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miércoles, 17 de agosto de 2016

RAVIOLIS DE AJOARRIERO CON SALSA DE PIMIENTOS



Inevitablemente, en verano cambian nuestros hábitos. Fruto del calor o de las vacaciones, solemos tender a alejarnos de la tiranía del reloj y abandonarnos a una cierta laxitud en la que le cedemos el mando de los horarios al capricho de nuestro cuerpo. A mí me encanta poder dormir cuando tengo sueño, comer cuando el hambre lo reclame o moverte cuando te lo pide el cuerpo. Eso, para mí, son las auténticas vacaciones.
Y así me encuentro ahora, en plenas “vacaciones corporales”. Lo que sucede es que yo soy un poco “rarita”, y a veces el cuerpo me pide cosas que son como antojos para mí. Es entonces cuando me pongo manos a la obra en el fogón y me dejo ir… y disfruto… y gozo, pensando en lo rico que va a estar lo que ando preparando. Mucha gente piensa que uno de los placeres vacacionales de una cocinera es perder de vista los fogones y que sean otros los que te mimen, culinariamente hablando, pero no es mi caso. En verano, me gusta cocinar, totalmente liberada de algunos encorsetamientos que te impone la actividad profesional. Cocino lo que me apetece, sin prisas ni exigencias, experimentando, jugando, volviendo a ser esa niña que descubre la maravillosa alquimia que es la cocina.
Es entonces cuando surgen esas recetas nuevas, fruto de esa experimentación, un tanto especiales y que, para que no se pierdan, también dejo aquí, porque también me apetece compartirlas con vosotros.
Esta receta que hoy os dejo nació por la bendita culpa de un amigo, Fabio Gasparini, que tiene un blog llamado Cocino Italiano y que lleva tiempo pidiéndome una receta inspirada en la cocina italiana que pueda incluir en su blog, ya que admite participaciones de otros cocineros. He de decir que dicho encargo me producía un enorme respeto, ya que hacer una buena receta “italiana” que pasara por el filtro y la aceptación de un exigente “cuoco” como Fabio era sumamente complicado.
Al final, la cosa fue simple, un poco fruto de la improvisación y huyendo de la sofisticación que a veces nos hace buscar el “Triple salto mortal” en lugar de optar por lo deliciosamente sencillo. Una tarde de ocio (de las que no abundan, la verdad…) abrí la nevera y encontré unas cuantas cosas que me sugirieron esta receta. Todo iba a ser una pequeña aventura, partiendo de estrenar la máquina de hacer pasta que hacía meses que tenía arrumbada en un cajón, sin desembalar.
Espero, amigo Fabio, que mi receta sea de tu agrado y que te guste tanto o más que a los míos, que lo degustaron con una sonrisa en la boca. O sea, que muy malo no estaría…


INGREDIENTES:

PARA LA PASTA:
·         100 gs de harina fina de maíz
·         1 huevo de tamaño L
·         Una pizca de sal
PARA EL RELLENO:
·         Unas migas de bacalao en su punto de sal (unos 200 gs)
·         Unas  gambas crudas (creo que puse unas 8)
·         Medio pimiento rojo
·         Medio pimiento verde
·         Media cebolla
·         Un diente de ajo muy picado
·         Tres cucharadas de tomate frito
PARA LA SALSA:
·         Las cabezas y pieles de las gambas
·         Un bote de pimientos de piquillo
·         200 ml de nata (35 gr mg)
·         Un chorrito de coñac
·         Una pizca de sal

ELABORACIÓN:

LA PASTA:

No resulta excesivamente complicado hacer pasta fresca. En realidad, es sumamente fácil, aunque como a todo hay que “pillarle el punto”. He de deciros que esta vez tuve que hacerla dos veces, ya que la primera se secó (por descuido mío), aunque por suerte ya estaba estirada y pude aprovecharla para hacer unos estupendos tallarines. ¡Aquí no se tira nada!

Fue otra italiana; Anna Mayer de Panepanna, cuando vino a Flow Cooking a dar uno de sus talleres de cocina italiana, la que me descubrió los sencillos secretos de la elaboración de la pasta. Es muy sencillo. Primero hacemos un volcán con la harina y en medio ponemos el huevo y la sal. Con un tenedor vamos removiendo el huevo e incorporando poco a poco la harina a la masa. Cuando ya está hecha una bola, la amasamos durante unos 8 o 10 minutos, la tapamos con film y la dejamos reposar una media horita en la nevera.
A partir de ese momento, ya la podemos sacar y estirar (espolvoreando harina para que no se nos pegue a la superficie de trabajo) con un rodillo, o con una máquina de hacer pasta.


EL RELLENO:

Para el relleno utilicé unos “recortes” que me sobraron tras limpiar un buen bacalao para marinarlo. Los trozos que descarto para dejar el lomo bien limpio, los pico y los guardo para hacer hamburguesas, buñuelos, brandada o, como en esta ocasión, para un ajoarriero, que me encanta. Esta vez  lo piqué todo bien fino para poderlo usar como relleno.
Comencé por la cebolla, luego incorporé el pimiento, los ajos, el bacalao y las gambas peladas.
Bien sofrito despacio en un buen aceite de oliva Virgen Extra. Todo cortado en una brunoise fina, para que el relleno no nos quede demasiado basto. Por último, añadí un poco de buena salsa de tomate frito y lo reservé, dejándolo atemperar o incluso enfriar del todo antes de añadirlo a la masa.


LA SALSA:

Para la salsa usé una buena lata de pimientos del piquillo que confité poniendo a fuego muy, muy lento, con unos ajos enteros y sin pelar (solo con un golpe) y un hilo de aceite con ese jugo que traen en el bote. Los escurrí bien y los trituré en un puré finísimo.

Se me ocurrió entonces darles un toque de sabor y recordé que tenía las cabezas y los cuerpos de haber pelado las gambas del ajoarriero. Los puse a sofreír. Una vez bien sofritos, eché un chorrito de coñac y los flambeé. Luego, un poquito de leche y a dejarlos reducir. Siempre lo hago con agua, pero esta vez buscaba algo más cremoso y se me ocurrió cambiar el agua por la leche.
Lo trituré bien, lo colé y lo volví a poner al fuego, esta vez incorporando la nata y unas cucharadas del puré de pimientos. Le fui dando vueltas, hasta conseguir la cremosidad que buscaba y la consistencia perfecta para la salsa.

EMPLATADO:

No os voy a contar la técnica de hacer un ravioli, porque yo la hice un poco a mi manera, estirando la masa todo lo que pude (creo que la dejé en el número 3 o no sé si llegué al 2) y luego cortando cuadrados de más o menos 5 cm. de lado. Puse en el centro un poco del relleno y tapé con otro cuadrado, pintando antes con un pincel mojado en agua los bordes para que pegaran y se cerraran bien. Por último, pasé el cortapastas para dejar ondulados y bien sellados los bordes.
A partir de aquí, la cosa es bien fácil. Simplemente se trata de cocerlos en abundante agua salada durante unos 10 o 12 minutos, dependiendo de si nos gustan “al dente” o un poco más “blanditos”. Se sacan del agua y se escurren bien.

Para presentar estos deliciosos raviolis, ponemos dos o tres en cada plato, con una base de la salsa y adornándolos con unas gotas de pesto de albahaca y unas hojas frescas de esta aromática planta.
Honestamente, el resultado fue espectacular, y es por eso que me animo a compartirlo con Fabio. Amigo, espero que te guste. Ha sido un placer y un honor formar parte de Cocino Italiano.



Un saludo para todos.  

martes, 5 de abril de 2016

ALBONDIGUILLAS CON SALSA DE ALMENDRAS



Las albóndigas son uno de los platos más populares de nuestra gastronomía. Y como suele ocurrir en estos casos, cada uno tiene su propio “truquillo” para prepararlas: carne de cerdo, de ternera, de pollo o incluso de cordero. Y en la cuestión del adobo, ahí sí que podemos llegar a las manos. Nadie lo hace igual, e incluso yo misma cambio las proporciones e ingredientes de una ocasión para otra. Podríamos decir que esta joya de nuestra gastronomía causa las mismas discusiones que la paella, y cada cocinero se erige en dueño de la Verdadera Receta de las Albóndigas. Incluso para denominarlas hay discusiones, y al final la Real Academia Española ha acabado aceptando el término “almóndigas”…

El caso es que hace unos días, en uno de los talleres que realizamos en Flow Cooking (¿cómo, que no sabes qué es? ¡Ya estás tardando en conocernos!) , intentando recopilar recetas de esas de la “batalla diaria” en nuestra cocina, brillaba con luz propia la salsa de las albóndigas. Difícil tarea, elegir una entre un millón, pero ojeando algunos libros encontré una que se acercaba mucho a una de las que hacía mi abuela, con una salsa que espesaba a base de almendra. Ella era mucho de usar almendras en sus guisos. Aparte de la aportación de un delicioso toque crujiente, y del sabor natural que proporcionaban, con las almendras conseguimos una textura especial en salsas como las del pollo en pepitoria o la que vamos a desarrollar, para enjugar las albondiguillas, que ella hacía pequeñitas para que se empaparan mejor del sabor de la salsa.

Así que esta es la receta que os traigo hoy. Hace unos días la hice de nuevo para mi familia, la publiqué en mi galería de Instagram y mucha gente me pidió la receta. Con un poco de pan (si es casero y del bueno, ya podemos rozar el Nirvana) tendréis para mojar. Eso sí, haced bastante cantidad, porque los hambrones de mi casa no dejaron ni para llevarle a los abuelos unas pocas… Espero que disfrutéis preparándolas y más todavía gozándolas en la mesa, y os animo a que experimentéis para conseguir un toque personal que las hará exclusivas y os hará entrar en el selecto club de Auténticos Conocedores de la Receta de las Albóndigas.



INGREDIENTES (Para 6 u 8 personas) 

-60 gramos (más o menos) de miga de pan.
-3 o 4 cucharadas de leche.
-500 g de carne magra de cerdo (también puede ser ternera, cordero o mezcla) picada.
-1 cebolla grande bien picada (triturada también sirve).
-1 diente de ajo grande, majado. 
-2 cucharadas de perejil picado y un poco más para adornar al final.
-2 huevos.
-Nuez moscada (recién rallada). 
-Harina para rebozar.
-Un chorrito de aceite de oliva (como 2 cucharadas). 
-Zumo de limón, al gusto.
-Sal y pimienta.
-Pan para acompañar. 

Para la salsa: 
-2 cucharadas de aceite de oliva
-25 g de pan (yo uso las cortezas del que utilicé para las albóndigas) 
-120 g de almendra pelada y algo picada, cruda. 
-150 ml de vino blanco seco 
-2 tomates rallados 
-450 ml de caldo de verduras
-Sal y pimienta

ELABORACIÓN: 

Primero vamos a preparar las albóndigas; para ello, ponemos la miga de pan en un bol y le añadimos la leche. Cuando empape bien (unos cinco minutos en remojo será suficiente) lo echamos todo sobre la carne. Añadimos la cebolla bien picada muy fina, o si queréis ahorraros todo este trabajo, la trituráis con cualquier robot que tengáis en casa junto con el ajo y el perejil. Lo volcamos todo sobre la carne. Añadimos los huevos, la sal, la pimienta y la nuez moscada. Y ahora viene lo divertido. Tenéis que mezclarlo todo bien. Para ello, no dudéis en meterle mano y apretar la carne entre vuestros dedos para que quede una pasta homogénea.

Si os gusta que tengan un sabor más fuerte o picante, podéis jugar con las especias y añadir algún massala que las enriquezca aún más y les dé vuestro toque particular. 

Una vez preparada la carne, yo la dejo reposar unas horas en la nevera. Si puedo, incluso una noche entera. 

Podréis ir haciendo las bolitas con la carne adobada. Para ello, vais tomando con una cuchara una medida que haga que todas sean más o menos del mismo tamaño, ya no solo por la estética, sino porque se cocinen todas por igual. Si os quedan unas grandes y otras pequeñas, es posible que unas estén mejor hechas que otras o no cojan todo el sabor por igual. Una vez que hayáis conseguido una bola amasándola entre las dos manos, la pasáis por harina y reserváis en una bandeja, sin que se amontonen unas con otras, o se os quedarán pegadas. 

Mientras tanto, poned aceite de oliva a calentar (TRUCO: Yo las frío en un cazo hondo y pequeño, para ahorrar aceite y que no salpiquen tanto. Así quedan completamente sumergidas y se fríen fenomenal) y las vais friendo en tandas de 5 o 6. Dorarlas un poquito. Tampoco hace falta que las friáis mucho, porque luego si no, os quedarán muy duras en la salsa. Las sacáis y reserváis en un papel hasta que tengáis la salsa preparada.

Para hacer esa salsa, calentad un poco de aceite (si queréis del mismo en el que habéis frito las albóndigas) en una sartén o cacerola baja donde os quepan luego todas las albóndigas que habéis preparado. Freíd el tomate rallado (también podéis usar una cucharadita de concentrado de tomate, o prescindir de él, que yo también lo hago a menudo) y cuando haya evaporado toda el agua y empiece a salir el aceite de nuevo, echad el pan picado (la corteza que teníamos reservada), la almendra (picada también, pero no triturada) y, sin dejar de remover, sofreír bien hasta que estén dorados. Añadir el ajo y freír ligeramente. Echar el vino y dejar que hierva un poco. 
En esta misma receta, podemos prescindir del tomate.

Agregamos el caldo y mezclamos bien con la salsa. Entonces echaremos las albóndigas y las dejaremos cocer unos 20 o 25 minutos hasta que estén tiernas. Probar y rectificar de sal al gusto. 

Podemos echarles un poco de zumo de limón al final, si es vuestro gusto. 
Yo las sirvo en una fuente, con la salsa por encima y (si no se me olvida, como en este caso que veis en la foto de portada) las espolvoreo con un poco de perejil picado para adornar. 

Y ya está, ya podemos atacarlas, armados de un buen pan para mojar. Puro vicio.

Espero que os haya gustado esta receta “albondigueril” y que los vuestros la disfruten tanto como mi familia.

¡Un saludo, y hasta otra!

Mamen




miércoles, 30 de diciembre de 2015

CREMA DE PERDIZ



Cuando te gusta cocinar y la elaboración de un plato te atrapa, se apodera de ti, te da igual que sea fiesta, que tengas mil cosas que hacer o que se te amontonen las cacerolas en el fogón. Con ilusión y ganas, todo lo malo que conlleva el trabajo se compensa cuando ves el resultado final. Mágicamente desaparecen las penalidades, la cola del super, el trayecto cargada de viandas, los engorrosos viajes para comprar algún ingrediente que se te olvidó, la cocina como un campo de batalla o las horas invertidas para vigilar y mimar tu guiso frente al fogón. Salvando las distancias, es como un parto: al tener tu bebé entre los brazos, se te olvida todo el dolor que has pasado para traerlo al mundo.

Con la receta de la crema de perdiz me pasó esto. Hacía años que la había preparado, y recordaba que tuve que emplear un montón de perdices para que supiera a lo que yo quería, y aún así no quedó demasiado bien. En aquella ocasión creo que acabé incluso añadiéndole pan. Era un sabor que me revoloteaba por la mente, una receta de alguna abuela de la familia, y quería conseguir justo esa sensación. Tras esa primera intentona, hace poco volví a intentar rescatar esa receta de los recovecos de mi memoria. Y como dice el refrán, “quien la sigue la consigue”…

Esta Nochebuena pasada recibí el encargo de preparar una cena para una familia de doce personas. En esta época de yantares copiosos y pesados, casi siempre tiendo a incluir un plato de cuchara que no sea demasiado consistente, una buena sopa o una crema… Al principio pensé preparar una crema de zanahorias o de verduras, pero recordé esta crema, muy manchega y navideña, y la sugerí. Sin dudarlo, aceptaron mi propuesta.

Me puse a ello intentando combinar mis recuerdos de la receta con todo lo que he aprendido a fuerza de leer, de escuchar, de asistir a cursos y, sobre todo, de experimentar. Como una alquimista, combiné todos mis recursos y, sin pecar de falsa modestia, el resultado fue excelente. Tanto, que me he apresurado a compartirlo antes de que se me olvide todo lo que hice para llegar a tan satisfactorio final. Así que tomad nota, porque para mí estamos frente a un plato estrella.



INGREDIENTES (PARA UNAS 6-8 PERSONAS)

Un buen trozo de gallina (por lo menos un cuarto, y si es pechuga mejor) 
Un hueso de jamón (procura que tenga algo de chicha) 
Un par de puerros
Tres patatas pequeñas
Dos zanahorias
Dos perdices en escabeche, caseras o de lata
Harina de maíz
Sal, pimienta. 


ELABORACIÓN: 

En cuestión de las medidas de los ingredientes no soy de las cocineras puntillosas con las cantidades, suelo guiarme en cada momento por lo que me dicta la intuición. Sé que esto es un verdadero suplicio para los que sois más meticulosos con el tema, y entiendo que pueda desconcertaros que a veces tire de “ojímetro” para mis elaboraciones. Prometo intentar enmendarme para sucesivas elaboraciones y afinar más en el tema medidas. En esta ocasión, intentaré contaros, lo más aproximadamente que pueda, lo que usé para esta receta.

El día anterior a la preparación de nuestra crema elaboraremos un buen caldo de gallina, consistente, de los que salen espesos. Me encanta el olor que desprende un buen caldo. Este lo preparé con un trozo de gallina generoso y un buen trozo de jamón que puse a cocer juntos en abundante agua (como tres o cuatro litros, incluso más). Cuando notamos que el agua empieza a soltar espuma, la vamos apartando. Cuando ya ha dejado de salir, lo dejamos a fuego medio, para que vaya hirviendo despacito. Por lo menos lo dejaremos un par de horas. Es entonces el momento de incorporar las verduras. En esta ocasión, añadí toda la parte verde de un par de puerros que había usado para hacer un pastel (receta que os explicaré en otro momento, porque también salió deliciosa). Me gusta aprovecharlo todo y esta parte, para los caldos, va de maravilla. Unas patatas y un par de zanahorias nos ayudarán a aclarar un poco este consistente caldo.

Dejaremos enfriar nuestro caldito por la noche, para luego poder quitar la grasa que se generará en la superficie. Entonces procederemos a darle otro toque, que creo que es lo que le aporta el sabor: añadir el caldo de las perdices, ya sean caseras o de bote, con todo lo que contengan, es decir, laurel, ajos, pimientas… todo para adentro. Después desmenuzaremos las perdices y todos los huesos y trozos de piel los echaremos también al caldo, reservando todas las mollitas que saquemos y procurando dejar apartadas por lo menos dos o tres pechugas.

Y, de nuevo, todo al fuego. Lo ponemos a hervir por lo menos otra horita. Será entonces el momento de rectificar de sal, colar el caldo y sacar todas las mollas de la gallina, que juntaremos con las de las perdices y trituraremos en la Thermomix o en la túrmix, echando poco a poco el caldo colado. Esto le dará consistencia a plato, aunque no la suficiente para convertirla en una crema. Eso lo vamos a conseguir con harina de maíz (la Maizena de toda la vida), que diluiremos en agua fría. Usaremos por lo menos dos o tres cucharadas soperas colmadas y un cuarto de litro de agua para unos dos litros y medio de crema. Si os gusta más espesa, podemos añadir otra poca. Una vez diluida en el agua, la incorporaremos a la crema sin dejar de remover. Observaremos como, paulatinamente, nuestra crema gana consistencia. Si nos parece demasiado espesa, añadiremos caldo, hasta conseguir el punto justo de cremosidad. Es ahora el momento de salpimentar al gusto.

Por último, para servirlo, cortaremos finamente las pechugas de las perdices que habíamos reservado y colocaremos un poquito de esta picada en cada plato, a modo de “tropezones”.

En la zona de Albacete es muy típica la caza de la perdiz, y hacerlas en escabeche es una tradición. Por eso, es frecuente tenerlas en casa. Os prometo que en un post sucesivo os explicaré cómo hacerlas.

Y sin más, quisiera aprovechar para desearos unas felices fiestas y que juntos podamos seguir disfrutando de estas joyas gastronómicas de nuestro acervo popular. Disfrutaremos de unos platos sencillos y deliciosos y evitaremos que estas joyas de nuestra tradición se pierdan en el olvido.

Un saludo,


Mamen.

viernes, 20 de noviembre de 2015

AJOHARINA CON GUÍSCANOS


Es tiempo de setas. Adoro ir al campo, pero si al placer de abandonar el asfalto por los olores y colores campestres unimos el aliciente de buscar deliciosos hongos, el deleite es doble. En nuestra tierra hay bastante afición por la micología, en gran parte debida a la abundancia de setas, sobre todo las de tipo “cardo” o “guíscanos”. Y precisamente estos sabrosos hongos van a ser los protagonistas de nuestra receta de hoy.
Los guíscanos también se conocen en otras zonas como “níscalos”. Son unas setas rojizas de intenso sabor a bosque, que se suelen encontrar en zonas  bastante descuidadas, por tener un tronco corto y quedar muy a ras del suelo.
Esta receta es una de las que heredé de mi abuela. Durante un tiempo estuvo arrumbada en un rincón de mi memoria, hasta que una amiga me recordó su existencia y decidí desempolvarla, añadiéndole algún aporte personal. Su elaboración es bastante sencilla, sin más secreto que unos buenos ingredientes y el cariño en su preparación. Es una receta que gana si la elaboras al amor de una buena lumbre.
Se puede preparar con harina de almortas, como la que se usa para elaborar gachas, y entonces tendrá mucho más sabor, pero no es un ingrediente imprescindible. Yo la he hecho con harina normal de trigo. Pero mejor, vamos paso a paso…

INGREDIENTES;

  • Aceite de oliva Virgen Extra
  • Pimiento rojo
  • Pimiento verde
  • Ajos
  • Una patata mediana
  • Cuatro cucharadas soperas y con colmo de harina de trigo
  • Poco más de un litro de agua, o caldo de verduras.
  • Guíscanos
  • Pimentón de la vera
  • Sal
  • Mix de especias; pimienta negra, pebrella, tomillo, mejorana, clavo y nuez moscada (todo picado)


ELABORACIÓN:

Empezaremos haciendo un sofrito con los pimientos, la patata y los ajos (que a mí me gusta incorporar previamente machacados con un golpe). Para hacerlo, cubriremos todo el fondo de la sartén con aceite. Aunque nos parezca que es demasiado aceite, tened en cuenta que luego hay que sofreír la harina, por lo que no escatimaremos. Cuando las verduras del sofrito estén algo pochadas, añadiremos los guíscanos. Es el momento de retirar los ajos y picarlos bien, retirando las pieles. De nuevo, los incorporaremos al sofrito.
Cuando las setas estén tiernas, añadiremos la harina. Yo calculo una buena cucharada sopera bien colmada por persona, y unos 250-300 ml.  de caldo por cucharada de harina, aunque todo depende del grado de espesor que le queráis dar al guiso. Vuestro gusto es el que os dictará. Si os parece demasiado espeso, siempre podréis añadir más caldo a medida que el guiso se vaya haciendo.

Sofreiremos bien la harina, hasta que tome un color tostado o dorado. Entonces echaremos una buena cucharada de pimentón y el mix de especias molidas, el cual también dosificaremos según nuestro gusto particular. Enseguida echaremos, poco a poco, el caldo caliente. Llegados a este punto, es mejor echar un poco de caldo, remover sin parar y, conforme se vaya espesando, ir añadiendo más. Debemos remover y luego bajar el fuego, dejándolo de vez en cuando reposar a fuego lento. Notaremos cómo hace pompas y va soltando el aceite, que será de color rojizo si le hemos puesto mucho pimentón. Es justamente en ese momento de “soltar el aceite” cuando tendremos nuestro guiso listo.

Os recomiendo tomarlo bien caliente. Es un guiso de los que “matan el frío”, reconfortante y con todo el sabor y olor de un bosque otoñal. Un guiso de los que piden pan para mojar y el acompañamiento de un buen vino tinto manchego, recio y potente. En definitiva, un plato que “sabe a Otoño”. Espero que os guste, si os animáis a hacerlo. Como sugerencia, se le pueden añadir otras verduras, como espárragos, que seguro lo van a complementar de manera deliciosa.

Un saludo.
Mamen






martes, 13 de agosto de 2013

UNA CENA DE VERANO

Os tengo que confesar una cosa; Lo cierto es que esta sección nació con la intención de mostrar un menú completo, donde se ofreciera desde el principio hasta el final una comida entera para uno o dos comensales. Y pensando qué preparar, me detiene muchas veces el hacer cuchiflitos complicados o imposibles de repetir, o incluso platos que no sean asequibles para una o dos personas, como por ejemplo un cocido. Jamás lo veréis en esta sección. Sería incapaz de hacer un cocido para dos!

Por eso no es tan fácil... o por lo menos a mi no me lo resulta. Así que no sé si seguiré ofreciéndoos el #Hoymelohagoyo con la cadencia de uno a la semana. Ya véis que en verano todo se ralentiza y encima de vacaciones y fuera de casa me parece muy difícil!  Eso sí... esta semana, aquí está y, como dicen en las películas, continuará...

Y sin más dilación voy a presentaros el menú de hoy, que tiene un puntillo original, ya lo veréis...
 
Si algo tengo muy claro es que en verano cuando mejor se está es por la noche. Ese fresquito de brisa lunar hace que sean horas especiales y muy aprovechadas. Así que acabamos por estirar tanto el día que apenas dormimos... Siesta si acaso!! que tampoco está nada mal.

Pues eso me pasó la otra noche. Hacía tanto calor que para nada me apetecía meterme en la cocina durante el día, por ello esperé a que bajara un poco el sol para preparar este menú. Y os aseguro que se hace rápido si sabes coordinar primero y segundo. Aunque la verdad es que no tenéis porqué preparar las dos cosas a la vez... Aprovechar esta ensalada de quinoa para cualquier día y las empanadillas para un aperitivo, una cenita o una sorpresa a vuestros invitados, sea la hora que sea.

PRIMER PLATO .......................................................... QUINOA CON MENESTRA
A lo mejor habéis oído hablar de la quinoa, o no. Os cuento que la quinoa es un grano; un pseudocereal que contiene todos los aminoácidos esenciales necesarios para la formación de las proteínas. De hecho la NASA comenzó a incluirlo en la dieta de los astronautas por su alto valor nutritivo y de ahí que fuera cogiendo fuerza en los mercados hasta ahora que es fácilmente localizable y a un precio relativamente asequible (a mi me ha costado medio kilo un poquito más de cuatro euros, pero da mucho de sí).

Ideal en dietas vegetarianas por su aporte proteico así como en dietas de deportistas  o de celíacos por su calidad nutritiva y ausencia de gluten. Además de las proteínas su componente mayoritario son los carbohidratos de lenta absorción y también contiene fibra, por lo que está muy indicada en las dietas para perder peso, para controlar el colesterol, hipertensión, enfermedades vasculares e incluso la diabetes. Si queréis saber más, echar un vistazo aquí.

Bien, ahora que ya os he convencido que tomar quinoa es muy bueno y saludable, os voy a enseñar cómo prepararla. Admite muchas combinaciones, pero lo principal es cocerla. Yo uso el  Rice&Grain de Lékué y la preparo en el microondas siguiendo las instrucciones del recipiente, donde te vienen las cantidades exactas para que salga en su punto y no necesites ni colarlo ni escurrirlo. Pero si no tenéis este artículo, se puede cocer en agua (un pelín salada) en la proporción de tres de agua por cada una de grano y hervir durante quince minutos. Escurrir y reservar.

VAMOS A NECESITAR;

Unos 100 g de quinoa
100 g de menestra de verduras congelada
50 g de jamón a tacos
Aceite de oliva
sal

VAMOS A PREPARARLO;

Esta vez la he preparado con un poquito de menestra de verduras congeladas que tenía guisantes, zanahorias, judías verdes, coles de Bruselas, alcachofas y habitas. Las he cocido  un poquito en agua salada, y las he escurrido y reservado.

En una sartén he salteado unos taquitos de jamón con un poquito de aceite de oliva, luego la menestra y por último he incorporado al sofrito la quinoa. Unas vueltas y a servir. Para refrescar, he puesto unas hojitas de hierbabuena, de las más tiernas. Emplatar y servir.

SEGUNDO PLATO ........................ "PLATILLOS VOLANTES" DE MORCILLA

No se si os habéis enterado que me dieron un premio los de Embutidos Rios por una tapa que presenté a un concurso. Pues con ese motivo me mandaron un lote completo de morcillas. Y era momento de aprovecharlas. Otra variante de morcilla de Burgos que enseguida me vino a la cabeza.

Estas empanadillas iban a ser originales en "fondo y forma" así que manos a la obra, porque teniendo buena materia prima no podían salir mal... era imposible!!

VAMOS A NECESITAR:

Morcilla de arroz
Manzana
Queso manchego
Obleas para empanadillas (de La Cocinera)
Un huevo

VAMOS A PREPARARLAS:

Estas morcillas son especiales. Tienen un sabor impresionante. A rodajas, las pasas un pelín por harina y a la sartén y ya están buenísimas. Pero vamos a hacerlo más original, hombre. Que lo merecen.

Con las obleas para empanadillas es superfácil. En un minutillo las vamos a tener, ya veréis: poner una oblea sobre el mismo papel que vienen preparadas. Sobre ella unas rodajitas finas de manzana,   un poco de morcilla (le quitáis la piel) encima y unos trocitos de queso manchego.

Las tapáis con otra oblea y las cerráis con un tenedor por todo el borde. Luego las pintáis con huevo batido y sin quitarlas del papel, para que no se os peguen a la bandeja, las ponéis en el horno precalentado a 200º durante unos 10 minutos más o menos.

No dejéis que se enfríen. A disfrutarlas!!

EL PAN ................................................... PANECILLO DE HAMBURGUESA RÚSTICO

Esta vez no necesitábamos mucho pan para comer... por eso elegimos estos panecillos que nos ofrecen los de Frialba y que en realidad son para hamburguesa. Aunque estoy segura de que les volveré a dar uso poniéndoles un relleno bueno de carne, porque me ha parecido espectacular.

Este pan está elaborado con harina de trigo y masa madre. Es de sabor suave al comer y miga un poco densa pero muy alveolada para aguantar rellenos consistentes. De corteza greñada y cocido en horno con suelo de piedra. No os digo nada!! Las hamburguesas con este pan tienen que ser como de otro mundo.

Nosotros lo comimos solo y era una delicia. Un poquito de aceite y tomate rallado y Mmmm!!

LA BEBIDA ........................................................................................... TINTO DE VERANO
 
Un tinto de verano es algo muy común, tanto que cada uno lo prepara a su manera. Yo a la mia que me está buenísismo y es la que os voy a compartir hoy. Pero vamos, que conseguir un buen tinto de verano no tiene más misterio que usar un buen vino, a ser posible un crianza joven y un refresco con gas, que bien puede ser casera o limón.
 
Yo lo preparo poniendo 2/3 partes de vino tinto, 1/3 de refresco de limón y un chorreón de vermout. Por supuesto, imprescindible hielo y unas rodajas de limón o un poco de corteza.
 
Para mí una bebida increíblemente refrescante y muy buena para este tiempo.
 
En casa solemos prepararlas en un porrón o redoma para beber todos. Es otra opción, o hacerlo en una jarra grande en cantidades mayores e ir sirviendo vasos.
 
Es tan sencillo que es igual hacerse un vaso que un litro!!
 
 
EL POSTRE .......................................................................................MENTIRETA

Esta vez he preparado un postre muy muy refrescante. Es un cócktail típico de Alcoy que trajo a casa mi amigo Juanje. Es muy fácil de preparar, pero es imprescindible que tengáis Cerol. Es una bebida hecha a base de café con un 17% de alcohol.

La hemos combinado con limón granizado y os aseguro que está buenísima. Ahora sí, andar con ojo que como refresca te puedes pasar y "roscarte" un poco.

Se prepara poniendo 3 partes de limón granizado por una parte de Cerol (aunque esto va en gustos, podéis añadir más o menos). Y os recomiendo que lo bebáis despacito, porque se sube a la cabeza!!

 
 

Espero que os guste este menú. Que lo probéis y que me digáis qué os ha parecido.

Menaje y mantelería gentileza de .... Casa Home



viernes, 12 de julio de 2013

MENU PLAYERO


Esta vez pensaba que no iba a poder traeros el menú semanal, la verdad. Esto de estar de vacaciones fuera de casa se presenta raro en cuanto a la organización normal. No sabes cómo ni cuando vas a poder hacer las cosas y si vas a tener recursos o si vas a quedar a  la altura esperada.

La verdad que pensé en coger vacaciones de todo y desconectar, pero no me parece justo... Sé que hay gente esperando y aunque solo sean dos o tres, no les puedo defraudar. Así que aquí me tenéis. Menos bonito o peor presentado, pero sin duda, igual de bueno que siempre... porque siempre sale bueno, a que si?? jajaja

Esta vez un menú para una cena ligera y fresquita con un plato de lujo como es el Salpicón de pulpo y con un clásico no menos lujoso como es el melón con jamón.

Lo que no he tenido hoy es la colaboración de Frialba, que me dejó el pan preparado y se me olvidó en casa... jo. Lo siento un montón. Encontré un pan integral con semillas, pero nada comparable a lo que vosotros me acercáis. De verdad, siento haber tenido este fallo.

El vino lo voy a elegir yo esta vez. No soy ninguna experta pero sí se lo que me gusta, y este menú merece un vino de mi tierra que me parece ideal y que marida perfectamente a mi humilde entender. Pero os lo presento en su momento.

Vamos a ponernos en faena y a presentaros el menú completo y veréis qué fácil y rápido lo hacemos hoy... Coger cubiertos y manos a la obra!!

PLATO PRINCIPAL ..................................................  SALPICÓN DE PULPO

No sé si este plato se debe llamar así, o si es una vinagreta, o si se debe hacer de alguna otra forma. Yo lo hago así y os prometo que queda bien rico. Lo que no os voy a especificar son las cantidades exactas de cada cosa. Esto va en gustos y se puede poner más de lo que más nos guste y menos de lo que no nos hace tanta gracia, o incluso prescindir totalmente. Así que cada cual lo elabore como prefiera.

VAIS A NECESITAR;

Pulpo cocido
Gambas cocidas peladas
Una lata de berberechos o almejas al natural
Palitos de cangrejo
huevo cocido
cebollitas en vinagre o con sabor a anchoa
Pimiento verde, rojo y amarillo
Tomates cherry
Aceitunas negras.
Aceite, vinagre, lima y pelín de sal

VAMOS A PREPARARLO;
 
En primer lugar debemos tener el pulpo cocido. Podía daros muchas señas de cómo cocer un pulpo, pero es fácil encontrarlo cocido... y como vamos a lo fácil, pues vamos a partir de tenerlo ya hecho. De todos modos, para cocer un buen pulpo podéis seguir los consejos de la web de  Gourmet y Gastronomía que lo explican superbién...
 
Partimos el pulpo. Lo troceamos generosos... no los hagáis trozos demasiado pequeños. A mi en la vinagreta me gusta pinchar y saber lo que como, no todo tan picado que no se sepa lo que estás cogiendo... pero bueno, eso va en gustos y ese es el mío.
 
Después pelamos las gambas y se las vamos añadiendo. Luego abrimos la lata de berberechos o almejas. Reservad el caldo, no lo tiréis... Lo usaremos más tarde.
 
Luego los palitos de cangrejo. Si queréis añadirle más cosas, como mejillones o cualquier otro marisco podéis hacerlo. No tenéis que restringiros a solo esto.
 
Y luego las verduras. Se puede poner cebolla tierna, de la más dulce, pero a mi me gustan muchísimo estas cebollitas en vinagre pequeñas de bote y más aún si son con sabor a anchoa.. Esas ya me flipan!
Así que si tengo de estas, se las pongo sin partir ni nada, así enteras. Lo que sí parto por la mitad son los tomates cherri. Y por supuesto, bien troceados los pimientos. Me gusta ponerle de todos; rojo, verde y amarillo, por el colorido que le dan al plato. Por eso uso igualmente las aceitunas negras. Por eso de darle otro color más.
 
Por último, una vez cocidos y enfriados los huevos, separamos las yemas de las claras. Las claras las troceamos y añadimos a la vinagreta y las yemas las picamos en un bote de cristal. Ahora viene el truco; le añadimos ese caldo de la lata de almejas, un chorreón de vinagre de vino (no hace falta que sea de Módena, pero si os gusta especialmente, podéis poner de éste), un pelín de sal y una buena cantidad de aceite de oliva (AOVE) Virgen Extra. Agitad bien el bote para que se emulsione toda la mezcla y añadirlo por encima a la vinagreta.
 
Dejar reposar por lo menos una hora en la nevera. Al momento de servirlo, remover bien todo para se que mezclen los sabores con toda la salsa y a comer!!!
 
SEGUNDO PLATO....................................................... MELÓN CON JAMÓN
 
Hoy no era por no cocinar. Es que este plato me encanta y no quería dejar de traeros esta delicia. Lo único que he hecho ha sido intentar una presentación un poco original, pero no tiene ningún misterio, sólo el que necesitáis un "sacabolas" para hacer bolitas de melón y luego pinchar en un palillo para presentarlo junto con el jamón.
 
Se pueden poner tacos de jamón en la brocheta, pero a mí me resulta mucho más agradable comerlo en filete fino, pero eso sí, poner una buena cantidad de jamón. Que esté el bocado equilibrado entre el trozo de melón y el jamón que te llevas a la boca.
 
VAIS A NECESITAR;
 
Un sacabolas,
Palillos
Melon
Jamón serrano a lonchas finas.
 
No tengo que explicaros cómo prepararlo, verdad?? Ya lo veis en la foto... Es muy sencillo pero a la vez muy llamativo y delicioso.
 
POSTRE .................................................... COCKTAIL DE FRUTA TROPICAL CON YOGUR
 
Desde luego que la fruta en verano se "disfruta" más que en todo el año. Pero esta vez nos hemos ido a un cócktail de frutas tropicales con un poco de papaya, piña y algo más que teníamos por aquí...
 
VAIS A NECESITAR;
 
Un trozo de piña
Un trozo de papaya amarilla
Un trozo de mango
Un chorrito de Cointreau
Yogur griego
Hojitas de menta
 
VAMOS A PREPARARLO
 
Troceamos la fruta. Luego le echamos un chorrito del licor y lo dejamos macerar una hora por lo menos. 
 
Luego montamos el postre poniendo la fruta debajo, dejando caer sobre esta el yogur griego y decorándolo con un par de hojas de menta.
 
LA BEBIDA ................................................................. HOY MARIDO YO!! EA
 
Hoy no he necesitado ayuda de nadie. No soy ninguna experta somelier ni entendida en caldos ni nada de eso. Pero cuando hay algo que me gusta y me sale bien, me agrada compartirlo. Así que hoy elegí yo el vino y creo que ha sido todo un acierto con este menú. Porque nos estuvo buenísimo.
 
El vino en cuestión es un blanco de uva Macabeo de D.O. La Mancha, hecho en Tomelloso (Ciudad Real) que se llama Añil.
 
A lo mejor, no sé explicaros del todo bien las características de este vino. Pero me voy a acercar a la bodega y que sean ellos los que nos lo expliquen... 
 
"Vino blanco elaborado con uvas de la variedad Macabeo, también denominada Viura. Presenta un color pálido acerado con reflejos tenues verdosos,  muy limpio y brillante.
En la nariz suceden largos aromas florales y frescos propios de la variedad acomplejados aromas frutosos que recuerdan las frutas tropicales con notas de maracuyá lo que invita a recrearse en la copa largo tiempo.
Muy franco de sabor, sabroso, fresco, afrutado de gran finura, destaca la armonía entre sus componentes y la sedosidad e su paso, siendo el final de boca largo y persistente.
 
Su aguja natural, unido a su acidez bien combinada con el alcohol le confiere una extraordinaria frescura.
 
Acompaña a pescados y mariscos , así como postres, quesos suaves y ensaladas .    
 
Temperatura de servicio de 7 º a 8º C.
Bodega Vinícola de Tomelloso S.C.L.     D.O. La Mancha. "