo. No hace falta que hierva mucho. Unos 5-6 minutos será suficiente. Colar el agua y echar sobre el cordero cuando se haya enfriado.
 
Entonces lo meteremos en el horno durante una hora y media a 180º, con unas cebollitas enteras y peladas. Si la carne es más dura, deberá estar algo más de tiempo. Le podemos añadir algo de vino blanco a mitad de cocción, pero eso va en gustos.
 
Para la guarnición, yo puse unas patatas a cocer durante 12-15 minutos en agua con sal. Pasado este tiempo, se escurren y parten por la mitad. Aprovecho el horno caliente del cordero y las pongo en la parte alta en los últimos 8-10 minutos del asado de la carne. Esto evitará que el cordero se tueste demasiado con el calor de la parte alta del horno, pero sí les dará el toque dorado a las patatas, a las que les hemos puesto sal, pimienta y un chorrito de aceite de oliva por encima.
 
Una vez que saquemos el cordero y las patatas serviremos ambos en cada plato. Os aseguro que siempre sale tierno. Tanto que la carne se separa sola del hueso. Y ese aroma de tomillo le da a este plato ese sabor a campo que tan bien le dice a estas carnes.
 
Aquí os lo dejo. Espero que lo gocéis y que os salga buenísimo.
 
Un saludo y un fuerte abrazo para este nuevo año que ya tenemos más que empezado.
 
Mamen



 

domingo, 25 de agosto de 2013

ARROZ EN PAELLA CON COSTILLAS ADOBADAS

Ya sabéis, por que os lo he contado "cienes y cienes" de veces, que en casa todos son "carnívoros" por naturaleza. Hagas lo que hagas, si lleva chicha encantados. Así que cuando comenté que iba a iniciar una tanda de arroces, enseguida todos a una corearon eso de "pero que sea de carne, eh?".

En una me pude escapar por culpa de unos carabineros que me llamaban insistentemente (que para los que no la habéis visto, la tenéis disponible pinchando Aquí), pero la otra tenía que ser de carne y algo mejor que no solo pollo o conejo, como suele ser lo habitual.

Es una pasada cuando encuentras carne bien adobada, y a mi las costillas me gustan especialmente. Tengo ya muchas recetas con ellas y aquí iba dispuesta a idear una más. Estas costillas ibéricas, la verdad que tienen poca chicha, pero el sabor que dan al guiso es un puntazo imposible de descartar si quieres un arroz sabroso y bueno. Estaba segura que con poco más que un buen caldo, ya sería espectacular.

Manos a la obra, que ya es hora!!

INGREDIENTES;

Arroz Bomba
Caldo con sofrito Aneto para paellas de Carne y verduras
Caldo Aneto de verduras
Costillas adobadas
Pimiento rojo
Porrines de ajo
Garrofon y Tabella
Judia verde plana
Alcachofas baby
Tomate frito
Harina
Gaseosa de papelillos
AOVE
Sal
Azafrán

ELABORACIÓN;

En primer lugar, contaros que, como siempre, soy la comodona que no se molesta en medir y pesar los ingedientes y luego me cuesta un montón especificar cantidades. No es excusa, pero os iré contando más o menos lo que puse, porque de esta paella comimos 3 personas!

Lo primero que hice fue poner una paella amplia, de unos 45 cm de fondo, con el calor en el centro solo. Aceite para cubrir este rodal, más o menos (acordaros de equilibrar aquí el paellero para que esté totalmente vertical y no nos dé problemas llevando el caldo hacia un lado). Enseguida ponemos las costillas troceadas. Las doramos bien por todos los lados y cuando están ya casi, las apartamos un poquito hacia los lados y en el centro ponemos a sofreír el pimiento y los porrines de ajo. Un pelín de sal y a dar vueltas.

Como verduras para este arroz, hemos cogido un preparado que viene ya congelado de Garrafón, Tabella y Judia Verde plana y que hemos cocido unos 8 minutos en agua hirviendo ligeramente salada. Los tenemos escurridos y reservados. Así que como están un poco cocidas, las vamos a incorporar más tarde.

Cuando el sofrito está ya echamos el tomate y encendemos el fuego de fuera. No dejéis de dar vueltas, que el tomate está ya frito y se quemará enseguida. Rápidamente echamos el caldo.

Yo sé que os he dicho mil veces que me va genial sofreír el arroz previamente, pero esta vez, tenía especial interés en que estos caldos, que aunque ya son sabrosos de por sí, tomaran todo el sabor del adobo de las costillas. Así que conté un poco caldo de más en previsión de que iba a perder un poco en la cocción, y eché una mezcla de 1 l de Caldo de Verduras y 1 l de Caldo con sofrito de paella de Aneto. Los dejamos hervir como unos 15 minutos.  Cuando lleve unos 10 le incorporamos las verduras.

Lo de controlar la pérdida del caldo, me iba a resultar complicado, así que he confiado en el instinto, contando que me iba a quedar con, aproximadamente un litro y medio, que es lo que más o menos consumirían unos 650 g de arroz bomba, que fue lo que puse después de haber hervido esos 15 minutos, echándolo en forma de lluvia por toda la paella y procurando que quedara con el mismo grosor por todos los lados.

Mientras el arroz está cociendo, con un pelín de azafrán que le hemos echado para que nos dé color, y una ramita de romero, que luego retiraremos, preparamos las alcachofas baby. Son pequeñitas, apenas un bocaito. Pero quería darles un protagonismo especial y que no se perdieran deshechas en el arroz. Iban a ser el toque crujiente de este plato.

Para ello, preparé con unos 100 g de harina, un pelín de agua y una gaseosa de papelillos, una "gacheta", como decía mi abuela, para rebozar las alcachofas y freírlas en abundante aceite de oliva a fuego fuerte. Después las ponemos a escurrir el exceso de aceite en un papel de cocina y las reservamos para colocar por la paella unos 5 minutos antes de apartarla.

Así que cuando lleve unos 12 minutos cociendo el arroz a fuego fuerte, se supone que más o menos empezará a "cantar" nuestro arroz haciendo ruiditos de estar tostándose en el fondo de la paella. Le colocamos las alacahofitas fritas. Taparlo y apagar el fuego. Es el momento de darle reposo. Entre 5 y 8 minutos puede estar bien.

A la hora de servir, remover bien todo el arroz por la paella, para mezclar los granos de arriba con los de abajo o los de las orillas con los del centro, porque observaréis que todos los granos no cuecen igual. Mezclarla es la mejor opción para que quede homogénea y se puedan probar granos de todos los lados.

En el plato, yo creo que este arroz no necesita nada más, ni más salsa ,ni más limón, ni más hierbas, pero sé que hay gente muy forofa de poner limón o mayonesas a los arroces. Adelante, cada cual tiene que ser fiel a sus gustos y esto no es ciencia exacta.

Sólo espero que os esté rico. Saludos!!









 

jueves, 22 de agosto de 2013

ARROZ EN PAELLA CON CARABINEROS, CHIPIRONES Y ACEITUNAS


La verdad es que cada vez que me pongo a hacer un arroz ya empiezo a salivar en el supermercado mientras estoy comprando los ingredientes. Me lo voy imaginando poco a poco y casi puedo saborearlo en ese instante.

Así que fue acercarme a la pescadería y ver esos carabineros de Huelva casi recién pescados que me llamaban y se ofrecían a ser manjar para nadar en mi paella, que no pude resistirme. Decidido! Ahora sólo había que buscarles el acompañamiento. Así que eché un vistazo y un poco más allá se recreaban las puntillitas ante mi... Qué tentación! Ya estaba el matrimonio hecho!! Solo faltaba darle un toque original y enseguida vinieron a mi mente las aceitunas que Ana solía poner en su paella y que a todos nos extrañaba mucho pero luego nos sabían tan bien. Ya estaba montado el lio.

Además tengo la facilidad de poder poner una paella bien grande para que el arroz quede bien extendido en una capa fina, que es como debe ser. Y aprovechando que hoy íbamos a comer unos cuantos (unos 10 mas o menos), me dispuse a lidiar con mis crustáceos y mini-cefalópodos para hacer una buena faena y salir por la puerta grande. Así que ahí vamos. Os lo cuento!

INGREDIENTES:

Carabineros
Puntillas de calamar
Aceitunas manzanilla sin hueso
Arroz bomba
Caldo Aneto con sofrito para pescados y mariscos
Azafrán
Pimentón
Pimiento rojo
Pimiento verde
Puerro
Calabacín
Tomate triturado
AOVE

ELABORACIÓN:

Empezamos por encender sólo el fuego central de la paella y poner en primer lugar el aceite. Ya véis que no he definido cantidades. La verdad que me cuesta horrores, en primer lugar, porque no suelo pesar nada. Pongo a ojo un poco lo que veo que va a necesitar, pero para orientaros, puse aceite suficiente para cubrir el centro de la paella, sólo el centro. Tened en cuenta, que este guiso lo hice  para unas 10 personas (Pondría unos 100 o 150 ml de aceite de oliva). 

Entonces puse alrededor los carabineros, pasándolos sobre el aceite un poco, como para mojarlos en él, y luego arrastrándolos hasta la orilla de la paella. En el centro, al mismo tiempo, eché las puntillas de calamar. Éstas no necesitan mucho guiso, porque se hacen enseguida. Sueltan un poquito de agua, pero no os preocupéis, porque se consumirá con el calor. Salamos ambos ingredientes y damos una vuelta a los carabineros y fuera todo, pero antes pasamos un poco más los carabineros, porque os recuerdo que el fuego de fuera estaba apagado, para ello les doy una vuelta rápida en el centro. Apartamos y reservamos los carabineros también.

En ese jugo que nos queda, pondremos las verduras. Puedo deciros aproximadamente que puse un trocito de calabacín que me quedaba, un poco de puerro y un poco de pimiento verde y rojo, que en total sumarían unos 400 g. Se sofríen bien sin necesidad de poner más sal (puesto que el caldo ya va salado lo suficiente). Cuando empiecen a estar un poco tiernas las verduras, añadimos el tomate y le damos unas vueltas. Un tomate mediano rallado es suficiente, que este caldo ya lleva sofrito.

Ponemos un poco de pimentón, unas vueltas para que no se nos queme y enseguida el arroz. Este si os puedo asegurar la medida. Porque suelo poner 100 g de arroz por persona. Así que un kilo entero le puse. Me gusta sofreír bien el arroz. En este punto ya he encendido el fuego de fuera también. Necesitamos que toda la paella esté bien caliente y así lo preparamos. Removemos bien para que el arroz se quede como un poco transparente y entonces echaremos las puntillas reservadas y el caldo bien caliente (lo hemos estado calentando previamente). A mi me funciona siempre el sofreír el arroz y echar el caldo caliente para que salga un arroz suelto y que no se pase. Científicamente no sé si será lo más correcto, pero ya os digo, que me funciona.

Es en el momento de poner el caldo, cuando pongo una puntita de azafrán molido, que dará sabor y color al arroz. Y puse dos litros de caldo y unos 200 ml más de agua, todo bien caliente. Este caldo es bastante consistente y sabroso. Vigilad la sal.

Cuando el arroz lleva cociendo unos 8 o 10 minutos se ponen las aceitunas y se colocan alrededor los carabineros. Estas aceitunas son de la variedad manzanilla sin hueso, pero no van rellenas de anchoa, como suele ser habitual. Vigilad esto.

A los 15 minutos de la cocción (o antes, si veis que se ha consumido prácticamente el caldo) tapo la paella con una tapa que tengo muy grande. Pero si no tenéis tapa, un poco de papel aluminio os sirve igual. Apagad el fuego si escucháis el crepitar del arroz, eso es que os avisa que ya se está haciendo ese "socarrat" que llaman los valencianos y que son esos granos que se tuestan en el fondo.

Unos 5-8 minutos de reposo y podéis destapar. Observar y admirar cómo se os ha quedado. Id mezclando todo en la paella, para mezclar bien los granos y ya podéis Emplatar.

Esta vez, le he puesto un poco de tomillo limonero por encima y lo he acompañado de limón para el que quiera echar un poco, pero si queréis, se le puede echar un poco de ajoatao o alioli, que le irá muy bien.

Bueno, espero que os salga buenísimo el arroz y que me lo contéis si lo preparáis. Yo me despido hasta la próxima, porque soy forofa del arroz y seguro que otra paella cae pronto!!




 

sábado, 27 de julio de 2013

NORDIC-THINS


Hace ya unos días que mi amigo Alejandro me mandó un enlace a una página donde se convocaba un concurso de bocadillos con productos Thins de Bimbo. Él sabe de mi afición por los bocatas y pensó que sería bueno para mí.

He de confesaros que con todo el lío de vida que llevo no me lo planteé muy en serio. No soy mucho de concursos, pero el otro día en el Súper me topé con este pan y me llamó la atención. Tampoco me costaba mucho hacerlo y sería presentarlo sólo por participar, sin muchas más pretensiones. Aunque también debo confesar (que parece que esté hoy a corazón abierto) que los premios son más que suculentos.

Os cuento un poco cómo va esto, por si queréis colaborar en que sea una receta muy compartida. Es tarde ya, porque el concurso lleva convocado desde mayo, pero bueno, nunca es tarde si la dicha es buena. Se puede ganar un premio si la receta es muy compartida en las redes, pero tiene que ser compartida desde la web de Bimbo, no desde la mía.

Así que si queréis colaborar, debéis pinchar AQUI y os lleva al enlace desde el que tenéis que compartir la receta. Os estaré eternamente agradecida si colaboráis. Eso sí, siempre que os guste el bocata!! Aquí compromisos los justos!

Vamos a ponernos manos a la obra y participar con esta receta en http://www.sandwichthins.es/ y que sea lo que Ellos quieran!! #Ea

VAMOS A NECESITAR:

Un panecillo integral de Thins
4 palitos de cangrejo
1 huevo cocido
3 cucharadas grandes de mayonesa
2 filetes de salmón ahumado
canónigos
brotes de rabanitos


VAMOS A PREPARARLO:


En primer lugar haremos una chaca. Ya la hicimos en el croissant marinero aunque con lechuga. Hoy sólo picar palitos y huevo y mezclarlo con la mayonesa.

Muy fácil: el pan Thins viene ya abierto. Es finito y sabe muy rico y además tiene poquísimas calorías y lo curioso es que aguanta bien el relleno. No se rompe desparramando el contenido, como suele pasar con otros panes finos, así que podéis ponerle buena cantidad de lo que queráis, que lo aguanta todo!!

La primera opción era tostarlo un poquito, pero en realidad, como este relleno iba a ser frío, no lo creí necesario. Así que en frio, tal cual viene en el paquete, abrimos el pan y vamos rellenando.

Primero una buena cama de canónigos, que son suaves. Sobre estos ponemos un par de buenas cucharadas de la chaca preparada. Sobre esta el salmón. No seáis tacaños, ponerle una buena cantidad, que, junto con el pan, es el rey en este bocata. Y sobre el salmón, el toque de amargor que le da un punto especial con los brotes de rabanitos.

Lo siento, no pude resistir la tentación de darle un bocado antes de hacer la foto... Os prometo que no solo es saludable, también es delicioso!! Probadlo y me lo contáis. Vale?

Ahora a compartir!!!! Chao