Mostrando entradas con la etiqueta carnes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta carnes. Mostrar todas las entradas

lunes, 6 de marzo de 2017

CRESTAS EN ESCABECHE DE PIMENTÓN



Hay personas que me hacen la Gran Pregunta: “¿Por qué te gusta tanto tu trabajo?”.  Siempre respondo lo mismo, quizás porque mi respuesta siempre ha estado en mi corazón desde que decidí dedicarme a la cocina en cuerpo y alma. Me gusta mi trabajo porque, a pesar de lo duro que puede resultar a veces, para mí no lo es. Cocinar es mi pasión, y la pasión es lo contrario de la desgana y la apatía. Es entusiasmo, alegría, goce… Por eso me gusta mi trabajo.

Otra cosa es todo lo que rodea a ese núcleo de Pasión que me sigue motivando tanto o más que el primer día. Los que sois autónomos me comprenderéis a la perfección. Cuadrar cuentas, hacer papeleo, ajustar gastos, rezar para que ningún imprevisto haga bailar peligrosamente la cuerda floja en la que nos movemos… ¿Qué os voy a contar? Paradójicamente, cuando eres tu propio jefe te conviertes en el jefe más severo, porque tu margen de maniobra es mínimo.

Os seré sincera. Muchas veces, tras la sonrisa que me provoca el éxito de un catering, de una fiesta, de una receta especial, se ocultan algunas lágrimas por tener que bregar con factores que, en principio, deberían ser ajenos a lo que de verdad me importa, esto es, dar de comer y disfrutar con la satisfacción de los comensales, ver esas caras de felicidad…

Sí, llega un punto en el que estoy saturada, los números bailan en mi cabeza, se retuercen como piezas de un puzzle que no encaja, y es entonces cuando necesito evadirme, abrir una cervecita o servirme una copa de vino y… cocinar. Sí, lo sé, soy incorregible, pero es lo que me gusta. Os podrá resultar paradójico, pero lo que me ayuda a olvidar los sinsabores de llevar un negocio yo sola es volver a la esencia, a lo que me hizo abandonar un trabajo seguro para embarcarme en una aventura incierta: cocinar, cocinar y cocinar. Me gusta, para esos momentos de “kit kat”, elaborar una receta más especial, algo arriesgado, experimentar, jugar con los fogones como una alquimista con delantal.

Hoy ha venido Román y me ha traído un vino de La Luna para probar, concretamente un verdejo de Enate, y ayer Pedro, de la carnicería La Despensa, me ofreció unas crestas, además de un delicioso cordero lechal a un precio irresistible. Así que ayer dediqué la tarde a preparar una caldereta y hoy me voy a recrear en las crestas, que hace mucho que no comía.

Sé que ya tenéis una receta de crestas muy comentada aquí, pero hoy he decidido prepararla de otra manera, para darle al vino la oportunidad de ser también protagonista de este plato. He decidido prepararlas en una especie de escabeche con pimentón de la Vera y un verdejo muy prometedor. Así, que, con vuestro permiso, voy a proceder como dice el dicho, esto es, abriendo un vinito, sirviéndome una copa y colocando un buen fondo musical que amenice este rato de placer. Un buen delantal y ¡Ea, al lío!

Permitidme que os hable un poco de las crestas, que ya me parece estar viendo la cara de disgusto y asquete de algunos. Pues no. De verdad. ¡Es pollo y sabe a pollo! Otra cosa ya es la textura. Sí, son un poco gelatinosas, suaves en boca y al mismo tiempo consistentes. Entiendo que al principio os pueda costar un poco, pero hacedme caso: probadlas y luego juzgad. Creo que os llevaréis una gratísima sorpresa. Superada la “cosica” inicial, os aseguro que atacaréis este plato con gusto y disfrutaréis de este manjar.

Y sin más, vamos a la elaboración…



INGREDIENTES: 

1 kg de crestas 
Pimienta en grano (12-15 bolitas) 
1 cucharada Pimentón de la vera y media cucharadita de pimentón picante
Dos cucharadas soperas de salsa de tomate
Una cebolla mediana troceada en brunoise
Tres dientes de ajo laminados
220 ml vino blanco 
180 ml de vinagre 
100 ml de aceite de oliva Virgen extra (Olimpo) 
Sal y laurel. 

ELABORACIÓN: 


Para empezar, debemos repasar bien las crestas, que a veces pueden traer pieles o restos de pluma. Una vez bien limpias, las ponemos en una olla, cubiertas de agua con un poco de sal. Una vez que empiece a hervir, comenzará a salir una espumilla a la superficie. La retiramos con una espumadera y cambiamos el agua.

Herviremos las crestas en agua con unas bolas de pimienta, sal y unas hojas de laurel, entre veinte minutos y media hora en la olla a presión.

Mientras, prepararemos el sofrito. Este “escabeche” que he hecho hoy quizás se salte algunas de las normas de lo que sería un escabeche al uso Yo he empezado por freír una buena ajada y añadirle el pimentón, ya que la salsa de tomate y la cebolla las tenía previamente fritas. Normalmente, al escabeche le suelo poner todos los ingredientes en crudo, y hoy va todo frito. Así que, ciñéndonos a lo estricto, de escabeche solo tiene el pochado con los caldos (vino y vinagre), pero ya os he dicho que en la elaboración de mis “recetas desestresantes” me permito algunas licencias…

Una vez que estén dorados los ajos, añadiremos el pimentón, con cuidado de que no se nos queme. Enseguida, la salsa de tomate y la cebolla. Removeremos bien y echaremos el vino y el vinagre.


Llegados a este punto, será el momento de incorporar las crestas, escurriéndolas de su caldo, que usaremos solo para cubrirlas una vez que las hayamos pasado todas al “escabeche”, si no quedaran del todo sumergidas en la salsa.

Las dejaremos a fuego medio otra media horita, más o menos, bien tapadas. La salsa reducirá bastante y las crestas quedarán blanditas y jugosas.
  
Un plato de los de antes, que sorprende a los de ahora. No dejéis de probarlo y, sobre todo, de disfrutar cocinando. 


Un saludo. 



martes, 5 de abril de 2016

ALBONDIGUILLAS CON SALSA DE ALMENDRAS



Las albóndigas son uno de los platos más populares de nuestra gastronomía. Y como suele ocurrir en estos casos, cada uno tiene su propio “truquillo” para prepararlas: carne de cerdo, de ternera, de pollo o incluso de cordero. Y en la cuestión del adobo, ahí sí que podemos llegar a las manos. Nadie lo hace igual, e incluso yo misma cambio las proporciones e ingredientes de una ocasión para otra. Podríamos decir que esta joya de nuestra gastronomía causa las mismas discusiones que la paella, y cada cocinero se erige en dueño de la Verdadera Receta de las Albóndigas. Incluso para denominarlas hay discusiones, y al final la Real Academia Española ha acabado aceptando el término “almóndigas”…

El caso es que hace unos días, en uno de los talleres que realizamos en Flow Cooking (¿cómo, que no sabes qué es? ¡Ya estás tardando en conocernos!) , intentando recopilar recetas de esas de la “batalla diaria” en nuestra cocina, brillaba con luz propia la salsa de las albóndigas. Difícil tarea, elegir una entre un millón, pero ojeando algunos libros encontré una que se acercaba mucho a una de las que hacía mi abuela, con una salsa que espesaba a base de almendra. Ella era mucho de usar almendras en sus guisos. Aparte de la aportación de un delicioso toque crujiente, y del sabor natural que proporcionaban, con las almendras conseguimos una textura especial en salsas como las del pollo en pepitoria o la que vamos a desarrollar, para enjugar las albondiguillas, que ella hacía pequeñitas para que se empaparan mejor del sabor de la salsa.

Así que esta es la receta que os traigo hoy. Hace unos días la hice de nuevo para mi familia, la publiqué en mi galería de Instagram y mucha gente me pidió la receta. Con un poco de pan (si es casero y del bueno, ya podemos rozar el Nirvana) tendréis para mojar. Eso sí, haced bastante cantidad, porque los hambrones de mi casa no dejaron ni para llevarle a los abuelos unas pocas… Espero que disfrutéis preparándolas y más todavía gozándolas en la mesa, y os animo a que experimentéis para conseguir un toque personal que las hará exclusivas y os hará entrar en el selecto club de Auténticos Conocedores de la Receta de las Albóndigas.



INGREDIENTES (Para 6 u 8 personas) 

-60 gramos (más o menos) de miga de pan.
-3 o 4 cucharadas de leche.
-500 g de carne magra de cerdo (también puede ser ternera, cordero o mezcla) picada.
-1 cebolla grande bien picada (triturada también sirve).
-1 diente de ajo grande, majado. 
-2 cucharadas de perejil picado y un poco más para adornar al final.
-2 huevos.
-Nuez moscada (recién rallada). 
-Harina para rebozar.
-Un chorrito de aceite de oliva (como 2 cucharadas). 
-Zumo de limón, al gusto.
-Sal y pimienta.
-Pan para acompañar. 

Para la salsa: 
-2 cucharadas de aceite de oliva
-25 g de pan (yo uso las cortezas del que utilicé para las albóndigas) 
-120 g de almendra pelada y algo picada, cruda. 
-150 ml de vino blanco seco 
-2 tomates rallados 
-450 ml de caldo de verduras
-Sal y pimienta

ELABORACIÓN: 

Primero vamos a preparar las albóndigas; para ello, ponemos la miga de pan en un bol y le añadimos la leche. Cuando empape bien (unos cinco minutos en remojo será suficiente) lo echamos todo sobre la carne. Añadimos la cebolla bien picada muy fina, o si queréis ahorraros todo este trabajo, la trituráis con cualquier robot que tengáis en casa junto con el ajo y el perejil. Lo volcamos todo sobre la carne. Añadimos los huevos, la sal, la pimienta y la nuez moscada. Y ahora viene lo divertido. Tenéis que mezclarlo todo bien. Para ello, no dudéis en meterle mano y apretar la carne entre vuestros dedos para que quede una pasta homogénea.

Si os gusta que tengan un sabor más fuerte o picante, podéis jugar con las especias y añadir algún massala que las enriquezca aún más y les dé vuestro toque particular. 

Una vez preparada la carne, yo la dejo reposar unas horas en la nevera. Si puedo, incluso una noche entera. 

Podréis ir haciendo las bolitas con la carne adobada. Para ello, vais tomando con una cuchara una medida que haga que todas sean más o menos del mismo tamaño, ya no solo por la estética, sino porque se cocinen todas por igual. Si os quedan unas grandes y otras pequeñas, es posible que unas estén mejor hechas que otras o no cojan todo el sabor por igual. Una vez que hayáis conseguido una bola amasándola entre las dos manos, la pasáis por harina y reserváis en una bandeja, sin que se amontonen unas con otras, o se os quedarán pegadas. 

Mientras tanto, poned aceite de oliva a calentar (TRUCO: Yo las frío en un cazo hondo y pequeño, para ahorrar aceite y que no salpiquen tanto. Así quedan completamente sumergidas y se fríen fenomenal) y las vais friendo en tandas de 5 o 6. Dorarlas un poquito. Tampoco hace falta que las friáis mucho, porque luego si no, os quedarán muy duras en la salsa. Las sacáis y reserváis en un papel hasta que tengáis la salsa preparada.

Para hacer esa salsa, calentad un poco de aceite (si queréis del mismo en el que habéis frito las albóndigas) en una sartén o cacerola baja donde os quepan luego todas las albóndigas que habéis preparado. Freíd el tomate rallado (también podéis usar una cucharadita de concentrado de tomate, o prescindir de él, que yo también lo hago a menudo) y cuando haya evaporado toda el agua y empiece a salir el aceite de nuevo, echad el pan picado (la corteza que teníamos reservada), la almendra (picada también, pero no triturada) y, sin dejar de remover, sofreír bien hasta que estén dorados. Añadir el ajo y freír ligeramente. Echar el vino y dejar que hierva un poco. 
En esta misma receta, podemos prescindir del tomate.

Agregamos el caldo y mezclamos bien con la salsa. Entonces echaremos las albóndigas y las dejaremos cocer unos 20 o 25 minutos hasta que estén tiernas. Probar y rectificar de sal al gusto. 

Podemos echarles un poco de zumo de limón al final, si es vuestro gusto. 
Yo las sirvo en una fuente, con la salsa por encima y (si no se me olvida, como en este caso que veis en la foto de portada) las espolvoreo con un poco de perejil picado para adornar. 

Y ya está, ya podemos atacarlas, armados de un buen pan para mojar. Puro vicio.

Espero que os haya gustado esta receta “albondigueril” y que los vuestros la disfruten tanto como mi familia.

¡Un saludo, y hasta otra!

Mamen




jueves, 10 de diciembre de 2015

CALDERETA DE CORDERO MANCHEGA

Imagen de Javier Vega
¡Hola, amigos y amigas! 
Me llamo Andrés, vivo en un pequeño pueblecito de Catalunya y por una vez, y con su beneplácito, voy a sustituir a Mamen en la presentación de esta deliciosa receta, una exquisita caldereta de cordero manchega, un plato que sin grandes alardes va a desplegar en nuestro plato un auténtico festival de sabor y olor. 
¿Y por qué presenta este individuo la receta?, os preguntaréis. Pues veréis, la verdad es que ha sido un capricho, y Mamen me lo ha permitido, con su bondad habitual. Hay algunas recetas que, como una buena canción o una buena película, o incluso un buen cuadro, se asocian indisolublemente a un momento determinado de nuestra vida. Esta receta es especial para mí, entre otras cosas porque tuve la oportunidad de disfrutarla entre amigos en un ambiente verdaderamente especial. El 14 de Agosto de este año que está a punto de exhalar sus últimos suspiros, Mamen y su encantadora familia sentaron sus reales durante un par de días en el pueblo de Sitges, en la costa de Barcelona, y tuvieron a bien invitarnos a un servidor y a dos conocidos más de Twitter, Javier y Marta, a una degustación en un pequeño y coqueto bar de la localidad. Como uno sabía de las habilidades culinarias de Mamen, pues me dejé llevar, como cuando la Pantera Rosa volaba sinuosamente atraída por el olor de un delicioso guiso. Aparte de eso, tenía la oportunidad de departir con Mamen, Javier y Marta, y jamás se le dice que no a una tardecita en Sitges en buena compañía. Así que allí me presenté, en una luminosa tarde veraniega, con el pueblo abarrotado de la más variopinta fauna humana, y así dio comienzo una tarde especial, plena de buen yantar, mejor beber, simpatía, risas y esa clase de cosas que hacen que uno piense que, al fin y al cabo, la vida merece la pena, aunque solo sea por esos ratos. 

Pero pasemos al tema gastronómico, que me estoy yendo por los cerros de Úbeda. De entre los deliciosos platos que Mamen preparó para nosotros en aquella mágica e inolvidable tarde, un servidor quedó hechizado por una espectacular caldereta de cordero, un delicioso platillo que en varios momentos me hizo perder la moderación y el comedimiento. Para mí, fue la guinda de una tarde-noche que permanecerá indeleble en mi memoria. Un plato que hace que mi boca se curve en una sonrisa al recordar “La caldereta de Mamen en Sitges”. Como decía antes, Mamen me ha cedido los “trastos” para explicar la receta, y allá voy. Espero que sea tan especial para vosotros como lo fue para mí.

CALDERETA DE CORDERO MANCHEGA
INGREDIENTES:
1.       1 kilo de cordero, de costilla, falda o cuello, aunque también le podéis añadir algo de pierna.
2.       Pimiento. Rojo o verde. Uno mediano de cada.
3.       Un puñado de ajos sin pelar.
4.       Sal.
5.       Pimienta.
6.       Laurel, tomillo y romero.
7.       Un vaso generoso de vino blanco.

RECETA:

·         Sofreímos el pimiento y la cebolla en una sartén con un fondo de aceite de oliva virgen extra.
·         Añadimos la carne, el laurel, la sal y los ajos, previamente machacados con el dorso de un cuchillo.
·         Vamos removiéndolo todo, y cuando la carne comience a tomar color, como de estar ya un poco sofrita, añadimos el vaso de vino blanco.
·         Añadimos las hierbas, el tomillo, el laurel y la sal y dejamos que el guiso se cocine a fuego fuerte hasta que empiece a “chupchupear”.
·         Llegados a este punto, es el momento de bajar un poco el fuego y dejar que el vino se consuma, hasta que la carne quede en el aceite, con un toque caramelizado que nos va a hacer chuparnos los dedos.

Esta es, amigos, la receta que me hizo “rozar el Nirvana” en aquella especial e inolvidable tarde en Sitges. 
Me comenta Mamen que se le pueden añadir setas, espárragos, obviar el pimiento, añadirle tomate… De todas maneras, pura delicia manchega. ¡Que la disfrutéis!

Andrés Moreno


Gracias Andrés. Me siento muy halagada por contar con tu participación en este humilde rincón de mi cocina. Aunque siempre cuento con tu ayuda incondicional, me ha gustado la idea de que fueras tú quien presentara esta receta que tanto insististe en que te explicara. Aún recuerdo tu cara al probarlo y cómo disimulabas cada vez que ibas a coger más, como si te diera vergüenza repetir o "tripitir", jajaja. 
Lo cierto es que las redes te acercan a gente que se hace especial. Y esa tarde, disfrutamos los cuatro de lo lindo;  nos reímos, charlamos y por supuesto, comimos y bebimos celebrando el encuentro. 
Caldereta y Atascaburras, esos fueron los "manjares" con que se me ocurrió deleitaros, una comida muy de invierno, pero con identidad 100% manchega. Aún nos quedan más platos que probar, más risas que soltar y más encuentros que celebrar. Espero que éste fuera el primero de otros tantos. 
¡Hasta pronto!

Mamen

jueves, 23 de julio de 2015

QUIMCHIGÜELLINGTON DE CASA FLOW


Sí, no vale reírse. Pero he tenido que pedir ayuda para poner nombre a esta receta, porque cuando una tiene una idea en la cabeza, es machacona hasta el infinito y el Wellington era una asignatura pendiente en mi lista (que aún es bastante larga). Te pones a leer, a estudiar y la verdad, me parece que era un plato bastante aburrido para la enorme dinámica y trabajo que lleva. Así que lo fui dejando pasar, pero sin salir de mi cabeza.

Pero llega el momento en que tienes varias circunstancias juntas y ya no puedes abandonar; tienes el solomillo, tienes el hojaldre y tienes mil cosas en la nevera que pueden llevarte a hacer algo, que puede estar bien. Consultas al otro lado de la red y enseguida encuentras la respuestas: "lo veo". Es el último paso que te da la confianza de que no estás haciendo una locura incomible, sino algo que puede sorprender y tener éxito. Te lo planteas y te lanzas al vacío.

Pues algo así me ocurrió ayer mismo con esta receta. Y la culpa la tuvo el kimchi que me dejó Mikel Fernández de su paso por Flow Cooking en su taller de cocina coreana, que disfrutamos tanto. Después de dos meses y pico, el kimchi estaba en todo lo suyo y yo le había prometido darle un buen empleo. Un par de ensaladas y como guarnición, habían sido sus últimos usos. Pero me faltaba algo más digno que todo eso. Tenía que darle más protagonismo.

Lo normal en un solomillo Wellington es envolverlo en una farsa de setas con algo de foie y cubrirlo con algo más que el hojaldre. Además se hace con un buen solomillo de ternera. Confieso que he pecado mucho. Yo lo he desvirtuado casi del todo con un solomillo de cerdo y las setas brillan por su ausencia. En fin, me pongo manos a la obra y os cuento cómo lo hice.

INGREDIENTES; 

Una placa de hojaldre rectangular
Una pieza de solomillo, desgrasado y limpio de toda ternilla o fibra dura.
Kimchi
Cebolla picada
Jamón serrano cortado en finas lonchas
Paté de ibérico

ELABORACIÓN: 

Primero de todo, limpiar bien el solomillo de toda la grasa y fibras duras que lo cubren por algunos lados y reservar.

Escurrir bien el kimchi, eso si, el caldo que suelta me lo reservo, porque eso es un manjar. De hecho, vi a Angel León el otro día (el Chef del Mar) marinando atún con ese caldo. Una vez escurrido bastante el kimchi, para que no nos suelte caldo luego y humedezca el hojaldre, lo picamos bien y lo sofreimos junto con la cebolla. Cuando está bien sofrito, le añadimos tres cucharadas del paté de ibérico a las finas hierbas y lo dejamos enfriar.

Mientras, sobre papel film, colocamos los filetes de jamón. Se trata de envolver luego el solomillo con ellos, así que cubriremos toda la base de film. Encima extendemos el sofrito del kimchi. Como este suele ser de un sabor fuerte y algo picante, mirad de poner la cantidad que más se ajuste a vuestro gusto. Yo puse una buena capa, no muy gruesa, pero consistente. Quizá debí poner algo menos, porque en casa comentaban que picaba. Pero lo cierto es que pensé que como el solomillo de cerdo no es demasiado sabroso, le vendría bien un buen condimento.

Pues bien, tenemos sobre el film el jamón, el sofrito del kimchi bien extendido y sobre éste colocamos el solomillo. Ayudándonos del film, vamos envolviendo bien apretado el solomillo hasta cerrarlo y apretarlo cerrando el film por los lados. Lo dejaremos reposar una media hora en la nevera.

Mientras iremos precalentando el horno a 180º. Lo puse flojo porque se tiene que hacer bien la carne que va dentro, sin quemarse el hojaldre. Así que preparamos la placa y sacaremos el rulo con el solomillo del film para colocarlo sobre la placa y de nuevo lo envolvemos bien, sellándolo en las orillas según vuestra costumbre. Yo lo hice con un tenedor, igual que cierro las empanadillas, porque me quedaba bastante justo.

Pintar con huevo el hojaldre y espolvorear si se quiere con unas semillas de amapola. Al horno, flojito, para que se vaya haciendo despacio. Yo lo tuve unos 45 minutos y quizá debí sacarlo unos 5 o 10 minutos antes, porque me gusta un poco menos hecho. Pero reconozco que estaba bien jugoso y rico con ese tiempo.

Y nada más que sacar con cuidado de que no se rompa y partir, si podéis con un cuchillo eléctrico que os lo facilitará bastante y no se desmoronará la masa del hojaldre.

Espero que os guste. Es original pero creo que muy bueno. Solo os digo que hay que atreverse a hacer cosas nuevas y si no lo pruebas, nunca sabrás si te gusta.

Un afectuoso saludo a todos los que os acercáis a leer. Gracias.

Mamen













domingo, 31 de mayo de 2015

DUELOS Y QUEBRANTOS #CLM-GASTRO

Antes de entrar a hablaros de la receta, me gustaría presentaros el proyecto CLM GASTRO, a través del cual y por medio de blogeros y quién sabe si empresas, intentaremos difundir y dar a conocer la gastronomía de nuestra Región. Es por ello que hemos decidido arrancar con esta iniciativa, que consiste en que todos los participantes, publiquemos en el Día de Castilla La Mancha, una receta de nuestra tierra que recopilaremos en un libro digital y que está a disposición de quien lo quiera pinchando Aquí

Por mi parte, para elegir qué presentar, no tuve que pensar mucho. Siempre me ha atraído el nombre de este plato. En realidad, si soy sincera, no tenía ni idea en qué consistía, pero la receta que más me sonaba a manchega la tenía en la mente: "Duelos y Quebrantos". Lo recordaba del Quijote. Así que no me quedó más remedio que leer y estudiar para investigar porque estaba decidida a desvelarlo y sobre todo, a probarlo. 



"Los huevos son un plato de duelo judío – se servían y se han continuado sirviendo en los entierros -. El tocino ‘quebrantaba’ la ley, Aclaración técnica muy adecuada a la trasgresión por incumplimiento de la imposición dietética. 

Así que ‘duelos y quebrantos’, huevos judíos y chorizo cristiano, bailan adecuadamente." (Cita de Perceval quijote)  

Pero parece que en casa de Don Quijote, se aprovechaba también el tocino que quedaba de restos de otros guisos, las sesadas de las cabezas asadas y un poco de jamón del pernil para darle más solera a un plato que se comía los sábados, como un día señalado en que se cuidaba especialmente lo que se disponía en la mesa


Una vez aclarada la base de la receta, o lo que "no puede faltar", creo que lo demás se le puede ir añadiendo al gusto para hacerlo cada uno más particular o personal. Es por ello que yo me he tomado la libertad de hacerlo a mi libre albedrío y ponerle o quitarle (aunque yo de quitar soy poco) lo que me ha ido viniendo en gana, hasta dar con la receta que a mí me parece buena para dejar aquí y que podáis copiar si os apetece. 

Nos ponemos manos a la obra, que ya hace hambre con tanto hablar de comer.

INGREDIENTES (De mi versión particular): 

Dos sesadas
Cuatro chorizos
200 gs de panceta 
150 gs de jamón
Un manojo de porrines de ajo
6 huevos        
Sal
Un chorrito de vinagre

ELABORACIÓN: 


Para empezar, cortar y lavar bien los porrines. Yo los suelo dejar un ratito a remojo. Mientras, vamos cortando la panceta  a tacos pequeños, tres chorizos a rodajas y otro lo abrimos y sacamos toda la carne (para esto, es mejor que sean chorizos tiernos, por lo que podemos tener carne de chorizos y otro chorizo un poco más curado para las rodajas). El jamón se va cortando en tiras no muy finas, aunque también añadí  un poco cortado en taquitos muy pequeños. 

Las sesadas las preparo como solía hacer mi abuela, que las tenía un rato a remojo en agua para ir quitándole la sangre y la telilla que los cubre. Luego los pongo a hervir durante dos o tres minutos en agua con un poco de sal y vinagre (si quieres también le puedes añadir una hoja de laurel y unos granos de pimienta). En definitiva, se blanquean y se reservan.

Yo empiezo por poner en una sartén el chorizo y la panceta. Por supuesto, no le añado nada de aceite, porque ya son ingredientes grasos de por sí y tienen ellos todo el aceite que podamos necesitar. Una vez bien sofritos, lo retiramos dejando en la sartén el aceite que han soltado y sin dejar que se enfríe sofreímos los porrines de ajo, escurriéndolos bien para que no salte mucho el aceite. 

En realidad, me consta que esta receta no lleva los ajetes. Pero me apetecía ponerle un toque de verde. Primero pensé en pimiento, que no le debe ir nada mal, pero cuando vi los porrines, se me hizo la boca agua pensando lo ricos que estarían, y decidí incorporarlos al plato. 

Para freír los ajetes, no es necesario fuego fuerte, al contrario, más bien despacito y dejar hasta que se pongan tiernos. Entonces incorporamos el jamón que habíamos picado finito y el otro en tiras. Les damos a penas una vuelta y añadimos la panceta y el chorizo. Mezclamos todo bien sin dejar de dar vueltas y subimos un poquito el fuego. 


Echaremos los huevos y un poco de sal. Para el revuelto a mí me gusta echar los huevos enteros y removerlos en la sartén, mejor que echarlos batidos. Me apetece que se vea parte de clara y parte de yema, pero esto es una manía mía. Si queréis podéis batir los huevos como para tortilla y echarlos. También se puede. 

Cuando hemos dado la primera vuelta al huevo, echo las sesadas que teníamos ya blanqueadas y que previamente hemos cortado un poco y removemos mientras cuaja el huevo. Me apetecía encontrar de vez en cuando esa textura de la sesada, que, quien lo probó sin saber lo que era, se sorprendió por lo bien que le iba. 

No os olvidéis el pan porque esto es de esos platos de #TomaPanYMoja y buscar un buen pan casero, porque lo merece. 


Lo de la casquería tampoco es obligatorio. Ya os he comentado que la receta original lleva chorizo y huevo. Partiendo de ahí, lo que le añadas, ya es tu gusto, así que dale rienda suelta a tu gusto y haz tu propia versión de "Duelos y Quebrantos", como esta que he hecho yo. De todos modos, haced caso a Cervantes que, como bien dice: "Come poco y cena más poco, que la salud de todo el cuerpo se fragua en la oficina del estómago."

Espero que os haya gustado y desde aquí felicitar a todos los Manchegos en nuestro día. Un saludo!! 

Mamen

viernes, 13 de febrero de 2015

HAMBURGUESA PARA INNOGOURMET


Mi vida transcurre casi sin tiempo, y hay que ver qué abandonado tengo esto... Y me da un poco de pena, la verdad. Cada vez que escribo algo, me hago el firme propósito de volver más pronto para no fallar, pero es imposible. 

Llevar Flow Cooking adelante cuando una está sola para todo, se ha convertido en el principal eje en mi vida y no me deja apenas tiempo para publicar nada por aquí, porque lo que es cocinar, os aseguro que no he dejado de cocinar. Solo que ahora es para otras cosas y no es cuestión de andar parando para hacer fotos y luego publicar por aquí. 

No obstante, cuando me llamaron de Innogourmet para ofrecerme un pan de hamburguesas para preparar alguna cosilla, me picó el gusanillo y me apeteció volver a otras épocas en las que se publicaban bocatas todas las semanas, puntualmente. Aquella época fue muy buena, el blog estaba en pleno auge y fue muy productivo para mí. En realidad fue donde más me dí a conocer. 

Conseguí tener una buena colección de bocatas. Y no dudo que siga haciéndola crecer, porque soy muy fan del bocadillo de media mañana o para cenar y hay que ver el abanico tan grande que ofrece un buen pan relleno de lo que sea. 

Hoy vamos a darle una nueva oportunidad a este pan, que recuerda a los de antaño, y vamos a preparar una hamburguesa un poco más original, para que la probéis si queréis en casa, ya os digo yo que buena estaba buenísima, o, por lo menos, no quedaron ni las migajas. 

INGREDIENTES;

Salsa romescu
Hamburguesas 100% Vacuno
Queso provolone
Tomate natural
Orégano
Cebolla morada
Espárragos trigueros
Sal

ELABORACIÓN: 

La verdad, que la mami de Eva (Maruja) me había mandado un bote de salsa Romescu y me encanta. Ha quedado pendiente en mandarme su receta, porque le sale buenísima, así que cuando me la mande ya os lo compartiré para que no se pierda. Y como tenía y me parece una salsa bastante consistente (lleva tomate, ñoras, avellanas, ajos, sé que le ponen pan y galleta y alguna cosa más), se me ocurrió poner un poco en la base del pan (que previamente había tostado untado en un poco de mantequilla). No hay que poner mucha, sólo un toque para que le aporte sabor y quede jugosa la mezcla. 

La hamburguesa de vacuno la compré a hecha, al ser gordita, es mejor hacerla despacio. A fuego más bien bajo y dando varias vueltas, pero de todos modos, debe quedar tierna por dentro, aunque eso va en gustos. Hay a quien le gusta hecha del todo y entonces es mejor dejarla más tiempo. 

A parte, preparé el provolone. Este es un queso que funde mucho y que no tiene demasiado sabor. Por eso me gusta prepararlo rallando un tomate y colocándolo encima con un poco de orégano. Lo tapo y lo meto un minuto y medio en microondas. Cuando está bien fundido, tomo un poco, mezclándolo, pero sin remover, con el tomate del fondo y se lo pongo por encima a la hamburguesa. 

Sobre esta, dejo caer bastante cebolla morada, que había estado pochando a fuego muy lento durante unos minutos sin dejar casi de remover, hasta que quedara bien tierna. Quizá esta vez se me pasó un poquito, porque me gusta dejarla un poco más al dente. 

Y por último, un toque especial con espárragos trigueros. Los preparé escaldándolos durante 3 o 4 minutos en agua un poco salada y luego pasándolos por la plancha bien fuerte de fuego con un poco de sal, para que queden crujientes por fuera, pero tiernos por dentro. Sin duda un punto muy bueno que aporta un sabor especial al conjunto. 

Pues nada más que tapar con el pan (que ya os he dicho que le unté un poco de mantequilla y pasé un pelín por la sartén donde había asado los espárragos) y disponerse a disfrutar de un buen bocado. 

Ya me contaréis. Sin duda, un pan rústico que hacen a mano, como los de antes, que no tiene sésamo sino una fina capa de harina en la superficie. Me parece ideal para preparaciones como ésta, que no dudéis en pedir a Innogourmet


martes, 28 de octubre de 2014

GUISO DE CUELLO DE CORDERO CON ALCACHOFAS



Se ha terminado el verano (que no el calor, por cierto) y es momento de organizarse y coger ritmo y rutina. Y me he propuesto que cada vez que prepare alguna comida que merezca la pena compartir, no dejaré pasar tiempo y la publicaré cuanto antes, para que no queden en el olvido.
 
Esta receta hace años que la vengo preparando. Es de esas que hacía mi abuela (que tan buena herencia me ha dejado) y que en casa gusta mucho. Sólo hay que esperar a la temporada de alcachofas para prepararlo con la verdura fresca, porque gana muchísimo en sabor. Así que en cuanto vi las primeras de temporada en el mercado, enseguida me vino al paladar el recuerdo de este guiso. Sencillo, económico y muy muy bueno.
 
Mi abuela lo hacía con la parte del cuello de cordero porque decía que era muy sabrosa y a todos nos gustaba entretenernos rebañando los huesecillos. Es tierna y no sale nada cara. Y si el cordero es manchego, no os digo más... te chupas hasta los dedos.
 
Pues nada, acercaros al mercado y proveeros de buena materia prima, que vamos al fogón derechitos...
 
INGREDIENTES:
 
Medio kilo de Cuello de cordero (o algo más si se quiere)
4 o 5 Alcachofas
1 Cebolla mediana
2 Zanahorias
3 dientes de Ajo
20 gs de Harina
1 vaso de Vino blanco
Sal y tomillo
40 ml de Aceite de oliva.
 
ELABORACIÓN:
 
Ponemos a rehogar con algo del aceite la cebolla y un par de dientes de ajo. Salamos. Añadimos las zanahorias cortadas en rodajas y damos unas vueltas.
 
Aparte sofreímos el cordero sazonado con sal y el tomillo. Podemos rebozarlo antes un poco en harina, pero no es necesario, si queremos hacer el guiso un poco más ligero. No hace falta dorarlo demasiado. Lo vamos reservando.
 
Añadimos al sofrito de las verduras un par de cucharaditas de harina y la sofreímos bien hasta que esté dorada. Añadimos las alcachofas cortadas en cuartos (una vez quitadas las hojas más duras y pelado el tallo) y el cordero que teníamos reservado.
 
En la sartén de haber sofrito el cordero, me gusta poner un vaso de vino blanco, para que coja también los jugos que han soltado la carne. Luego lo echaremos sobre el sofrito y lo terminamos de cubrir con agua. Rectificamos de sal y dejamos a fuego medio unos 40 minutos.
 
Mientras cuece, freímos unas patatas rotas en abundante aceite bien caliente, hasta que estén doradas. Las añadiremos a la cazuela cinco minutos antes de terminar la cocción y espolvoreamos con perejil picado.
 
Dejarlo reposar un poquito antes de llevarlo a la mesa. El caldo se queda espesito y delicioso; de toma pan y moja, que digo yo.
 
Sencillo, ya os lo había dicho. Espero que os guste. ¡Hasta la próxima!
 
Mamen.


 

domingo, 25 de mayo de 2014

ALITAS DE POLLO CON KIKOS #ELASALTABLOGS

Este post me va a servir como aprendizaje. Con esta receta he aprendido que uno no se puede comprometer a lo que no va a poder cumplir. Es tontería que tengas muchas ganas. Si no se puede, mejor no obligarse.

Ya os he hablado más veces de el reto del Asalta Blogs. Es algo que me gusta mucho, siempre me ha parecido una iniciativa genial muy bien planteada y llevada a cabo gracias a Conxi del blog Gastroandalusí, en el que un grupo de blogueros gastronómicos asaltan, casi a punta de pistola, otro blog elegido y escogen una receta para realizarla y publicarla todos el mismo día y a la misma hora.

Pues bien, yo he estado unos meses sin participar por el parón que he tenido, pero cuando volví a escribir pedí a Conxi si podía incorporarme al reto y me dio carta blanca. La verdad, es un cielo y me dio mucha alegría.

Pero veo que no llego y como siempre, en el último momento escojo una receta casi sin pensar y me pongo al asalto de corre prisas. Y claro, a veces las cosas no salen como tu quieres...

Este mes el blog asaltado es el de Mara y se llama Mas dulce que salado. Es un blog muy muy cuidado y con un montón de recetas que, como su nombre indica, abarcan muchas más de dulce que de salado. Una pasada la cantidad de bizcochos que tiene. Bien podía haber elegido alguno. Pero mi torpeza con las masas y mi gusto más por lo salado que por el dulce, me hicieron que no pasara mucho más allá de los aperitivos en su índice. Y mira por donde, encontré una receta que a mis hijos les iba a encantar; un crujiente de pollo con kikos.


Me pareció muy divertido hacerlo y preparé unas alitas para hacer mi propia versión de la receta. He de deciros que salieron bastante buenas. Es algo original y sencillo de preparar. Pero sólo le encuentro una pega; no soy muy amiga de fritos y menos con tanto rebozado. Está bien para los niños un día que quieras preparar algo divertido y diferente. Pero a mi me da la sensación de que eso engorda un montón y como estamos en plena operación bikini, a penas hice unas pocas para los chicos y yo probé una nada más.

Luego, más tarde, y ya cuando el asalto estaba perpretado, me dí cuenta que hay otras muchísimas recetas que quizá merecen mucho más la pena que esta, pero bueno. Como os decía, me servirá de lección para otra vez tomarlo con mucho más tiempo y estudiar mejor lo que hacer.

Mara, me quedo por tu blog y ten por seguro que te voy a asaltar muchas veces más, esos bizcochos no van a quedar impunes.

Pues bien, vamos al grano, que en este caso es de maíz y que a todos nos gusta...

INGREDIENTES:

Alitas de pollo
Kikos fritos
Un par de huevos
sazonador de pollo
Aceite de girasol

ELABORACIÓN:


En primer lugar, creo que escoger alitas de pollo, en vez de tirar de pechuga como hizo Mara, no sé si fue una buena idea. Las alitas necesitan más rato de freidora y los kikos se pueden llegar a quemar. Así que primero las puse en el microondas unos 5 minutos antes de rebozarlas y después de ponerles un pelín de sazonador para pollo.  No les puse sal, porque los kikos también llevan.

El resto es bien sencillo; picamos bien los kikos (en el mortero, para que queden más irregulares los tozos). Pasamos por huevo batido las alitas y después por los kikos. Y luego las freímos en aceite bien caliente. Sacarlas sobre papel de cocina para que absorba el exceso de aceite.

Ya os digo; a mis hijos les gustaron mucho. Si os animáis, es un aperitivo divertido. Mara hizo brochetas con trozos de pollo y también tenían muy buena pinta. Es otra opción.

Bueno, otro asalto perpetrado. Espero el próximo tomarlo con más tiempo.